El traslado de las V2             

 

Traslado de las V-2 (1945):
Junto a la desembocadura del río Oder, a ciento cincuenta y cinco kilómetros en línea recta hacia el Norte, el doctor Wernher von Braun, director técnico de la base de cohetes de Peenemünde, estaba celebrando una entrevista con sus principales colaboradores. Habían conseguido crear el A-4, un cohete que consideraban como el primer paso en la conquista del espacio. Pero Hitler lo consideró como un arma de largo alcance, y Goebbels lo volvió a bautizar V-2: «Venganza, arma 2». Von Braun explicó a sus ayudantes que había ordenado celebrar la entrevista a causa de las órdenes contradictorias recibidas aquel mismo día, de funcionarios de las SS. El delegado especial de Himmler para el proyecto, SS obergruppenführer (teniente general) doctor Hans Kammler, había enviado una orden por teletipo según la cual la base de cohetes debía trasladarse al centro de Alemania. Por su parte, Himmler, como comandante del Grupo de Ejército Vístula, despachó un mensaje ordenando que todos los ingenieros de Von Braun se uniesen al Volkssturm, el Ejército del Pueblo, a fin de que defendiesen la zona ante la aproximación de las tropas soviéticas. —Alemania ha perdido la guerra —siguió diciendo Von Braun—, pero no debemos olvidar que ha sido nuestro grupo el que primero ha llegado al espacio exterior terrestre... Hemos sufrido muchos disgustos a causa de nuestra fe en el gran futuro que cabe al cohete en tiempos de paz. Ahora tenemos una obligación que cumplir. Cada una de las potencias vencedoras querrá disponer de nuestros conocimientos. La pregunta que debemos contestar es ésta: ¿A qué país debemos confiar nuestros hallazgos? Alguien sugirió permanecer allí y entregarse a los rusos, pero la propuesta fue rechazada. Por fin se votó unánimemente la rendición al ejército de Estados Unidos. El primer paso para ello consistía en obedecer la orden de Kammler y trasladarse hacia el Oeste. No había tiempo que perder, ya que los preparativos para el traslado total podían llevar más de dos semanas, y en aquel mismo momento ya se alcanzaba a escuchar el retumbar de la artillería de Zhukov.





La documentación sepultada en la mina de Doernten:
[...] En la mañana del 11 de abril, una avanzada del Primer Ejército de Hodges, el comando de combate B, de la 3.ª División Acorazada, convergía rápidamente hacia Nordhausen, localidad del centro de Alemania donde se hallaban las instalaciones en que se construía una de las principales armas secretas de Hitler, los proyectiles dirigidos de Wernher Von Braun. Von Braun, que estaba recuperándose de un serio accidente automovilístico, al punto que aún tenía el pecho y el brazo izquierdo enyesados, escuchó el Domingo de Resurrección la noticia de que los tanques de Estados Unidos se hallaban a pocos kilómetros al sur de donde él se encontraba. Temió que los SS siguieran la táctica de «tierra arrasada», preconizada por Hitler, y destruyesen la enorme cantidad de planos y documentos relativos a la «V-2». Decidió que aquello debería ser puesto a salvo. En consecuencia, Von Braun dio instrucciones a su ayudante personal, Dieter Huzel, así como a Berhard Tessmann, jefe de proyectistas de las instalaciones de pruebas de Peenemünde, para que ocultasen los documentos en lugar seguro. —Lo mejor será hallar una vieja mina o una bodega... algo por el estilo —dijo Von Braun—. No se me ocurre nada más que eso, y no hay tiempo que perder. Se necesitaron tres camiones para transportar nada menos que catorce toneladas de documentos. La pequeña caravana inició la marcha hacia el Norte, el 3 de abril, en dirección a las montañas Harz, conocidas por sus balnearios, y en las que abundaban las minas. Tessman y Huzel buscaron desesperadamente durante todo el día un escondite apropiado, hasta que al fin dieron con una mina de hierro abandonada, en el retirado pueblecillo de Doernten. Treinta y seis horas más tarde, todos los documentos se hallaban cargados en una pequeña locomotora, y fueron introducidos en el interior de la mina, quedando depositados en el polvorín de la misma. «Misión cumplida», pensó Huzel, que se hallaba agotado por el esfuerzo realizado. Al día siguiente regresó con su colega y dinamitó la galería que conducía al polvorín. Posteriormente, el anciano guardián de la mina hizo estallar otra carga, quedando de este modo completamente sellada la galería. Sólo Tessman, Huzel y el guardián se hallaban al corriente de la situación exacta de los documentos. Y este último no tenía la menor idea del valor incalculable de los papeles que allí había escondidos.


Llegada a Nordhausen:
El 10 de abril se detuvo por completo el trabajo en la gran factoría subterránea de las «V-2», en Nordhausen. Los especialistas en proyectiles dirigidos, que entre técnicos y obreros sumaban unas 4.500 personas, se dispersaron en dirección a sus hogares, en tanto que los trabajadores forzados regresaban al cercano campo de concentración. Anteriormente ya habían sido enviados quinientos especialistas a unos cuatrocientos cincuenta kilómetros hacia el Sur, hasta Oberammergau —sede de la representación de la Pasión—, por orden del general SS Hans Kammler, comisario especial del programa de armas V, el cual evacuó a los hombres en su tren privado, el «Expreso Venganza». En la mañana del día siguiente, 11 de abril, la fuerza especial Welborn, de la 3.ª División Acorazada, se aproximaba a Nordhausen por el Norte, en tanto que la fuerza especial Lovelady lo hacía por el Sur. Ambos comandantes habían sido puestos sobre aviso por el Servicio de Inteligencia, el cual les notificó que «debían esperar algo anormal en la zona de Nordhausen».

Creyeron al principio que se trataría del campo de concentración de la ciudad, donde se amontonaban cinco mil cadáveres corrompidos en los barracones y los patios. Pero varios kilómetros al noroeste de Nordhausen, en las laderas del Harz, se encontraron con otros prisioneros vestidos con sucios pijamas rayados, los cuales afirmaron que había «algo extraordinario» en el interior de la montaña. Los dos comandantes miraron dentro del largo túnel, y vieron numerosos camiones cargados con finos cohetes provistos de aletas. Junto con el comandante William Castille, oficial de Inteligencia del Comando de Combate, ambos penetraron en las entrañas del monte. Castille manifestó que aquello parecía «la cueva de un hechicero». En ordenadas hileras aparecían distintas partes de los proyectiles «V-1» y «V-2», y la maquinaria de precisión se hallaba aparentemente en perfecto estado de conservación. Cuando el coronel Holgar Toftoy, jefe de Artillería Técnica, destinado en París, se enteró del notable hallazgo, comenzó a organizar la «Misión Especial V-2». Su tarea consistiría en trasladar cien «V-2» completas desde Alemania hasta el Polígono de pruebas de White Sands, en Nuevo Méjico. Pero como nadie se molestó en decir a Toftoy que el área de Nordhausen iba a quedar en la zona soviética al terminar la guerra, el coronel se puso a realizar su cometido sin mayores prisas.

Punto deflagración Trinity. Alamogordo


Entrega voluntaria a EE.UU.:
[...] Conforme los dos frentes aliados se iban aproximando cada vez más, se producía una especie de competencia entre el Este y el Oeste, para ver quién se quedaba con más oro, obras de arte, armas militares secretas e investigadores científicos. Un teniente norteamericano de la MAFA (Organización pro monumentos, Bellas Artes y Archivos), descubrió el escondite del «Goldener Loewe» y otros compañeros hallaron en la cercana Berchtesgaden el fabuloso tesoro de obras de arte de Goering. Muchas de las obras maestras se hallaban en cestos depositados en la estación del ferrocarril, y en el interior de varios vagones situados en un apartadero. Otros especialistas norteamericanos se ocupaban a veces de atraerse más científicos alemanes de lo que les correpondía, por la zona en que se hallaban. Así, el padre Sampson se vio envuelto en un episodio de película cómica, cuando un capitán norteamericano, que apareció de pronto en Stalag IIA, le convenció para que hiciese pasar a través de las líneas soviéticas a un conocido experto alemán en proyectiles dirigidos. Para que el grupo lograse cruzar por el último puesto de control soviético, el sacerdote se vio obligado a tomar varios vasos de vodka en compañía del comandante del puesto soviético. Cuando alcanzaron la libertad, el padre Sampson iba tambaleándose perceptiblemente. La Operación Alsos, la más clandestina de todas las de este tipo, fue llevada a cabo con éxito gracias a la tenacidad de un californiano de ascendencia rusa, el coronel Boris Pash. La fuerza especial que mandaba avanzó muy por delante de la vanguardia norteamericana y capturó una pila experimental de uranio en la Selva Negra, así como tres destacados físicos que desarrollaban el programa atómico alemán. Sin embargo, la mayor conquista que hicieron Estados Unidos en este terreno les salió por una bicoca. El doctor Wernher von Braun y sus principales ayudantes en el proyecto de la V-2, decidieron que Francia e Inglaterra no .podrían llevar a cabo un programa importante en materia de cohetes, y voluntariamente se entregaron a la 44.ª División de Estados Unidos. También fue considerable la importancia que tuvo la recuperación de las catorce toneladas de documentos relativos a la V-2, que ocultaron en la mina de Doernten los ayudantes de Von Braun, Tessmann y Huzel.

A pesar del lento comienzo, la «Misión Especial V-2» del coronel Holgar Toftoy, bajo el mando del comandante James Hamill, también logró su objetivo. Así se logró evacuar un centenar de V-2 completas de la base de Nordhausen, sólo unas pocas horas antes de que los rusos hubiesen ocupado la zona. Hamill ordenó apoderarse de los cohetes «sin que diera la impresión de que se hubiese saqueado el lugar». A pesar de ello, en aquellos momentos no sabía que se hallaba en zona soviética, por lo cual no creyó necesario destruir los cohetes que quedaban. Poco después de la partida de Hamill, llegó a Nordhausen el coronel Vladimir Yurasov, enviado allí para trasladar una fábrica de cemento a la Unión Soviética. Por casualidad, dio con las V-2 que había dejado Hamill en el gran túnel donde estaban depositadas. (J.Toland)


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