Mesoamérica: Agricultura             

 

Escultura olmeca La importancia de la agricultura en Mesoamérica:
En las primeras civilizaciones en todo el mundo, la invención de la agricultura trajo consigo la fuente de energía utilizada para sostener a los pueblos y crear la propiedad y el poder. En la práctica, casi la mitad de la actual población mundial vive directamente de la producción de alimentos. Pero, partiendo del poder que la agricultura otorga a la gente ¿por qué los granjeros cedieron la autoridad sobre sus vidas a dirigentes que exigían trabajo, impuestos y conscripción militar entre otras cosas? La relación entre los dirigentes políticos y las elites por un lado, y la gran mayoría de personas por otro, constituye una negociación constante en la civilización. Los dirigentes deben justificar de forma continua su autoridad proporcionando beneficios concretos o convenciendo al pueblo para que confíen emocional e intelectualmente en su papel. Normalmente, llevan a cabo lo último estableciendo y sosteniendo creencias y valores compartidos. En la Biblia, el profeta Samuel advirtió al pueblo de Israel que un rey les gravaría con impuestos, enviaría a sus hijos a morir en batallas y tomaría a sus hijas como criadas. Ellos de todos modos querían un rey, en primer lugar para consolidar las tribus militarmente y llevarles a la victoria sobre sus enemigos en Canaán. Por el contrario, el faraón del antiguo Egipto era considerado divino. El faraón era el responsable principal de la prosperidad de la agricultura, que mantenía mágicamente haciendo que el río Nilo creciera para irrigar y fertilizar los campos. Los faraones también pusieron en marcha proyectos de irrigación para extender la zona en la que crecieran los cultivos. Cuando el río dejó de crecer y la sequía cubrió el norte de África en el III milenio a.C., el gobierno de los faraones fue derrocado por las turbas hambrientas. Los gobernantes, por tanto, proporcionan un importante servicio a aquellos a quienes gobiernan. Aunque el pueblo pueda concederles ciertos poderes individuales, se beneficia del poder colectivo que otorga a sus gobernantes. Mientras se sostenga el poder colectivo, el pueblo sigue a sus dirigentes. Las antiguas civilizaciones de Mesoamérica (una región que corresponde hoy en día a México y a la mayor parte de Centroamérica) proporcionan un ejemplo más de cómo y por qué el pueblo cambia a sus gobernantes para mantener su forma de vida.

Alrededor del año 300 a.C. los valles secos y fríos y los bosques tropicales húmedos de la antigua Mesoamérica estaban moteados de granjas y pueblos. Los gobernantes habían presidido durante siglos los centros ceremoniales en las montañas y en los llanos. Desde la primera gran civilización de la zona, la olmeca (c. 1500-c. 600 a.C.) hasta sus civilizaciones sucesoras en las actuales repúblicas de México y Guatemala, la agricultura organizaba el trabajo social, determinaba la propiedad y generaba riqueza. El mundo mesoamericano era eminentemente agrícola. Su pueblo no sólo contaba con la agricultura para alimentarse, sino también dependía de los productos agrícolas para su comercio, relaciones e instituciones políticas. Los primeros gobernantes de Mesoamérica pretendían serlo por mandato divino, pero justificaban la existencia de sus gobiernos basándose en razones prácticas. Establecían redes comerciales e intercambios con iguales. Cuando la sequía o enfermedades de las plantas amenazaban con la escasez, el pueblo de Mesoamérica podría haber confiado en sus reyes para importar la comida que les permitiese sobrevivir. Y gestionaban la prosperidad agrícola enfocándola a programas públicos que creaban formas de producción mejores y más intensivas. El gobierno, con estas acciones, constituía una forma de reducir los riesgos inevitables que afrontaban los granjeros y sus cultivos.

Un mundo de granjeros:
Para entender el auténtico significado de las civilizaciones agrícolas que dominaron Mesoamérica, debemos entender primero qué tipo de campesinos las formaban, y cuáles eran sus cultivos principales. Pero ¿cómo podemos saber lo que cultivaban estos pueblos en épocas antiguas? Aunque las plantas han desaparecido hace mucho tiempo, los arqueólogos pueden detectar sus restos mediante varios métodos. Excavando zonas donde la gente vivía y cultivaba, los arqueólogos encuentran restos carbonizados de sus cosechas. Además, los análisis microscópicos de muestras de tierra tomadas de las excavaciones, pueden detectar el polen generado por especies concretas de plantas. En suma, algunas plantas producen minúsculos objetos minerales llamados fitolitos en el lugar donde crecieron. Estos minerales permanecen en la tierra donde pueden ser detectados más tarde. Con estos indicios, surge un 'menú' común de los principales alimentos de la región. Los mesoamericanos eran campesinos notables. Las plantas que cultivaban incluían no sólo las de uso corriente como el maíz, los frijoles, y la calabaza, sin también una amplia gama de otras verduras y frutas populares, como los tomates, los aguacates y la piña. Producían también una serie de plantas comestibles menos familiares, como el amaranto, una de las plantas favoritas de los aztecas y el mamey, un árbol frutal tropical. También cultivaban chiles, que es uno de los condimentos más ampliamente utilizado en todo el mundo hoy en día y una fuerte muy valiosa de vitaminas. Al igual que existía un menú común de comidas favoritas, también había un mercado común mesoamericano para los productos agrícolas comercializables. El algodón era un importante cultivo y se intercambiaba en toda la región en forma de ropa tejida y bordada. Semillas de cacao, utilizadas para hacer chocolate, eran domesticadas en los bosques de las tierras bajas y en las márgenes de los ríos en la península de Yucatán. El chocolate tenía tal demanda en todo el periodo, que la semilla del cacao constituía una moneda de cambio. Otros cultivos especializados, como el maguey, un cacto utilizado para hacer un tipo de cerveza, también eran objeto de comercio. En resumen, los mesoamericanos comercializaban los cultivos para intercambiar por productos no agrícolas tales como la obsidiana volcánico y las piedras preciosas verdes, utilizadas en decoración, joyería y como numerario.

Comida a cambio de cultura:
La enorme variedad y valor de las plantas que los mesoamericanos domesticaron permitió la fundación durante 3.000 años de civilizaciones soberanas. Las plantas no solamente alimentaron a las crecientes poblaciones y aprovisionaron su economía, sino que influían en lo que pensaban los mesoamericanos respecto al poder político y al orden social de la civilización. Conocemos esto por la imaginería vegetal, los símbolos de la lluvia y otros temas relacionados con la agricultura abundan en el arte público encargado por los reyes y otras elites. Los artistas y artesanos olmecas y de las civilizaciones que les sucedieron desarrollaron una magnífica muestra de imágenes y símbolos que no sólo ilustraron creencias religiosas sino que reforzaban estas creencias emocional e intelectualmente en la población en general. Los olmecas y los pueblos mayas de las tierras altas esculpieron grandes esculturas y estelas (piedras erectas que retrataban a sus reyes, dioses y escenas mitológicas). En las tierras bajas mayas modelaban y pintaban imágenes de los dioses y reyes en estuco y sobre los laterales de las pirámides y los templos. En todas las zonas de Mesoamérica, los artistas esculpieron pequeñas imágenes en piedras preciosas verdes, conchas y otros materiales. En suma, los alfareros modelaban, labraban y pintaban imágenes sobre vasijas de cerámica. Para comprender lo que significan estas imágenes, los arqueólogos buscan indicios al tiempo que buscan indicios en el suelo para determinar lo que cultivaban los mesoamericanos. Desentrañar el significado de las imágenes y los símbolos requiere vincularlos a las ideas. A veces las imágenes son directamente representaciones de fenómenos naturales, como gotas de lluvia cayendo de las nubes o representaciones del maíz. Pero los arqueólogos a menudo deben trazar una imagen o símbolo de un tiempo lejano para un símbolo similar utilizado siglos más tarde y cuyo significado es conocido por las declaraciones escritas o por las explicaciones orales recopiladas por los españoles. El dibujo que emerge de estas imágenes es el de una sociedad rica y compleja, dominada por la agricultura. Las antiguas civilizaciones de Mesoamérica eran, como cualquiera de las civilizaciones antiguas, grandes sociedades integradas por miles de individuos administrados por gobiernos formados por especialistas políticos, religiosos y militares. En el caso de los olmecas, y posteriormente los mayas de las tierras bajas, que emergieron en el 500 a.C. tras un largo período de desarrollo, tenemos la evidencia de que estos gobiernos estaban encabezados por individuos ejemplares llamados K'ul Ahaw (‘Señores Santos’). Estos gobernantes legitimaban su autoridad no sólo poniendo en marcha servicios reales para la plebe, tales como la seguridad militar y la administración pública, sino también apelando a las creencias religiosas y valores comunes que eran la justificación de que su autoridad era divina. Los reyes de la antigua Mesoamérica eran considerados seres mágicos o chamánicos, capaces de transformarse en jaguares, pájaros y otros seres sobrenaturales. Con esa forma, luchaban contra sus enemigos, ofrecían sacrificios a los dioses y hablaban con sus antepasados. Sin embargo, dada la importancia de la agricultura para estos pueblos, la tarea religiosa más importante de los reyes era asegurar que lloviera en su tiempo y que las cosechas prosperasen. La agricultura aparece de forma destacada en la mitología maya. Los mayas creían que el mundo había sufrido varias destrucciones y renovaciones. La última renovación, después de una gran inundación, la lograron los antiguos dioses, liderados por un dios llamado Hun-Ye-Nah (Un Maíz [revelado]), denominado asimismo Seis-Señor-Cielo. Este dios permitía que le sacrificaran los dioses de muerte para que pudieran renacer en forma de planta de maíz. La Señora-Diosa-Blanca, la diosa madre, modeló la carne de los primeros seres humanos a partir de la pasta de las semillas de Un Maíz. Sin embargo, el origen de su mundo se debía directamente a uno de sus más importantes cosechas y alimentos. A través de la historia de la civilización, los soberanos mayas se autorretrataron como este dios y su compañero, Chac, el dios jaguar de la lluvia y de la guerra. Utilizando este sistema de creencias compartidas, los reyes mayas legitimaban además su autoridad. Aunque los mayas no sólo se dedicaban a la agricultura, sino que usaban las experiencias diarias de siembra, recolección y preparación de la comida como sus más sagradas metáforas para el poder religioso y político.

Las montañas de la creación:
Incluso las grandes pirámides mayas, decoradas con elaborada imaginería religiosa, están directamente ligadas a la agricultura. En un episodio de la historia de la creación de los mayas, el dios Un Maíz renace retoñando sobre una montaña sagrada. Las tierras altas mayas tenían montañas reales, algunas de las cuales eras volcanes majestuosos. Estas montañas, por otra parte, estaban distantes de las tierras bajas mayas y solamente se llegaba a ellas después de largas jornadas a través de espesos bosques. De este modo los mayas de las tierras bajas construyeron montañas artificiales casi con la forma de pirámides sagradas, que son llamadas literalmente 'montañas' en los glifos mayas. Había montañas de alimento, a las que se referían como 'montaña de auténtico maíz verde'. Había montañas desde las que las almas eran traídas del mundo de los dioses y antepasados para nacer en este mundo. Sobre todo, sin embargo, los mayas utilizaban sus pirámides y los templos elevados como lugares donde coronaban a sus reyes y sitios donde los reyes intentaban comunicarse con dioses, sacrificaban a sus enemigos y bailaban con las reinas, las cortesanas y sus vasallos en las grandes fiestas públicas. Los campesinos mayas de las tierras bajas construyeron plataformas de estuco como lugares de adoración desde al menos el 700 a.C., durante el apogeo de la civilización olmeca. Durante dos siglos construyeron grandes pirámides de 18 m de alto, en centros ceremoniales en los bosques escondidos del norte de El Petén (Guatemala), en lugares que ahora se llaman Nakbe, Guiro y Tintal. Pero el mayor centro de estos en la región era El Mirador, fundado probablemente en el 500 a.C., pero la mayoría de sus pirámides fueron construidas entre el año 200 a.C. y el 200 de nuestra era. El Mirador era la mayor y probablemente la más poderosa capital religiosa y política de toda Mesoamérica entre el año 200 a.C. y el año 100 de nuestra era. El mayor grupo arquitectónico de El Mirador es El Dante, de 300 x 250 m en su base, y que se eleva en una serie de inmensas plataformas y pirámides hasta una altura de más de 60 m. El Dante mira hacia el oeste, en dirección a otra gran pirámide, El Tigre, a unos 2 km de distancia. Con unas dimensiones de 126 x 135 m en su base y 55 m de altura, El Tigre es seis veces más grande que la pirámide más alta de la gran capital maya de Tikal, que floreció mucho después. Alrededor de estas grandiosas pirámides de El Mirador hay más pirámides y decenas de palacios y templos. Los mayas en ocasiones llamaban a sus pirámides casas mágicas, haciendo referencia a un dios que jugaba un papel fundamental en la historia de la creación. El origen de la magia de Un Maíz era un dios llamado Itzamná (‘casa mágica’), que le ayudaba a renacer a través de una muerte sacrificial. Este antiguo dios a veces adquiría la forma de un guacamayo escarlata conocida como Itzam-Yeh (‘donador de magia’). (La palabra que significa mágico, Itz, designaba también a la lluvia y al dulce néctar de las flores, imágenes de las almas para los mayas. De este modo, Itzam-Yeh traía el poder de la lluvia y abría el camino para que las almas se reencarnaran). Durante el último periodo en la crisis de la civilización maya, este mismo guacamayo decoraba los templos y los sepulcros que utilizaban los reyes para sus coronaciones y otras ocasiones importantes. Estos templos y sepulcros de la última etapa eran llamados Itzamná y también Kunil (‘casa de los conjuros’). Eran lugares donde los reyes ponían en práctica sus poderes sobrenaturales. De este modo, por tanto, los templos de la era anterior fueron utilizados de la misma manera en las posteriores. Los templos mayas más antiguos estaban también decorados con máscaras gigantes, que representaban a los jaguares de la guerra y la lluvia. Que las guerras pudieran ser provocadas por la ausencia de lluvia puede resultarnos una idea extraña, pero para los mesoamericanos no lo era. De hecho, la relación entre la guerra y la lluvia se remonta a los olmecas, que modelaban esculturas que representaban a los reyes como jaguares mágicos desmembrando a sus enemigos, en un caso mientras la lluvia caía del cielo. El sacrificio humano, por tanto, era la conexión. Los mesoamericanos practicaban el sacrificio humano para que lloviese y con otros propósitos sagrados desde por lo menos el tiempo de los olmecas. Las víctimas más importantes que se sacrificaban, eran sin embargo nobles enemigos capturados en combate. Los dirigentes políticos locales actuaban como chamanes que traían la lluvia nutricia; los dirigentes de los enemigos que también actuaban como chamanes, eran a menudo acusados de traer la sequía y la enfermedad. El sacrificio por tanto no sólo era ofrecer una vida preciosa a los dioses, sino una forma de neutralizar la magia diabólica del enemigo. La guerra, por tanto, podía precipitarse debido a fenómenos que ocurrían naturalmente y por la necesidad de controlarlos para el beneficio de la agricultura.

Obras públicas:
Si los reyes mayas eran la encarnación espiritual de las cosechas vitales y la lluvia, también sostenían a sus pueblos de modos más prácticos, como ocupándose de la construcción de obras públicas. En Cerros, una ciudad y centro ceremonial que se encuentra en el actual Belice, los habitantes cavaron canales y diques de drenaje para administrar el agua de lluvia y mediante un sistema de depósitos. Estos depósitos permitían que la gente permaneciera en la zona durante la estación seca cuando escaseaba el agua potable. En las cercanías de Cerros, se construyeron terrazas sobre las tierras pantanosas y se regaban los cultivos mediante diques y acequias. En otras zonas de las tierras bajas, como en Edzná, en Campeche, los mayas crearon canales muy grandes que se extendían a lo largo de centenares de metros. Estos proporcionaban agua para beber y para regar. En el centro de la península de Yucatán, en El Mirador, cerca de los pantanos se extraían ricas tierras negras que los granjeros utilizaban para crear campos productivos y jardines en las tierras más altas de la ciudad y de la zona cercana. En la ciudad de Tikal, el pueblo represaba con drenajes naturales en las colinas del centro de la ciudad para crear una serie de cisternas. Y en las ciudades construidas sobre colinas, como Caracol, en Belice, se levantaron docenas de kilómetros cuadrados de terrazas alrededor de las casas de los habitantes, y se usaron como jardines.

Los últimos periodos mayas:
Los primeros mayas de las tierras bajas establecieron una civilización enormemente próspera. Construyeron centros y ciudades en todas partes, desde las lejanas llanuras del norte de Yucatán a los profundos bosques del sur en El Petén y en las colinas y montañas de Guatemala y Chiapas. Durante el final de esta primera etapa, los mayas construyeron pirámides más grandes que las que construirían después. El avance más significativo de la sociedad maya, sin embargo, fue la proliferación de la escritura pública sobre los monumentos y edificios y la creación de un importante arte en torno al año 200 de nuestra era. Y con la escritura llegaron algunas instituciones nuevas e innovadoras, en particular las dinastías reales. Estas aportaciones marcaron el fin de una era y el principio de otra. Los reyes de épocas anteriores eran claramente poderosos y seguramente se las arreglaron para que sus hijos les sucedieran. Pero las reglas formales para la sucesión dinástica aparecen al mismo tiempo que los primeros textos públicos. Las dinastías reales, traspasando el poder por línea masculina de generación en generación, crearon oportunidades de fortalecer alianzas entre las familias reales y los reinos. También propiciaron oportunidades para hacer duradera la enemistad. A lo largo del último período, las tierras bajas mayas se vieron gradualmente implicadas, durante mucho tiempo entre miembros de dos grandes alianzas con conflictivas ambiciones imperiales. El estudio de este período ha planteado a los investigadores preguntas difíciles. ¿Desbarataron los conflictos armados la agricultura que proporcionaba alimentos y relaciones comerciales a los reinos? ¿O fueron los periodos de sequía y hambre los que propiciaron las guerras en busca de víveres y tributos? Cualquiera que sea la combinación de circunstancias, la civilización desapareció en grandes zonas de las tierras bajas en el siglo IX d.C. Y con el final de la civilización llegó la caída de la producción agrícola sostenible. (David A. Freidel)


Home | Menú Principal | Indice Documentos | Clásicos | Mitología | Creación | Grecia ]