Cuba: Independentismo             

 

La Mecha del Independentismo en las Antillas:
Cuando a principios del siglo XIX, la mayoría de las colonias en América logran la independencia de España, sólo Cuba y Puerto Rico permanecieron leales a la metrópoli. Sin embargo, algunos brotes independentistas ya habían surgido a finales del Siglo XVIII, con una sublevación de esclavos en el año 1791, rápidamente sofocada. En los años 1821 y 1825, se detectan varias intentonas separatistas que son abortadas antes de empezar, por la falta de apoyo entre los habitantes de la Isla. Más graves, aunque inmaduros todavía, son los intentos de insurrección de 1850, 1851 y 1855, que supusieron el incremento de las guarniciones españolas en Cuba y cuyos cabecillas fueron posteriormente los artífices del movimiento insurreccional cubano. Durante un breve periodo del reinado de Isabel II, ambas islas fueron consideradas como provincias españolas y enviaban sus representantes al Congreso y al Senado, pero los sucesivos "pronunciamientos" que se produjeron durante la época de Isabel II acabaron con el régimen de equiparación con España.


Entre los criollos de las Antillas apareció un sentimiento de frustración ya que siendo españoles no gozaban de muchos de los derechos que correspondían a los habitantes de la Metrópoli. Este descontento se manifiesta a partir de la revolución de 1868 que derrocó a Isabel II. Bajo el gobierno de su sustituto, el Rey Amadeo I de Saboya, se intentó dotar a Cuba y Puerto Rico de un estatuto de autonomía que acallara los brotes independentistas. Sin embargo, los intereses de los propietarios de los ingenios azucareros y de algunos navieros frustraron esos intentos. Con la proclamación de la Primera República Española y el estallido de la última guerra Carlista, se produjo simultáneamente el inicio de la insurrección en Cuba y el Gobierno de la República se veía obligado a dedicar la mayoría de su esfuerzo a la guerra civil que asolaba la península, con postergación del problema cubano. El primer brote independentista cubano duró diez años (la llamada "Guerra de los Diez Años ") que terminó con la Paz de Zanjón (1878) que preveía la concesión de un régimen de autonomía que fue sistemáticamente incumplido por los sucesivos gobiernos de la Restauración de la Monarquía. Sólo al final, se intentó solucionar el problema cuando éste ya era imposible de arreglar. Un proyecto del joven ministro Maura, fue derrotado en el Congreso y, sólo cuando era irremediable la pérdida de Cuba, se concedió la autonomía que no solucionó nada. Salvo la denominada Guerra Chica (1879-1880), la isla vivió en paz hasta 1895 en que volvió a estallar la insurrección con mayor virulencia, hasta el punto de que los independentistas dominaban gran parte de la isla. Algún general español decía que las tropas españolas sólo eran dueñas del terreno que pisaban. El problema presentaba para el gobierno español muchas más complicaciones ya que, a la guerra, había que sumar las divisiones entre los leales a la causa española. Los unionistas, partidarios de mantener la situación, pensaban que la autonomía podía destruir el control de la vida local y abolir la unió arancelaria con España en perjuicio de sus intereses económicos. Los autonomistas, por el contrario, aunque partidarios de la unión con España, pretendían abolir la unión arancelaria porque entendían que el mercado español era insuficiente para absorber su producción de tabaco y azúcar, y que sólo en el mercado americano podrían vender la producción completa y conseguir otros productos más baratos que en España. Tres eran, pues, las facciones existentes en Cuba, los independentistas, básicamente asentados en el campo; los unionistas, españoles de origen y vinculados a las grandes fortunas españolas y al ejercitan y, por último, los autonomistas, provenientes de la burguesía criolla; estos dos últimos movimientos eran básicamente urbanos. Sin embargo, el retraso en conceder reformas, provocó una sucesiva reducción de la facción autonomista en favor de los independentistas. | candamo.iespana.es


Antonio Maceo Grajales 1848-1896:
Antonio Maceo era general del ejército cubano revolucionario y segundo en el mando. Era llamado "el Titán de Bronce ". Maceo empezó su lucha por la independencia de Cuba alistándose como soldado durante la "Guerra de los 10 años" (1868-1878). En 1873 fue promovido a general a causa de su habilidad en la guerra de guerrillas y su bravura. Cuando se firmó la Paz de Zanjón, se negó a reconocer la derrota y se exilió. Volvió a Cuba cuando estalló la insurrección de 1895 y derrotó varias veces a las tropas españolas destinadas a su persecución. Su más brillante campaña fue la invasión de la parte oriental de la Isla, que siempre fue un sólido bastión españolista. La llegada del General Weyler como Capitán General supuso su declive militar. El 7 de diciembre de 1896, Maceo fue muerto en combate.

José Julián Martí y Pérez 1853-1895
Patriota Cubano. Hijo de españoles, nació en La Habana. Estaba estudiando en el Instituto cuando estalló la Guerra de los 10 años. Martí se sumó rápidamente al movimiento independentista, publicando su primer periódico "La Patria Libre" en 1869. Denunciado por compañeros pro-españoles, fue condenado a 6 años de trabajos forzados. Liberado al cabo de pocos meses, partió al exilio hacia Nueva York. Fue corresponsal de varios periódicos hispanoamericanos como el venezolano "Opinión Nacional" y el argentino "La Nación ". Escritor y poeta destacado, era un ferviente admirador de los Estados Unidos aunque criticaba sus actitudes imperialistas con los vecinos del sur. Esta admiración no fue correspondida, a juzgar por la conducta posterior de los Estados Unidos con Cuba. Durante su estancia en Nueva York, dedicó mucho tiempo a planear la segunda revolución cubana que quería que fuera corta para impedir la intervención americana y el establecimiento de dictaduras militares, pero no tuvo suerte. En 1892 fundó el Partido Revolucionario Cubano para organizar la revuelta. En 1895 había preparado una expedición que saldría desde Fernandina, en Florida, pero las autoridades estadounidenses confiscaron la carga cuando iba a hacerse a la mar. Murió a los pocos días de su llegada a Cuba en un encuentro con tropas españolas. Murió rodeado de una aureola romántica que inspiró muchos movimientos antiimperialistas en Hispanoamérica pero sin ver cumplido su sueño de una Cuba verdaderamente independiente.

Máximo Gómez Báez 1836-1905
Jefe Cubano. Máximo Gómez nació en la República Dominicana. En el periodo en el que Santo Domingo volvió a ser española 1860-1865, sirvió en el ejército español destacado en esa isla como Jefe de las tropas de reserva. Al recobrar la independencia la República Dominicana, viajó a Cuba donde se estableció. Al ver el trato que las autoridades españolas daban a los militares dominicanos que habían luchado en el ejército español, se hizo partidario de la Independencia de Cuba y luchó en la guerra de los 10 años. Al finalizar la primera revolución cubana, regresó a sus plantaciones Viajó a los Estados Unidos para entrevistarse con José Martí, con quien mantenía serias divergencias. Sin embargo, al estallar la sublevación de 1895, Martí lo llamó para ocupar el puesto de Jefe Militar de los Cubanos. Empleó la guerra de guerrillas e inició la costumbre de quemar las plantaciones y las casas de quienes no secundaban la revolución. Hasta la llegada del General Weyler, Máximo Gómez había derrotado en varias ocasiones a las tropas españolas. Sin embargo, los sistemas empleados por Weyler limitaron severamente su capacidad de movimiento y fue derrotado en varias ocasiones. La entrada en la guerra de los Estados Unidos supuso el refuerzo de sus unidades pertrechadas ya por aquellos. A cambio de la ayuda, dio orden al General Cubano Calixto García para que colaborara con el ejército invasor. Murió sin ver su sueño de una Cuba verdaderamente independiente.| candamo.iespana.es


Crisis de los misiles:
"La crisis de los misiles cubana no terminó el 28 de octubre de 1962, Cuba se iba a convertir en una potencia nuclear, justo en las narices de Estados Unidos y a 140 kilómetros de Florida". La que habla es Svetlana Savranskaya, directora de operaciones rusas del National Security Archive, una institución no gubernamental de Estados Unidos. Savranskaya revela en entrevista exclusiva con la BBC que existió una segunda y secreta Crisis de los misiles, como se le conoce en EE.UU., o de Octubre o del Caribe, como se le dice en Cuba y Rusia, respectivamente. El conflicto entre Washington, Moscú y La Habana se desató el 14 de octubre de 1962, cuando EE.UU. descubrió que la Unión Soviética tenía bases de misiles nucleares en Cuba. A la crisis de los misiles se la suele considerar como el momento de máximo peligro del siglo XX, pero en su 50º aniversario la BBC accedió a nueva información que pinta un cuadro aún más peligroso de cómo se desarrolló la crisis. El mundo respiró aliviado cuando el presidente soviético acordó retirar sus 42 misiles nucleares de sus bases en Cuba. A cambio, su par estadounidense prometió no invadir la isla. Documentos que serán publicados el 17 de octubre revelan que, lejos de poner fin a la crisis con el acuerdo alcanzado por John Fiztgerald Kennedy y Nikita Krushev, a finales de octubre hubo una segunda crisis. Los papeles forman parte del archivo personal de Anastas Mikoyan, número dos del Kremlin durante la crisis y enviado a Cuba. Aunque Kennedy insistió en un estricto monitoreo de las posiciones de los misiles, en un fallo de inteligencia, comandantes estadounidenses no advirtieron la presencia de más de 100 armas nucleares tácticas. Mientras tanto, Fidel Castro, excluido de las negociaciones entre las superpotencias, comenzó a dejar de cooperar con Moscú. "Castro está muy molesto con la traición soviética, los cubanos se sentían traicionados porque para ellos el gobierno soviético hacía una concesión tras otra a los estadounidenses, sin consultar a su aliado cubano, un sentimiento compartido por los militares soviéticos en la isla", dice Savranskaya. "Castro creía en primer lugar en la dignidad, y su obsesión con el orgullo y la dignidad de la Cuba revolucionaria condujo su conducta a lo largo de la crisis", agrega Philip Brenner, profesor de relaciones internacionales e historia, quien ha escrito varios libros sobre la relación entre Estados Unidos y Cuba. El líder soviético Nikita Krushev y el presidente estadounidense John Fiztgerald Kennedy se enfrentaron en la crisis de los misiles. Krushev, temeroso de perder el control y de que su aliado cada vez menos confiable pudiera obstaculizar el acuerdo, inmediatamente envió a La Habana a su camarada de más confianza, su viceprimer ministro Anastas Mikoyan. El pedido llegó en un momento complicado: la esposa de Mikoyan estaba gravemente enferma, pero él "sintió que era su deber ir y se dio cuenta del peligro que representaba que Castro tuviera el orgullo herido", señala Brenner. A su llegada a La Habana, Mikoyan se enteró de la muerte de su esposa y Castro, que todavía estaba furioso y había rechazado recibir al enviado, cedió tras enterarse del fallecimiento. El enviado encontró a Castro nervioso y conspirativo, convencido que Moscú había perdido interés en defender la isla. Sin embargo, bajo claras instrucciones de Krushev, Mikoyan hizo su oferta: podía quedarse con las armas nucleares tácticas, con la condición de que no se lo dijeran a los estadounidenses. En privado, Mikoyan tenía dudas sobre dejarle las armas nucleares a Castro. "Pensaba que con el orgullo cubano y frente al hecho de que los cubanos consideraban la posibilidad de una guerra nuclear de una manera muy diferente a los soviéticos, sería muy peligroso e incluso irresponsable dejar las armas en manos cubanas, pero sus manos estaban atadas: ese fue el acuerdo", señala Savranskaya. Durante noviembre, Castro se volvió cada vez más beligerante hacia Washington y Moscú: se oponía a los vuelos de vigilancia estadounidense que vigilaban el retiro soviético y, desesperado por marcar su postura ante lo que considera una provocación, decidió que el ejército cubano tendría órdenes de disparar a las aeronaves. Savranskaya asegura que Castro lo hizo sin consultar a los soviéticos, lo que "sorprendió" a los líderes porque constituía "claramente un paso hacia la escalada de la crisis". Una serie de cartas entre Kennedy, Krushev y Castro arroja luz sobre sobre la tensa situación diplomática. "Las cartas Armagedón" revelan que mientras Mikoyan estaba en La Habana, el presidente estadounidense y el líder soviético llegaron a la conclusión de que el problema tras la crisis no era entre ellos, sino con Fidel Castro. Fidel Castro pidió a la URSS quedarse con las armas nucleares estratégicas. Aislado en La Habana, Mikoyan se enfrentaba a una decisión que podría tener consecuencias incalculables para el mundo. Y se dio cuenta que, una vez más, el tiempo se estaba agotando. Luego de que Castro ordenara disparar contra una de las aeronaves estadounidenses, "Mikoyan –dice la directora del National Security Archive– tomó una decisión sin consultar al gobierno central soviético: que las armas nucleares tácticas iban a tener que ser removidas". Era poco después de mediados de noviembre. Pero los acontecimientos se movían más rápido que lo que el enviado soviético había anticipado. El 19 de noviembre los cubanos le dieron instrucciones a su representante Carlos Lechuga para que revelara el secreto. En la sede de Naciones Unidas en Nueva York, el embajador cubano estaba a punto de decirle al mundo sobre las armas secretas. Mikoyan inmediatamente se comunicó con Moscú. Pero desde allí nunca recibió "instrucciones claras" sobre qué hacer con las armas nucleares, explica Savranskaya: "Mikoyan estaba esperando instrucciones, pero tenía que reunirse con Castro en la noche del 22 de noviembre de 1962 y sabía que esta conversación sería sobre las armas y sobre el destino del acuerdo militar entre la Unión Soviética y Cuba". "En mi opinión –agrega– la transcripción palabra por palabra de esta conversación a la medianoche entre Castro y Mikoyan probablemente sea el documento más fascinante de toda la crisis de los misiles". Ésta es la primera vez que se conocen detalles de esa reunión. Cuba quería asegurar ante la ONU que tenía armas nucleares secretas. "Castro –dice Savranskaya– anticipa que los soviéticos están a punto de hacer otra concesión a Estados Unidos y le pregunta a Mikoyan: '¿Qué pasa con las armas nucleares tácticas? ¿Nos las podemos quedar?'. 'No, no se las pueden quedar', dice Mikoyan. Castro señala que en el intercambio de cartas entre Kennedy y Krushev no se mencionaban las armas nucleares tácticas, por lo que 'los estadounidenses no tienen idea de que están acá, así que ustedes no tienen que sacarlas, las podemos esconder en nuestras cuevas'. Mikoyan luego dice: 'Vamos a retirar estas armas no porque los estadounidenses lo hayan demandado, sino porque nosotros decidimos retirar estas armas'. Y luego, interesantemente, le dice a Castro una mentira: 'Tenemos una ley secreta no publicada que nos prohíbe transferir armas nucleares a un tercer país'. No había tal ley en la Unión Soviética, pero le dice a Castro: 'Tenemos esta ley'". "Durante el resto de la reunión, –prosigue Savranskaya– Castro vuelve una y otra vez a la misma cuestión, el líder cubano básicamente le ruega a Mikoyan mantener lo que él ve como el último medio de defenderse de Estados Unidos, y falla. Incluso sugiere que la 'ley' debe ser derogada, pero Mikoyan no cede, y dice que todas las armas nucleares deben salir de Cuba. Con esa conversación, se resolvió la crisis, las armas nucleares fueron cargadas en barcos soviéticos y retiradas en diciembre de 1962". Los cubanos quedaron "dolidos" por las acciones de los soviéticos y hasta finales de la década de los sesenta permanecieron "resentidos" por haber sido puestos en una posición en la que "básicamente no tenían otra opción más que ceder a los deseos de Krushev", considera Brenner. Para Savranskaya, los soviéticos y los estadounidenses no trataban a Cuba como un "actor", para ellos era un "pequeño peón", pero luego "se dieron cuenta de lo cerca que Castro había estado de hacer la crisis mucho, mucho peor". Tanto Krushev como Kennedy comprendieron lo cerca que se estuvo de una catástrofe. En diciembre de 1962, el líder soviético le escribió a JFK para sugerirle que trabajaran en aras de la eliminación de las armas nucleares en el mundo para el esperado segundo mandato del estadounidense. Pero eso nunca se dio. Kennedy fue asesinado 11 meses después y Krushev fue obligado a retirarse en 1964.


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