Winkelmann y el inicio de la arqueología:
Cuando visitamos nuestros museos y admiramos las amarillentas hojas de papiro medio destruidas y roídas por el transcurso de los siglos, fragmentos de vasos o planchas con relieves, capiteles de columnas adornados con raras figuras y signos, o jeroglíficos y textos de escritura cuneiforme, nos damos cuenta de que hay hombres que saben leer estos signos igual que nosotros leemos un periódico o un libro. Pero ¿valoramos acaso la riqueza de ingenio que hubo que emplear para desentrañar el misterio de tales escrituras y descifrarlas en estos idiomas que ya no escribía ni hablaba nadie en la época en que la Europa Septentrional aún era un país bárbaro?

Pompeya. Casa del Fauno Quimera de factura etrusca

Reflexionemos: ¿cómo ha sido posible dar un sentido a tales signos muertos? Lo mismo sucede cuando, hojeando las obras de nuestros historiadores, leemos la historia de los antiguos pueblos, cuya herencia portamos en fragmentos de nuestro idioma, en muchas de nuestras costumbres, en las obras de nuestra cultura y en nuestra sangre común, aunque su vida haya transcurrido en regiones remotas, y esté sumida en la noche más oscura. Y sin embargo leemos las historia, no leyendas, ni cuentos, sino cifras y fechas; nos enteramos de los nombres de sus reyes, sabemos cómo vivían en la paz y en la guerra, cómo eran sus casas y sus templos; tenemos noticia de su encumbramiento y su decadencia, de sus años, meses y días, a pesar de que ello sucediera cuando nuestro calendario aún no existía. ¿De dónde se han sacado tales conocimientos, la exactitud y la seguridad de estos datos históricos? (Ceram)

Una obra de influencia decisiva para la arqueología fue la Historia del Arte en la Antigüedad, de Winkelmann. En ella enuncia con ingenio conocimientos básicos y describe la evolucion del arte antiguo. En su obra posterior Monumento antichi inediti (1767) proporciona un sistema de recursos científicos que se convierte en pauta para la interpretación y explicación de las esculturas. Liberaba el método de los prejuicios filológicos apartándose de la tutela de los antiguos historiadores con aura canónica. Mientras ocupaba el cargo de Inspector-Jefe de todas las antigüedades de Roma y sus alrededores visitó Pompeya y Herculano. Se enfrentó abruptamente con los usos de los expertos en arte de su época. A pesar de que abrió un camino muy fecundo, muchas de sus afirmaciones eran erróneas debido a su visión idealizada de la Antigüedad y al escaso número de obras disponibles para su estudio. Antes de la ordenación sistemática de los hallazgos en los museos arqueológicos las obras estaban muy dispersas en manos privadas o incluso fragmentadas.

Pompeya y Herculano:
Destruidas por una erupción del Vesubio en el año 79. En Pompeya un cambio de viento provocó la llegada de una enorme nube de cenizas ardientes que atrapó a la mayoría de la población, confiada en exceso por eventos precedentes inocuos. Comenzó con una fina lluvia de ceniza que uno podía sacudirse fácilmente. Más tarde un lapilli tipo pedrisco se volvió un poco más molesto. Cuando caían trozos de piedra pómez de muchos kilos de peso la gente se refugió bajo techo. Aparecieron luego vapores de azufre que penetraban por todas partes e impedían respirar. Se preservaron algunos frescos notablemente intactos, tanto privados como públicos, que suministran información sobre la vida cotidiana y sus festivales. Algunos, como los del burdel pueden incluso parecer demasiado explícitos. Paseando por sus calles podemos contemplar casas, tiendas, el teatro, la escuela de gladiadores, los foros y los mercados. Al más modesto pueblo de Herculano acudían los romanos de vacaciones. Sobre el pueblo cayó un repentino alud de fango que siguió a unos extraños torrentes de agua que corrían por las calles. Sólo se ha excavado una cuarta parte del yacimiento. Se pueden ver bañeras de metal, un calentador en los baños comunitarios, una lista de precios pintada, publicidad de vinos y un restaurante de comida rápida. Las tiendas y las casas estaban pintadas de colores vivos. Cuando se reanudaron las excavaciones en el siglo XVIII se emplearon métodos muy primitivos que merecieron una dura crítica de Winkelmann.

Relieve Arco de Tito Ara Pacis Zeus Laocoonte. Encontrado en Roma en tiempos de Julio II

Torre Annunziata:
Puerto marítimo a la sombra del Vesubio. En 1842 se descubrieron los restos de tres edificios y se identificaron gracias a un mapa de carreteras romanas del siglo XIII como la aldea de Oplontis. Incluía una casa de baños, una villa rústica repleta de víctimas de la erupción y un tesoro de monedas de oro y joyas. Se trataba de una enorme mansión residencial perteneciente a la familia imperial. Se cree que perteneció a Poppaea Sabina, la amante esclava de Nerón. Los detalles lujosos que posee son largos caminos con columnatas, los trompe l'oeil y frescos decorativos con perspectivas en las salas. Además de la parte señorial, la villa se compone de aposentos de los sirvientes y la zona de producción donde se administraba la finca.

Los escritos que conservamos de Heródoto son una fuente fundamental de referencias a obras de arte, fechas y creadores. La importancia del hallazgo de un objeto arqueológico muchas veces no está ligada a su belleza o espectacularidad.