Guerra de Texas             

 

Recorrido del ejército de Santa Anna hasta San Jacinto 1836 La guerra de Texas:
Texas era un territorio muy alejado de la capital novohispan, pues desde entonces se desconocía buena parte de lo que ahí ocurría. A inicios del siglo XIX, las autoridades españolas permitieron la colonización extranjera (norteamericana) a esa región, siempre y cuando cumplieran con ciertas condiciones: ser católico, teneri un modo honesto de vida y jurar fidelidad al rey de España y a la Constitución de Cádiz. En ese mismo año, 1812, Lousiana se convirtió en un estado de la Unión Americana y norteamericanos y españoles no podían ponerse de acuerdo en los derechos que ejercían sobre dicho territorio. España reclamaba que parte de Lousiana pertenecía a Texas y, por lo tanto, los norteamericanos no podían adueñarse de esas tierras. El conflicto se solucionó con la firma del Tratado Adams-Onís (1819), donde se establecieron los límites fronterizos. A los colonos estadounidenses que se habían establecido en Texas se les respetaron sus derechos y muestra de ello fue que siguió creciendo su número. Grupos anglosajones llegaban a este territorio de la mano de Moisés y Esteban Austin, quienes escribían sobre las ventajas de asentarse en este lugar. Al independizarse México, los Austin mantuvieron la concesión para colonizar la región y, en 1824, Esteban fue nombrado juez y teniente coronel por las autoridades mexicanas, prueba de la confianza que se le tenía. También, a partir de ese año, el territorio pertenecía al estado de Coahuila y Texas y continuó colonizándose, aunque de manera irregular, pues no todos los inmigrantes eran católicos y, sobre todo, no cumplían con el requisito de liberar a sus esclavos. Aunque muchas veces se ha dicho que la esclavitud era el principal punto de conflicto entre estadounidenses y mexicanos, los negros sólo representaban el 10% de la población texana. Según el investigador alemán Andreas V.Reichstein, tampoco las diferencias culturales eran de división entre la sociedad, es más, los lazos económicos y comerciales los unían. El problema radicaba en que los colonos empezaron a ser mayoría: [...] "a los mexicanos no dejó de inquietarles el hecho de que la comunidad anglosajona fuera adoptando un carácter homogéneo particularmente distintivo, que la convertía cada vez más en una entidad ajena a la unidad que se buscaba alcanzar". Además, surgió entre los norteamericanos establecidos en Texas un grupo llamado Los halcones, que eran propagadores de a guerra y partidarios de la separación de México. Por otro lado, tanto organismos privados como autoridades de Estados Unidos le ofrecieron al gobierno mexicano la compra de territorios texanos. Para completar el panorama, hay que mencionar que, cuando en 1829 el presidente Guerrero ratificó la abolición de la esclavitud, algunos estadounidenses se quejaron y obtuvieron un arreglo con los funcionarios mexicanos: podían quedarse con los esclavos que tenían en ese momento, pero los hijos de éstos serían libres y ya no podrían comprar más. Durante la primera presidencia de Anastasio Bustamante también se intentaron algunas medidas para detener la enorme presencia de ciudadanos norteamericanos. Se trató de fomentar el asentamiento de población nacional, de aplicar medidas para acercar a Texas al gobierno federal, y de aumentar las relaciones comerciales de esta región con otras de la República Mexicana, pero todas fracasaron y, en cambio, los colonos exigían estar exentos del pago de impuestos, su separación del estado de Coahuila y los títulos de propiedad de sus tierras. En 1833, Esteban Austin se encargó de hace estas peticiones en la capital del país, donde fue encarcelado por órdenes de Gómez Farías bajo la acusación de fomentar el separatismo de Texas de México.

Recorrido de las tropas del invicto José Urrea 1836 Mientras tanto, los problemas entre centralistas y federalistas complicaron más la situación. Al adopatar México la república central, en 1835, se llevó a cabo en Texas la introducción del ejército mexicano y la imposición de tarifas aduanales. Los rumores y la incertidumbre que conllevaban sólo fortalecieron a los partidarios de la guerra. Para ese entonces, aunque a Austin se le había expulsado del país, regresó a territorio texano para ahora sí organizar el movimiento de independencia. Lamentablemente, algunos federalistas mexicanos apoyaron ese levantamiento como muestra de su oposición al régimen; tal fue el caso de Lorenzo Zavala quien, además, tenía algunos terrenos en esta zona. El 11 de noviembre de 1835 se declaraba la emancipación de Texas si la Constitución de 1824 no volvía a estar vigente. Se ocuparon importantes puntos y, de manera definitiva, se declaró la independencia de Texas el 2 de marzo de 1836, teniendo como presidente a David G. Burnet y como vicepresidente a Zavala. Santa Anna ya se había separado del poder para combatir a los texanos y, a pesar de las dificultades económicasy políticas de ese momento y la indiferencia por parte de muchos mexicanos, logró organizar un ejército que venció en la famosa batalla de El Alamo (6 de marzo), donde ordenó el fusilamiento de todos los soldados prisioneros, lo que violaba las leyes de guerra. Esta cruel medida exaltó los ánimos de los rebeldes, por lo que en las subsecuentes batallas su grito de guerra era Remember the Alamo (Recuerden el Alamo). La cabeza del ejército texano, Samuel Houston, logró derrotar y capturar a Santa Anna en San Jacinto el 21 de abril, mientras las tropas mexicanas dormían. Santa Anna fue conducido al puero de Velasco donde, el 14 de mayo firmó unos tratados donde se comprometía a retirar a los militares al sur del río Bravo, suspender las hostilidades y tratar de convencer al gobierno mexicano de aceptar la independencia de Texas. Las autoridades de México descalificaron la validez de los Tratados de Velasco, por lo que no reconocieron la separación de este territorio. Por el contrario, Estados Unidos en 1837, Francia, Inglaterra y Bélgica, poco después, entablaron relaciones diplomáticas con el nuevo y pequeño país. (Susana M.Delgado Carranco)


Mapa de Francisco Alvarez Barreiro (1730):
En el reinado de Felipe II (1556-1598), la monarquía española creó un importante y eficaz cuerpo de ingenieros militares. En un principio se dedicaron básicamente a fortificar las fronteras de los Habsburgo en Europa, sobre todo en los Países Bajos, el valle del Danubio e Italia. Sin embargo, después de los asaltos piratas de sir Francis Drake de 1585-1586 en las Indias Occidentales, Felipe II envió también algunos ingenieros a las islas españolas y al continente, donde trabajaron muchos años en lugares como San Juan (Puerto Rico), Cartagena (Colombia), Veracruz y La Habana. En Europa, los ingenieros solían levantar mapas y planos además de fortificaciones, y lo mismo sucedió al otro lado del Atlántico. Participaron en el inmenso esfuerzo de pasar al papel los vastos territorios que se extendían desde el norte de California hasta Patagonia; en dicha labor, recibieron la ayuda de capitanes de barco y de muchos sacerdotes jesuitas. Francisco Alvarez Barreiro fue un representantante tardío de estos ingenieros. Nacido en España, se le otorgó un nombramiento para Nueva España en 1716, y un año después acompañó a Martín de Alarcón en una expedición a la nueva provincia de Texas, donde los españoles empezaban a establecerse en San Antonio como respuesta al nuevo asentamiento francés de Nueva Orleans. Barreiro permaneció en Texas hasta 1720 y después regresó entre 1724 y 1728; compiló cinco mapas provinciales que se conservan en el Archivo de Indias de Sevilla. A partir de éstos se compiló un mapa general. Existe un ejemplar en la British Library y otro en la Sociedad Hispánica de América, en Nueva York. Barreiro conoce bien la línea general de los ríos de Texas, desde el río Grande hasta el río Sabina en el este. También muestra los dos caminos reales que cruzaban el país de oeste a este y permitían que el Gobierno de Ciudad de México mantuviese una tenue autoridad sobre estos puestos avanzados, próximos a los asentamientos franceses del río Mississippi. Las poblaciones extensas de méxico se señalan con símbolos de iglesias, y los asentamientos de los pueblos indígenas del norte y del este con diferentes cantidades de chozas bien ordenadas. (Fuente: Barber)


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