Caída de Berlín             

 

Caída de Berlín (del 20 abril al 2 de mayo):
El 20 de abril se celebraba el cumpleaños de Hitler. Fue convocada la reunión cotidiana para analizar la situación militar. Keitel, Jodl, Krebs, algunos ayudantes y asistentes, expusieron al Führer la situación. Con prudencia, Jodl y Hans Krebs —este último sucesor de Guderian como Jefe del Estado Mayor del Ejército— dieron a entender que el 9º Ejército estaba prácticamente cercado y Berlín en realidad también, pero le informaron al Führer que al norte de la ciudad, en el flanco sur del 3er Ejército Panzer-SS, Steiner estaba organizando un Grupo de Combate. Después que Zhukov se infiltró hasta los arrabales de Berlín, tras romper las líneas en las Alturas de Seelow, el flanco sur del 3er Ejército Panzer de von Manteuffel quedaba de repente al descubierto. En esta situación el comandante en jefe había dado órdenes a Steiner para que organizara una defensa provisional para proteger el flanco del 3er Ejército Panzer-SS, derrotado en Pomerania y, al recibir la orden de Heinrici, estaba ocupado en reclutar unidades de ataque en Mecklenburg de los restos de otras divisiones y en general de donde buenamente podía. Steiner se dedicó con todas sus fuerzas, con lo poco que realmente disponía de personal, a llevar la orden de Heinrici a buen término, esto es, a cubrir la deficiente retaguardia de Manteuffel por el sur. Cuando Hitler escuchó sobre el "Grupo de combate Steiner" reaccionó de manera por demás inadecuada. Ordenó que Steiner no apoyara al 3er Ejército Panzer, sino que atacara en 24 horas en dirección sur desde Oranienburg-Eberswalde- para dividir y destruir las avanzadas de Zhukov y que estableciera contacto con el 3er Ejército Panzer y Berlín. Luego de eso, durante la noche varias veces que el 9º Ejército atacara en dirección sur, y que el 4° Ejército Panzer de Schörner lo hiciera hacia el norte, para formar un nuevo frente. Nadie se atrevía a volverlo a la realidad. Pese a que el "Grupo de combate Steiner", a pesar de los esfuerzos de su jefe no tenía capacidad para realizar un ataque que detuviera a los rusos y el "Ejército Wenck" tampoco podía intentar acudir en ayuda de la capital, puesto que apenas podía defenderse a sí mismo. Las órdenes comenzaron a redactarse. La ciudad de Berlín agonizaba. Hasta ese día, dos millones de berlineses habían ido a trabajar cada mañana, no a partir de entonces. Doce años después de que Hitler anunciara la creación del Reich de los mil años, se estaba desintegrando. El Parque Zoológico, por primera vez desde que comenzó la guerra, cerró antes del mediodía, al mismo tiempo que se cortaba la energía eléctrica. Sólo la distribución de alimentos se hizo normalmente y el resto del día y durante la noche no hubo ataques aéreos. Pero el cerco sobre la cancillería se estaba cerrando y se oían los cañones rusos que no cesaban de disparar. El bunker del Führer estaba a suficiente profundidad bajo la superficie, donde no llegaban los estruendos de la artillería enemiga. Pero en la periferia docenas de miles de civiles morían diariamente a manos de los rusos. Las mujeres no se escapaban de la violación, las madres trataban de proteger a sus hijas, mientras hombres y niños morían en las calles tratando de impedir que llegara la muerte a sus casas. Nadie se escapaba, ni ancianos, ni enfermos, ni inválidos. En las primeras horas de la mañana del 21 de abril, Steiner recibió la orden estricta de atacar en dirección sur. Pero Steiner no tenía con qué atacar; por el contrario, tenía enormes dificultades para cubrir a duras penas el flanco sur del 3er Ejército Panzer con los pocos hombres que había conseguido reunir en Südmecklenburg, siguiendo las órdenes de Heinrici. Simplemente no podía hacerlo. Lo mismo ocurría con el Ejército 12 de Wenck. El General Wenck era uno de los generales jóvenes mejor dotados de la Wehrmacht. En febrero, en camino hacia el frente del Oder, mientras manejaba su propio carro, por agotamiento sufrió un accidente. A fines de marzo abandonó el hospital con la fractura de cráneo apenas curada y se le confió inmediatamente la tarea de reclutar un ejército en la zona Dessau-Wittenberg, usando el personal a medio entrenar de la Escuela de Oficiales, de la Escuela de Carros de Combate y del Servicio del Trabajo. Hitler esperaba que ese ejército liberara al cercado Grupo de Ejércitos de Model, a unos 200 Kms en la zona del Ruhr. Pero, en esos momentos el Ejército 12 existía sólo en el papel; a finales de abril esa fuerza era una realidad, pero demasiado débil e insuficiente.

Colapso emocional de Hitler (22 abril):
El cerco de la ciudad era casi completo en aquellos momentos; al sur las vanguardias de Koniev se hallaban en el canal de Teltow, al oeste habían ocupado desde el Havel hasta Spandau, al este estaban los carros de combate ante Weissensee, a diez kilómetros del centro de la ciudad. El Ejército 9 estaba cercado al sudeste de Berlín, como había predicho el General Heinrici, y empeñado en una desesperada defensa. En la mañana de ese día Hitler estaba aún tranquilo. Sobre el mediodía recibió a un emisario del 6° Ejército Panzer-SS, al cual estaba asignado el "Leibstandarte Adolf Hitler" que en Austria luchaba bajo el mando de Sepp Dietrich. Esa unidad de élite aunque disminuida en fuerzas, se encontraba en función operativa, sin embargo, desconocía el verdadero estado de las fuerzas que defendían Berlín. Pero, volviendo a la realidad, Hitler se percata que ni Steiner ni Wenck habían cumplido sus órdenes. Hitler ordena al personal subalterno que salgan de su despacho. Sólo quedan con él Keitel, Jodl, Krebs, Burgdorf (general, ayudante jefe de la Wehrmacht ante Hitler y jefe de personal del Wehrmacht) y Bormann. Y entonces rompe en un estruendoso y apenas inteligible acceso de cólera. Los que están fuera, tras la puerta, e incluso los cinco hombres que están ante él apenas pueden comprender el diluvio de voces. Sólo sobresalen las palabras: "Traición, mentira, hipocresía, no se puede creer en nadie, nadie me comprende, todos son muy poco para mi, para mis metas, el pueblo, los generales, las SS, todos..." Hitler se desploma sobre el escritorio con una crisis de llanto. Keitel, Jodl, Krebs, Burgdorf y Bormann quedaron mudos de estupor. Pero antes de que los presentes pudieran salir de su asombro, Hitler levantó la cabeza, sacudido todavía por el llanto, dijo "No hay ninguna razón más para seguir, todo se acabó, la guerra está perdida, el nacionalsocialismo y yo personalmente, hemos fracasado." Luego de una pausa continuó: "Quien quiera abandonar Berlín, puede hacerlo." Hitler tomó la determinación de quedarse allí y ya que por motivos de salud no podía luchar, decidió que pondría fin a su vida. Hitler se niega a abandonar Berlín Jodl. Keitel y Bormann le dijeron a Hitler que fuera al sur, donde había unidades intactas, pero se negó. Le dijeron que había que resistir hasta que los anglo-americanos disputaran con los rusos y entonces ganarían la guerra. A altas horas de la noche del día 22 y en la madrugada del 23 de abril, Hitler, toma algunas decisiones: reparte el mando, a la vista de que en pocos días el territorio del Reich sería dividido, de la manera siguiente: en la mitad septentrional el gran almirante Dónitz, en la mitad meridional el mariscal Kesselring. Envía a sus más íntimos consejeros militares, Mariscal Keitel y General Jodl, a poner en acción las órdenes de ataque que Steiner y Wenck habían recibido. Despoja a Góring de todos sus títulos y cargos -éste se encontraba entonces en Berchtesgaden sin preocuparse de la situación y nombra al General Ritter von Greim como nuevo comandante en jefe de la Luftwaffe, que no existían ya prácticamente, al tiempo que lo asciende a Mariscal. Le ordena asimismo apersonarse en el bunker (lo que obligó a Hanna Reitsch a traer y llevar al comandante en pleno combate). Como colofón, Hitler nombra de improviso comandante de Berlín al General de Artillería Weidling, jefe del 56° Panzerkorps, a quien había citado en el bunker para comunicarle su sentencia de muerte por cobardía. El 56° Panzerkorps de Weidling se repliega a la ciudad y comienza con terrible dureza lo que Heinrici y otros habían esperado evitar: la lucha casa por casa en la capital. El precario sistema de defensa de Berlín Militarmente Berlín no estaba preparada para defenderse. La última línea de defensa estaba en el Oder. Las defensas anticarro y otras similares que habían sido preparadas a la ligera en los barrios periféricos son deficientes y poco aprovechables. La distribución de la ciudad y sus alrededores en ocho zonas de defensa en forma de cuña, con el vértice convergiendo en el centro de la ciudad (mandos A-H) y cuatro círculos concéntricos de barricadas (el más amplio, en las afueras de la ciudad; el «círculo verde» en los barrios extremos a lo largo de canales e impedimentos semejantes; el círculo interior a lo largo de las líneas del tranvía; y el círculo de la ciudadela, llamado núcleo, en la zona de residencia del Gobierno), no era más que un esquema teórico. Nunca existió un frente coordinado, como tampoco un servicio militar de información. Los oficiales de Weidling consiguieron informarse de la marcha de los sucesos por medio del servicio público de teléfonos, que funcionó hasta casi el final: llamaban a conocidos o a cualquier número telefónico y preguntaban si los rusos habían llegado, y, si así era, las fuerzas de que disponían. Estas facetas no deben hacer olvidar que los pocos defensores, alrededor de 45.000 soldados (los restantes del 56° Panzerkorps de Weidling, unidades de apoyo, etc.), 40.000 hombres de las Volkssturm y algo más de 4000 de las Juventudes Hitlerianas lucharon con un encono sin igual. Las ruinas de las casas bombardeadas favorecían a los defensores. La avanzada rusa, que atacó con sorprendente efectividad y rapidez por todos lados de la periferia, se componía esencialmente de carros de combate y éstos no valían para la lucha callejera, puesto que los carros tienen su punto ciego en la parte superior y desde los huecos de las ventanas se les podía combatir con facilidad. Solos estaban indefensos. Además de esto, Berlín era una ciudad antigua; los muros que habían quedado de las casas destruidas eran macizos, la mayoría de hasta un metro de espesor, y prestaban un refugio seguro contra las armas de la Infantería. Los rusos tuvieron que entrar peleando calle por calle en el mar de edificios, tributando así numerosas bajas. Frenarles, sin embargo, resultaba imposible: su superioridad en material era demasiado grande y, por el contrario, el abastecimiento de armas y municiones de los defensores era muy deficiente.

24 de abril:
Se oía ya el fragor de la lucha callejera en Zehlendorf, Tempelhof y Neukölln; al día siguiente los rusos barrían el interior de la ciudad con fuego graneado y se preparaban para ocupar el centro. Por doquier rusos, blancos, mongoles y siberianos asaltan las casas, matando a todo aquel que se oponga a un robo o violación. Muchos hartos ya de violar y robar le disparan a todo lo que se mueve. En las trincheras y barricadas se agazapan los niños y ancianos de las Volkssturm, todos ruegan que primero aparezca un tanque, antes que un ruso. Los Panzerfaust estan listos, un solo disparo un tanque menos. En las ventanas las botellas con gasolina esperan. La sed y el hambre ya no se sienten, no importa, porque nadie pretende sobrevivir, sólo destruir un tanque antes que llegue la muerte. Desde la crisis del 22 de abril. El ambiente en el bunker se hizo tenso e irreal. Los hijos de Goebbels. Helga (12), Hilde (11), Helmut (9) Holde (8), Hedda (6) y Heide (4), jugaban despreocupada y alegremente, sin sospechar que estaban sentenciados a muerte. Magda Goebbels había decidido la suerte de ella y sus hijos. Ni su marido ni Hitler había podido persuadirla de que fueran a Berchtesgaden. Hitler, después de haber reprimido su primer impulso de abandonarlo todo, seguía jugando su papel de Führer; se ocupaba por una parte en catalogar documentos para su destrucción, por otra requería urgentemente información por radio sobre los movimientos de las tropas del Grupo Steiner, del Ejército de Wenck y del Ejército 9. Todas estas unidades combatían aún. El sitiado Ejército 9 de Busse se desplazaba lentamente hacia el oeste. Las débiles fuerzas de Steiner trataban, bajo la influencia de Jodl, de romper el cerco hacia Berlín, pero quedaron detenidas como Steiner había predicho. Wenck consiguió dirigir su flamante y bisoño Ejército 12 desde el frente del Oeste hacia el Este. Sin embargo, no pudo lanzar un ataque efectivo contra el cerco de Berlín. El general sabe que no hay solución, pero entrevé otra posibilidad más lógica: avanzar hacia la parte sur de Berlín en dirección este, lo bastante para alcanzar al Ejército 9 y tratar de romper el bloqueo para liberar a las fuerzas supervivientes y a la población civil. El Ejército de Wenck lo consigue. Se producen combates en las cercanías de Ferch y allí están los camaradas del Ejército 9. Por un corto espacio de tiempo se ha abierto una brecha en las líneas enemigas por la que los supervivientes (con y sin uniforme) salen en dirección oeste. A 16 metros bajo tierra, en el bunker, Hitler no acepta la derrota, le quita el mando del Grupo de Ejércitos Vístula al General Heinrici y lo sustituye por el general Student. El Gruppenführer-SS Otto Fegelein, adjunto de Himmler en el bunker, informa a Hitler sobre las negociaciones de su jefe con Occidente. Hitler, estalla en furia, destituye a Himmler de todos sus cargos y envía al jefe de la Aviación, Greim, con Hanna Reitsch como piloto, para ponerlo bajo arresto. Fegelein, que es cuñado de Eva Braun, es fusilado por traición. En las reuniones del bunker había aparecido entretanto un nuevo personaje, el Brigadeführer SS General Wilhelm Mohnke. El 20 de abril, el aguerrido y leal Mohnke, con 1000 hombres de la Panzerdivision "Hitlerjugend" de las Waffen-SS, se encarga de la defensa de la Cancillería del Reich; él es el comandante de la "ciudadela", de la zona de la residencia del Gobierno. Se halla bajo las órdenes directas de Hitler y está decidido a luchar hasta el final. Mohnke ordena reponer las reservas de víveres y las existencias de armas y munición conseguidas de los depósitos y vagones que todavía no habían caído en manos del enemigo. Instala su puesto de mando en uno de los sótanos bajo la nueva Cancillería del Reich, justo al lado del dispensario médico de urgencia. Desde que la lucha se desenvuelve en los barrios más céntricos, se suceden escenas dantescas en este dispensario. Heridos graves llegan sin cesar con miembros destrozados, heridas de bala en el vientre; el profesor Haase opera y amputa sin descanso.

29 de abril:
Hitler se casó con Eva Braun y dictó sus testamentos político y personal. En el político designa a Dónitz como presidente del Reich y a su Minstro de Propaganda, Josef Goebbels, lo nombra Canciller. Poco antes había destituido de todos los cargos y privilegios a Herman Goering y Heinrich Himmler. Eva Braun nunca quiso separarse de Hitler, pese a la orden de que fuera llevada a Munich. Eva lo aceptó al comienzo, pero luego regresó a Berlín y no quiso volver a partir de marzo. Era la única persona en el bunker que pensaba más allá del techo protector del bunker en la espantosa lucha que se desarrollaba sobre la superficie. Le preocupaban las muertes inútiles de miles de civiles. Hizo muchas preguntas a todos sobre eso, pero nadie pudo darle una respuesta. El Dr. Haase, gravemente enfermo, realiza operaciones quirúrgicas hasta caer extenuado, pero por suerte para los heridos se ha encontrado casualmente a otro médico, el profesor Schenck. Es internista, pero en la necesidad, actúa como cirujano; Haase, sentado a su lado, le va dirigiendo con voz débil.

30 de abril:
En la madrugada Hitler invita al extenuado Haase a visitarle para informarse con él los métodos más seguros de suicidio. A las 06:00, tras la conversación con Haase, hace llamar a Mohnke. La Cancillería está sitiada a esas horas. Se lucha aún con enconada dureza en el Tiergarten, en Potsdamer Platz, en el Ministerio del Aire, en el Lustgarten, a no más de 300 o 400 metros del refugio de Hitler. Mohnke, le comunica a Hitler que puede resistir 24 horas como máximo. "Entonces ha llegado la hora", dice Hitler. Palabras que Mohnke no comprende. Lo que significan se lo aclara después el jefe de batallón de las SS Otto Günsche, ayudante de Hitler. El Führer le ha encomendado que se preocupe por todos los medios de la destrucción completa de su cadáver. Poco después de las 15:00 horas Hitler y su esposa se despiden de todo el personal: Goebbels, Bormann, Krebs, el embajador Hewel (representante del Ministerio de Asuntos Exteriores), el vicealmirante Voss (Agregado de Marina), el Brigadeführer SS Ratenhuber (jefe de la escolta), secretarias, servidoras y cocinera, se retiran a sus habitaciones. El Sturmbannfuehrer-SS Otto Günsche, ayudante personal de Hitler, monta guardia ante la puerta. Magda Goebbels, al ver la vigilancia de Günsche, se precipita en la habitación de Hitler y le pide que abandone Berlín. Hitler le pide a Günsche que la saque. Algunos creyeron haber oído un disparo poco después de las 15,30 horas. Según Günsche, que después de la guerra estuvo preso en Rusia por diez años, dijo que "el disparo no se oyó"; lo que puede ser verdad, pues la Cancillería del Reich estaba bajo el fuego de la artillería pesada y, eso sí que se oía incluso en el bunker, a 16 metros bajo la superficie. Luego de 10 minutos de espera, Linge el asistente de cámara de Hitler entró con Bormann siguiendo las órdenes recibidas. Hitler y su esposa yacen muertos en el pequeño sofá; Hitler se ha disparado un tiro en la sien derecha y al parecer ha tomado al mismo tiempo una cápsula de ácido cianhídrico, su esposa ha utilizado sólo el veneno. Linge, asistente personal de Hitler, siguiendo instrucciones entra pasados 10 minutos para encontrar los cadáveres de Hitler y Eva. Günsche anuncia en la sala de reunión que el Führer ha muerto.

1 de mayo:
Al amanecer, fuera de la Cancillería se lucha todavía. El nuevo canciller del Reich envía a Krebs, con una carta para Stalin, a entrevistarse con Zhukov. Goebbels le comunica la muerte de Hitler y propone un alto el fuego en la zona de Berlín para que se constituya el nuevo Gobierno y se acuerden los próximos pasos a seguir. Zhukov envía por teléfono el mensaje de Goebbels a Moscú y recibe la respuesta: "Nada de negociaciones. Sólo rendición incondicional". Krebs regresa a mediodía al bunker e informa. El comandante Mohnke, siguiendo las últimas órdenes del Führer, había preparado para las 23:00 horas la evacuación del resto de los ocupantes de la Cancillería. Fueron saliendo en pequeños grupos hasta llegar la medianoche. El 2 de mayo los rusos entran en el bunker. Encuentran a 2 personas. Uno es el jefe de máquinas Hentschel, civil que atendía el motor diesel que proporcionaba aire y agua a las instalaciones y a la enfermería, donde había enfermos y heridos. El soldado de las SS Misch despertó después de la salida del último grupo y el fuego de la artillería pesada le hizo retroceder en su intento de huida en solitario. (Fuente: Exordio)


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