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Primo de Rivera despachando con Alfonso XIII El desastre de Annual:
La penetración española había alcanzado los 130 Kms. hasta Buy Meyan y Annual. La Comandancia Militar de Melilla disponía de unos 25.700 efectivos, al menos sobre el papel (algunos de estos efectivos figuraban en los estadillos de las unidades con el único fin de generar devengos). Estos efectivos, que en principio, pudieran parecer suficientes para someter el territorio, en la práctica constituían un cuerpo enfermo, que adolecía de graves carencia, tanto de índole militar, como administrativas y políticas. El ejercito se hallaba disperso en un total de ciento cuarenta y cuatro posiciones, los blocaos, la mayoría de los cuales se encontraban guarnecidos por un total de entre doce y veinte hombres. Aunque algunas posiciones como Batel, Dar Drius, Buy Mellan o Annual, sobrepasaban los ochocientos. Las unidades tipo regimiento, también adolecían de graves defectos estructurales, estas se encontraban igualmente dispersas sin formar un todo. A veces entre una compañía y otra del mismo regimiento podía haber Kms. de distancia. Esto se materializaba en una carencia de jefes naturales. Esta falta de mandos naturales otras veces estaba producida por la simple ausencia física de estos, que se encontraban Melilla, con motivos justificados o no, o bien por encontrarse de permiso oficial en la península, como ocurrió con muchos de ellos los días 22 y 23 de Julio, tal y como queda acreditado en el Expedienté Picasso (Sumario de responsabilidades para esclarecer los hechos que dieron lugar al Desastre). La ubicación de los blocaos era inapropiada, se construían, atendiendo a criterios políticos y no militares. Otras veces serán los propios nativos quienes soliciten y obtengan la creación de un blocao en el lugar por ellos designado, alegando la necesidad de protección frente a otras cábilas (tribus) no afectas a la causa española. Al producirse el desastre, estas pequeñas posiciones, quedaran irremediablemente perdidas, al quedar sumergidas en un océano hostil, incomunicados entre ellos, sin posibilidad de ser socorridos y muchas veces sin acceso a una fuente de agua.

Defectos de las unidades:
En lo político, se evitaba que el soldado europeo entrase en combate, pues las esquelas eran muy mal asumida por la opinión pública española y el fantasma de la Semana Trágica, quitaba el sueño a la clase política. Por lo que el peso de la campaña recaía sobre las tropas nativas, los regulares y la policía indígenas.Por lo general mal escogidos, tanto en su oficialidad (generalmente europea), como en su tropa. Según las conclusiones del Expedienté Picasso. Lo que se traducía en un soldado mal adiestrado y bajo de moral. Al producirse la deserción masiva de las tropas indígenas, que se pasaron al enemigo, el caos fue total y el terror, se apodero del soldado español. Otro grave problema, era la corrupción casi generalizada en todo el ejercito y que iba desde el oficial que teniendo un sueldo de 500 pts al mes (éste era el sueldo de un capitán en 1.921) tenía unos gastos de 15.000, hasta el recluta que vendía su munición a los futuros enemigos.

El precedente de Abarran:
El 1 de Junio los españoles ponían cerco a Abarran en territorio Temsamaní, esa misma tarde la policía indígena se amotinó, atacando a las fuerzas europeas de su misma columna, de los 250 efectivos europeos, 179 fueron muertos incluido el capitán Salafranca, jefe de la posición. Abarran tras ser tomado sin oposición quedo cercado sin poder ser socorrido. Ese mismo día Sidi Dris en la costa tambien fue atacado, si bien pudo resistir gracias al auxilio de la Escuadra. Las bajas españolas entre muertos y heridos rondaron el centenar. Estos hechos, fueron interpretados por el mando español, no como el prólogo de lo que había de suceder, sino como un episodio aislado, un traspiés, de los que todas las potencias coloniales habían tenido alguna experiencia. Esta fue la idea que el General Silvestre transmitió a Berenguer, su superior, a bordo del crucero Princesa de Asturias, en la entrevista que ambos celebraron en aguas de Alhucema el 5 de Junio.

Primeros ataques:
El 17 de Julio, las harkas (partidas de guerreros) de Beniurriaguel, Ammart, Beni Tuzin, Gueznaya, Targuit y Ketama, lanzan un repentino ataque a lo largo de toda la línea española. Mientras tanto Berenguer, declaraba al diario El Sol, que la pacificación de Marruecos se realizaba con éxito y que no era menester el envío de nuevas tropas. Por su parte el informe mensual de Silvestre a Berenguer, solo llevaba información rutinaria. Berenguer sólo se percató de la situación real cuando el 19 de julio, recibió el primero de una serie de telegramas angustiosos, pidiendo refuerzos, un ataque de distracción de la Armada en Sidi Dris y apoyo aéreo. Igueriben había quedado cercado, sin posibilidad de socorro, una columna de 3.000 hombres que pretendían liberar a los sitiados, había sido frenada sin conseguir su objetivo, perdiendo 152 hombres en dos horas. La sed torturó a los sitiados, primero bebieron el jugo de las latas de conserva, después la tinta de los escribientes, y finalmente la propia orina, en la que disolvían azúcar y refrescaban al relente de la noche. Como en tantas otras posiciones, no se había tenido en cuenta la localización del agua, la fuente más cercana estaba en Annual a 5 Kms. De los 800 hombres que componían la guarnición, la mayoría fueron pasados a cuchillo, incluido el heroico Comandante Benitez, jefe de la posición. Sólo 25 supervivientes llegaron a Annual, de los que 16 murieron más tarde víctimas del agotamiento y el chock que muchos sufrieron al beber de golpe gran cantidad de agua.

Evacuación de Anual:
La caída de Igueriben, convirtió a Annual en una posición indefendible. Silvestre convoco a sus oficiales en asamblea, las municiones escaseaban y se acordó la evacuación. A las 4,55 horas del día 22 Silvestre mandó un último telegrama, anunciando que se replegaba hacia Ben-Tieb, si le era posible. Iniciada la retirada, pronto se produjo la desbandada en el ejercito, la disciplina militar, dejo sitio al "sálvese quien pueda". En la tormenta, sucumbieron Silvestre, el Coronel Morales (Jefe de la Policía indígena) y el resto del Estado Mayor. Las dudas sobre el final del General aun no se han despejado, según unos murió en la batalla, según otros se suicido. Personalmente, pienso que se suicido, así me lo hace pensar, tanto las declaraciones de varios testigos, que aseguran haber oído un disparo dentro de la tienda donde se encontraba el general al empezar la evacuación, como el carácter del propio general, Silvestre prefería la muerte al deshonor. Abd-el-Krim honró la memoria del coronel Morales, entregando su cuerpo a los españoles, sin exigir rescate. Entre ambos existió una amistad, de cuando Abd-el-Krim era subordinado de Morales en la Oficina de Asuntos Indígenas. La avalancha humana, se derramó por el desfiladero de Izumar, los moros solo tenían que disparar como en una caseta de feria contra la aterrada desbandada. Cuando los escasos supervivientes contactaron con la retaguardia, el pánico se extendió, tanto por la evidente desmoralización de los derrotados, como por los horrores que contaban. La derrota de Annual, provocó la defección del resto de la cábilas, que hasta ese momento eran afectas a la causa española, y que se unieron a los rebeldes espoleados por la idea de venganza y las ansias de botín. Los pequeños blocaos, quedaron sumergidos en un mar de enemigos. Mercaderes, soldados, colonos, todos huían en dirección a Melilla. Los enfermos, los agotados, eran abandonados a la furia de los cabileños. Las posiciones de Buy Meyan, Izumar, y Yebel Ubdia fueron barridas. En Ulad Aisa, Dar Haes Busian y Terbibin, las guarniciones fueron asesinadas. La guarnición de Dar Quebdana, negoció la capitulación, tras la entrega de las armas, fueron descuartizados con toda crueldad. La de Timyast y Sidi Abdallah huyeron hacía Tizi Johoren, pero todos fueron abatidos en la huida. Los supervivientes de Ras Tikerman, Tisingar y Ain Mesanda, escaparon en dirección a Sbush Sbash, donde muy pocos sobrevivieron al posterior ataque rifeño. En Kandusi, Buhafora, Azru e Ishafen, no hubo supervivientes. Las tropas indígenas en Yart el Bax, después de degollar a sus oficiales, se pasaron al enemigo. En Ben Tieb, la guarnición después de destruir el polvorín huyó a Dar Drius, donde el General Navarro, 2º en el mando intentaba organizar las aterradas tropas que de todas partes acudían. Navarro sopesó la posibilidad de resistir en Dar Drius, pero en vista de las condiciones físicas y mentales de los que se unían a sus fuerzas, decidió retirarse en dirección a Melilla, de donde debería llegar el socorro, si llegaba, fatal error. Pues en Dar Drius, hubiera podido alcanzar la costa, donde hubiera podido recibir socorro de la armada. General Navarro - 2º Jefe de la Comandancia Gral. de Melilla. General Berenguer. Alto Comisario

Cargas de los Cazadores de Alcántara:
El 23 de Julio, Navarro inicia su periplo a través de la llanura de Garet, Batel, el 27 Tistutin, para llegar el 29 a Monte Arruit. En esta retirada se destacó el regimiento de caballería, Cazadores de Alcántara, que realizo varias cargas al sable, chocando con la caballería enemiga de Metalsa, ahora protegiendo los flancos de la riada de cadáveres vivientes en que se había convertido la columna de Navarro, ahora protegiendo la retaguardia. Así combatieron los cazadores de Alcántara, hasta el total extermino del regimiento. Sin caballos y casi sin efectivos, Alcántara dio su última carga a pie. Su jefe el Tte.Col. Fernando Primo de Rivera (primo del que seria dictador), moriría en Monte Arruit, víctima de la gangrena después de habérsele amputado en vivo un brazo. El regimiento Alcántara, recibió por ésta acción la Laureada Colectiva. De los 695 efectivos (presentes) del regimiento, sólo quedaron 70 heridos y 5 prisioneros. También destacó en ésta acción el capitán Arenas, en torno a su persona se fue formando una fuerza de soldados de diferentes unidades, ingenieros, sanitarios, artilleros, infantes, que no estaban dispuestos a dejarse matar sin combatir, eran la excepción. Arenas cayó mortalmente herido por un francotirador en las proximidades de Monte Arruit. Sus hombres llevaron su cadáver hasta Navarro exigiendo para él la Laureada, que le seria concedida a título póstumo. Targuesit cayó el 23. La guarnición de Sidi Dris consiguió abrir una brecha para llegar a los buques de la Armada que habían acudido en su socorro. Sólo unos pocos lo consiguieron. Más suerte tuvieron los de Afrau, que al estar en la costa pudo ser evacuado por mar. El destacamento de Zoco El-Telata de Metalsa, consiguió llegar a la zona francesa, aunque sólo un tercio de los efectivos llegó ileso.

Caída de Nador:
El 2 de Agosto cayó Nador, esto sentenciaba Zeluan y Monte Arruit. Zeluan caía el 3 y más de 500 persona fueron brutalmente asesinadas. El Cptan. Carrasco y el Tte. Fernandez, sufrieron uno de los suplicios que los rifeños daban a los prisioneros. Fueron amordazados y atados juntos, tiroteados y finalmente quemados vivos delante del resto de los prisioneros. Navarro se fortificó en Monte Arruit, negándose a abandonar a los heridos, sentenció a muerte a los suyos. Las fuerzas de Navarro se hallaban tan abatidas, que no podían ser considerada una fuerza combatiente. De nuevo se repite la tortura de Igueriben, la sed, el manantial más cercano, está a 500 m. fuera de la protección de los muros. Las compañías se sortean la mala fortuna de tener que hacer las aguadas. El agua, siempre el agua, que se cambia por sangre, finalmente, se dejan de hacer las aguadas, el enemigo cierra el cerco de tal forma que ya no hay manera de hacer una miserable incursión de 500 metros. Se intenta el abastecimiento desde el aire, aviones procedentes de Melilla, arrojan bloques de hielo, sacos de pan y municiones, pero las municiones quedan inservibles, el impacto deforma las vainas, que ya no se pueden utilizar, el hielo y el pan caen casi siempre en el campo enemigo.

Rendición:
Navarro es autorizado a rendirse, lo que hace el 9 de Agosto, de conformidad con lo pactado los españoles entregan las armas, tan pronto como lo hicieron, los rifeños comienzan la matanza. El gral. Navarro junto con seiscientos hombres según David S. Woolman, bastantes menos según otros autores, fueron hechos prisiones, otros dos mil quinientos quedaron para pacto de los carroñeros, "los buitres sólo comían de comandante para arriba" dice Manuel Leguineche, poniéndolo en boca de uno de los testigos del Expte. Picasso. Tras la caída de Monte Arruit, sólo quedaba Melilla, a la que confluían riadas de refugiados y sobrevivientes del ejército aterrorizado, muchos con las facultades mentales perturbadas. Sólo la cábila de Beni Sicar, permaneció leal a España. Su Caid; Sidi Abdelkader, demostró ser un fiel aliado y un hombre de palabra, reteniendo las alturas del Zoco El-Had en manos amigas, su defección, hubiera sido fatal para la plaza, pues desde Zoco El-Had, las primeras líneas defensivas de Melilla quedaban enfiladas a tiro de fusil. Hace algunos años el Consistorio Municipal puso el nombre de calle de Sidi Abdelkader a la antigua calle de Arturo Reyes en el centro de la ciudad, una de las principales. | usuarios.lycos.es/Belfegor/desastre.htm


Marruecos y la Semana Trágica (Barcelona 1909):
El desastre colonial de 1898 alimentó el pacifismo generalizado de la clase obrera e hizo que, a diferencia de Francia o Gran Bretaña, Alemania o Italia, España no pudiera valerse de aventuras imperialistas para desviar la atención de los conflictos sociales que existían en el país. El enredo de España en Marruecos era visto por el pueblo como una empresa personal estrecha del Rey y de los propietarios de las minas de hierro. En 1909 el gobierno del conservador Antonio Maura, presionado tanto por militares allegados a Alfonso XIII como por los inversores en las minas, envió una fuerza expedicionaria con la misión de ampliar el territorio español en Marruecos de forma que abarcara una serie de importantes yacimientos de minerales. Numerosos reservistas, principalmente hombres casados y con hijos, fueron llamados a filas y embarcados en Barcelona. Mal preparado y mal pertrechado, el Ejército español fue derrotado por las tribus del Rif en la batalla de Barranco del Lobo. Hubo manifestaciones contra la guerra en Madrid, Barcelona y las ciudades con estaciones de ferrocarril desde las cuales los reclutas partían con destino a la guerra. En Barcelona se declaró una huelga general el 26 de julio. El capitán general de la región decidió tratarla como una insurrección y proclamó el estado de guerra. Se levantaron barricadas y las protestas contra el servicio militar obligatorio desembocaron en disturbios anticlericales y quema de iglesias. El movimiento fue sofocado empleando la artillería. (Prescot)


Las cargas de los Cazadores de Alcántara:
Sobre la tragedia que siguió a la alegre ofensiva del general Manuel Fernández Silvestre cuando en el verano de 1921 pretendió expandir la presencia española en el Rif [...] En medio del espanto que se desencadenó cuando lo que pretendía ser una retirada ordenada y gradual se trocó en anárquica desbandada, aquel episodio también nos ha legado un impresionante ejemplo de abnegación, coraje y sacrificio [...] [El 01/06/2012 se otorgó la Cruz Laureada de San Fernando al regimiento de caballería Cazadores de Alcántara] en medio de la tenebrosa degollina de miles de españoles, representaron aquellas cargas, sable en ristre, picando espuelas, montaña arriba. La misión de los seis centenares largos de jinetes que componían el regimiento comandado por el teniente coronel Fernando Primo de Rivera consistía en proteger el repliegue escalonado de la infantería cercada en Annual hasta la posición de Monte Arruit, próxima a Melilla. Pero el pánico desatado entre las tropas al verse diezmadas por las harkas rifeñas que, en número muy superior, acechaban apostadas tras las lomas de las montañas, hizo inútil todo intento de organizar el flujo humano por aquellos desfiladeros sembrados de cadáveres. Fue entonces cuando Primo de Rivera, hermano del futuro dictador, tomó la decisión de convertir a sus escuadrones en señuelos que distrajeran la atención y capacidad de fuego de las hordas de Abd el-Krim, arremetiendo quijotescamente contra ellas, pese a la desventaja del terreno, para que sus inermes y exhaustos compañeros tuvieran una oportunidad de escapar, arrastrando a sus heridos. «La situación, como ustedes pueden ver, es crítica. Ha llegado el momento de sacrificarse por la Patria, cumpliendo la sagrada misión del Arma. Que cada cual ocupe su puesto y cumpla con su deber». En la documentación anexa al llamado Expediente Picasso han quedado testimonios espeluznantes que acreditan que en efecto «lucharon como leones». Las contumaces cargas de aquellos escuadrones embistiendo en disciplinada formación hacia las crestas, en las que un enemigo con reservas humanas inagotables aguardaba parapetado en casas y chumberas, desbordan en mérito y heroísmo muchos episodios similares glorificados hasta la saciedad en la literatura y el cine. Los relinchos de los caballos, sus espumarajos jadeantes, los sables ensangrentados… aquí el teniente Font de Mora que ha perdido su montura, jactándose de haber ensartado a un cabileño desde la grupa prestada de un compañero; allá el alférez Cistué que, sintiendo el fatal pronóstico de la herida que le perfora la barriga, esgrime su revólver y se levanta la tapa de los sesos para ahorrarse la agonía. Más del 80% de los integrantes del regimiento Alcántara, incluidos 28 de sus 32 oficiales, perdieron sus vidas en las laderas del escueto tramo de carretera que media entre las localidades de Dar Drius y Batel. Sostiene la tradición del Arma de Caballería que un puñado de jinetes realizó al paso su última carga, avanzando espectralmente hacia una muerte a cámara lenta como contribución final a la salvación de los tres mil soldados que pudieron llegar a Monte Arruit. No es un mero broche imaginario para la épica sino lo que se desprende del testimonio del ya citado Jiménez Maruhenda, incluido en ese raro volumen: «Según me refirió el soldado Caravaca del 4º Escuadrón, las fuerzas que quedaron de Alcántara, que no sabe los que serían, volvieron a cargar nuevamente, no obstante el excesivo cansancio del ganado que en algunos momentos no podía ir más que al paso». En ese trecho que va del dicho al hecho se fraguó el último acto de la tragedia del 21 cuando los nutridos refuerzos enviados por el general Berenguer no pasaron de Melilla mientras, a sólo 40 kilómetros, los tres mil supervivientes de Annual eran masacrados en Monte Arruit. El sacrificio del regimiento Alcántara fue, en definitiva, estéril; pero la mayoría de sus componentes murieron sin saberlo. (Pedro J.Ramírez, 29/07/2012)

 

 

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