Banca: Rescate             

 

Crisis y bancos:
Las finanzas se convirtieron en el monstruo que devoró la economía mundial. (Krugman) En octubre de 2011 el FMI sitúa entre 200.000 y 300.000 millones de euros las necesidades adicionales de capital de la banca comunitaria.


Rescate: Diseño del banco malo:
La quinta reforma de sistema financiero, centrada ésta en el diseño del banco malo, al igual que las cuatro anteriores, será un rotundo fracaso. Como consecuencia, a pesar de lo que afirman tanto el gobierno español como la Unión Europea, los problemas financieros y las perspectivas económicas de nuestro país empeorarán en los próximos 6-18 meses. El viernes 31 de agosto el ejecutivo de Rajoy aprobó la que sería “la reforma bancaria definitiva de España”. Sin embargo, vamos ya por la tercera de la época Rajoy, todo un récord en nueve meses, que recibe el apelativo de “definitiva”, a las que deberíamos añadir las dos chapuzas previas del anterior ejecutivo. El banco malo en última instancia es una empresa de gestión de activos que compra todos los activos en quiebra, en definitiva todos los préstamos tóxicos no rentables que los bancos y cajas tienen en sus libros, y, posteriormente los gestiona. Inmediatamente surgen una serie de preguntas.

Bankia. Fusión. Rodrigo Rato en el centro.


Quién crea esta empresa, con qué dinero, quién la gestiona. Y si la empresa puede obtener un beneficio derivado de la “gestión” de los bienes que compra a los bancos, ¿por qué no podrían los bancos manejarlos ellos mismos? El Ministro de Economía, Luis de Guindos, en la conferencia de prensa del viernes 31 de agosto, señaló que el objetivo es que los inversores privados adquirieran una participación mayoritaria en el banco malo. Concretamente afirmó “la empresa de gestión de activos debe ser viable y no generar pérdidas y al final no debe tener ningún impacto sobre el contribuyente“. Esta afirmación simple y llanamente es falsa porque ambos objetivos son incompatibles. El gobierno debe elegir lo que quiere El gobierno deberá elegir entre sobrepagar por la compra de los activos tóxicos, sin tocar a los acreedores extranjeros, en cuyo caso la fiesta la acabarán pagando los contribuyentes patrios. O, alternativamente, proteger a los ciudadanos españoles, infrapagando en la compra de dichos activos podridos, siendo la gerencia, los propietarios y los acreedores extranjeros quienes asuman el coste por haber llevado a la insolvencia a nuestro sistema bancario, al asumir todos ellos riesgos excesivos. La única manera de que los inversores privados pongan dinero en el banco malo es si se paga un precio realista por los activos que compran. En el momento en que esos préstamos y propiedades embargadas están en manos de los bancos a un valor en libros menos provisiones, según ciertos modelos, y no a un valor de mercado, qué pasaría si el banco malo los compra a un precio de mercado. Pues obvio, los bancos tendrían una pérdida considerable. El importe de la pérdida sería la diferencia entre lo que el banco originalmente había prestado y provisionado y lo que ahora obtendría vendiendo ese préstamo en una profunda recesión. No hay forma de evitar el hecho de que los activos que se vendan hayan perdido valor. La creación de un banco malo según estos criterios, que son los únicos bajo los cuales entraría el sector privado, no hace desaparecer mágicamente esa pérdida. La única pregunta es quién la asumiría. Tal como venimos defendiendo desde el inicio de este blog, los inversores privados de los bancos rescatados deberían sufragar la mayor parte de los gastos de la limpieza del balance. No se preocupen, no ocurrirá, para eso está Guindos en el Ministerio de Economía. Los tenedores de deuda sénior, aquellos que tienen amigos en el gobierno, que a menudo están en el gobierno, los bancos, los ricos y los poderosos, los grandes inversores están protegidos. En todo caso si alguien paga parte del rescate serán los acreedores junior, es decir, los propietarios de acciones preferentes y deuda subordinada, en su inmensa mayoría españoles. Las acciones preferentes se ofrecieron a inversores profesionales que en su mayoría se negaron a comprar. El gobierno y las élites financieras decidieron que si el mercado profesional no las compraba, no quedaba más remedio que venderlas a los ahorradores patrios a través de los bancos locales, ofreciéndose bajo el calificativo de productos de bajo riesgo. Después de recortar los salarios, aumentar los impuestos, destrozar los servicios públicos, acabar con los derechos de los trabajadores, autónomos y clases medias, hundirían aún un poquito más a nuestra querida España, si al final deciden que sean solo aquellos inversores que compraron acciones preferentes quienes acaben pagando el plato roto de semejante desmán. Por supuesto, el gobierno podría evitar algunas de las consecuencias políticas de todo esto, insistiendo en que la Sociedad Gestora de Activos pagara a los bancos muy por encima del precio de mercado de los activos, más cerca de lo que los bancos deberían haber conseguido si la burbuja no hubiera pinchado. Los bancos entonces perderían muy poco. Sería el banco malo, la nueva sociedad de gestión de activos, el que compraría los activos muy por encima de lo que realmente valen la pena. En este caso ningún inversor privado entraría en el banco malo, a menos que el gobierno cree la empresa de una manera “astuta” para que los inversores privados sean los primeros en la línea en la obtención de beneficios. En otras palabras, engañar a la estructura de beneficios. En este caso todo el coste correría a cargo de los contribuyentes. ¡Qué alegría!

Transformando la deuda privada en pública:
Al final todo es más sencillo de lo que parece. La deuda privada de este país, 4,3 billones de eros, no se puede pagar, y quien la concedió en su mayoría, nuestro sistema bancario, es insolvente. Y el hecho de que el Gobierno central, actual y anterior, se haya mostrado dispuesto a avalar y garantizar gran parte, por no decir la totalidad, de la deuda privada de los bancos ha supuesto que el mercado, es decir, los acreedores de la deuda española, hayan enfocado su presión sobre las finanzas públicas, para que estén más saneadas que nunca, por si finalmente el Estado tiene que salir al rescate de impagos de la banca privada española. Al avalar deuda privada; implementar restricciones fiscales y promover bajadas salariales que hundirán por muchos años el crecimiento económico; España se encamina a una quiebra de deuda soberana. Como ya detallamos en un blog anterior, según nuestras estimaciones, las necesidades de financiación de las administraciones públicas, para el período que va entre lo que queda de 2012 y 2014, se situarán como mínimo alrededor de los 510.000 millones de euros, 300.000 de de los cuales serán deuda nueva, imposible de financiar en los momentos actuales. Según estos cálculos, muy conservadores, la deuda pública de nuestro país sobre PIB pasaría del 81% actual al 109%. El gobierno de Rajoy ya solicitó a Europa un rescate de nuestro sistema financiero, cuyo diseño supone, desde nuestro análisis, una socialización en toda regla de las multimillonarias pérdidas privadas provocadas por una élite financiera y política que, aún hoy, sin ningún tipo de rubor, sigue exigiendo sangre, sudor y lágrimas al resto de los ciudadanos. Dicho rescate, además, no valdrá para nada. Como detallamos en un blog previo, la cuantía necesaria, siguiendo el diseño implantado por las élites, rondará finalmente los 300.000 millones de euros frente a los 100.000 millones inicialmente solicitados. Ahora ya solo le queda el rescate total. ¡Qué rabia! (Juan Laborda, septiembre 2012)



Rescates y desahucios:
El profesor de finanzas la Universidad de Chicago Amir Sufi ha recogido para Estados Unidos, en un gráfico impactante, la distribución del dolor económico de la crisis actual según niveles de renta. Las cifras no dejan lugar a dudas. Para los hogares más pobres y para las clases medias, la actual crisis económica sistémica borra 20 años de acumulación de patrimonio neto. En cambio el descenso para los más ricos es apenas marginal. En nuestro país es todavía peor. Al no haber dación en pago, las familias desahuciadas, además de perder la casa, es decir, su patrimonio, siguen conservando gran parte de esa deuda hipotecaria. A ello hay que añadir la destrucción de renta derivada de una política fiscal y salarial suicida. No es extraño, por lo tanto, que algunos de los más ricos se sientan exultantes. El colapso causado por el fraude bancario generalizado apenas les ha afectado, en tanto que ha acabado con la mayor parte de los últimos diez años de crecimiento de las clases medias y bajas. Esta situación, sin embargo, ha sido en gran medida el resultado de las decisiones políticas y fiscales que han sido realizadas por los gobiernos occidentales en los últimos veinte años, en el que se fomentó una economía financieramente depredadora. Las burbujas financieras son a menudo mecanismos de transferencia de riqueza, y en nuestro país, además, responsables de un empobrecimiento generalizado, cuando finalmente acaban estallando. Desigualdad, desahucios y rescates bancarios Como ya detallamos en su momento, si los grandes bancos norteamericanos quebrados se hubieran disuelto, el 80% de los estadounidenses no habrían perdido casi nada. Por el contrario, el 5% habría perdido la gran mayoría de su riqueza y por lo tanto su poder. Este análisis se puede extender perfectamente a nuestra querida España. A diferencia de la mayoría de los ciudadanos, la élite bancaria y financiera tiene la mayor parte de su riqueza financiera en activos de deuda y derivados de todo tipo, que se evaporarían si se dejasen caer a los bancos. Si se reestructura el sistema bancario y se redujera su tamaño acorde con la economía real, serían los más ricos y poderosos los grandes perdedores. Obviamente ni lo han tolerado ni lo tolerarán. En su lugar, han diseñado una estructura de ahorro para la economía en la que su riqueza se mantiene, así como las instituciones que la controlan, y lo han hecho a nuestra costa. Esto mismo está pasando en nuestra querida España. Mientras que se rescata con dinero público a una casta financiera y política quebrada, se somete a la ciudadanía al mayor empobrecimiento de los últimos cuarenta años. Y es ahora, después de la alarma social, cuando los dos grandes partidos políticos parece que se dignan a estudiar la avalancha de desahucios. Tienen un miedo atroz a que éstos acaben convirtiéndose en esa última gota que desborda el vaso, produciendo un estallido social incontrolable para las élites. La única razón por la que nuestros gobernantes insisten en el rescate de los bancos es que al hacerlo los ricos y los poderosos simplemente se rescatan a sí mismos y garantizan la continuidad de un sistema que les conviene perfectamente. Sin embargo, no solo es el egoísmo, hay algo más, detrás se oculta toda una teoría de legitimación para confundir a los críticos y adormecer a los incautos. Desmovilización cívica y desesperanza Desde las élites dominantes se ha alentado durante mucho tiempo, desde un punto de vista político, la “desmovilización cívica“, condicionando al electorado a entusiasmarse por períodos breves, controlando su lapso de atención y promoviendo luego la distracción o la apatía. El miedo y la inseguridad laboral son la fórmula para la desmovilización política, para privatizar la ciudadanía. En este sentido, el mundo financiero, sus amigos políticos, y los medios de comunicación que controlan, la inmensa mayoría, han pasado los dos últimos años tratando de lavarnos el cerebro. “El problema ya no son los bancos, sino que es una crisis de exceso de gasto y endeudamiento público, soberano”. Mienten, las cifras no engañan. En su felonía venden machaconamente que poner el dinero en los bancos es una cuestión meramente técnica, y que el público en general no debería preocuparse. Según las élites extractivas, la ciudadanía no tiene derecho a preocuparse sobre aspectos meramente técnicos, porque no van a entender aquello que es correcto. Lo único que la opinión pública debería comprender, tal como explican aquellos que se autoproclaman expertos económicos, la mayoría pertenecientes a lobbies bien alimentados, es que el auténtico problema es el de la deuda causada por el exceso de gasto público. De nuevo mienten como bellacos. Estos mismos incompetentes insisten en que no hay conexión entre las enormes sumas que las distintas naciones han inyectado a los bancos y el globo repentino de la deuda soberana en dichas naciones. Se niegan a ver cualquier conexión entre las políticas de reducción del gasto público en la economía real y una contracción de esa economía. Se niegan, en definitiva, a reconocer la relación causa-efecto entre rescates bancarios a costa de los contribuyentes y un empobrecimiento masivo de la ciudadanía. Sin embargo, están sembrando demasiados vientos, demasiados agravios. Y en una situación de desesperanza y de exclusión social la situación puede volverse incontrolable. (Juan Laborda, 11/11/2012)



Rescates contra el interés mayoritario:
Mientras desde Bruselas y Berlín se esperaba que Italia tragara la amarga factura de austeridad, el resultado final de las elecciones en el país transalpino ha supuesto un duro golpe para el proyecto europeo trazado por las élites extractivas. Al final hubo un enorme voto de castigo canalizado, sobre todo, a través de Beppe Grillo y su Movimiento Cinco Estrellas. Su campaña contra la austeridad acabó cuajando especialmente entre el electorado joven. El fracaso de Mario Monti para hacer la transición de tecnócrata a político viable sólo añade sal a la herida y su voto no será lo suficientemente grande como para ayudar a Bersani formar un gobierno viable. Por cierto, Bersani arrasó entre los tres millones de votantes que viven en el extranjero y ejercieron su derecho al voto. No hay nada como viajar para desprenderse de populismos hilarantes como el de Berlusconi. La reacción de los mercados no se hizo esperar, se produjeron descensos en los mercados bursátiles globales y un fuerte incremento en las primas de riesgo de los bonos periféricos respecto a Alemania. Sin embargo, no desviemos la atención, el proceso de aversión al riesgo ya se había iniciado en las últimas semanas y solo necesitaba de catalizadores para continuar la única senda posible, el colapso de los mercados de riesgo en 2013. Destaca, especialmente, la fuerte caída absoluta y relativa del sector bancario patrio y europeo. El mercado interpretó razonablemente el hastío de la ciudadanía y la necesidad urgente de cambiar la actual política económica. Frente a la austeridad, la alternativa de reordenar y reducir del tamaño del sistema bancario patrio y global, que además conlleve una disminución de la deuda privada y pública existente, y donde los acreedores sufrieran la correspondiente quita. Como advertía Willem Buiter a finales de 2010, “no tenemos mucha experiencia sobre la voluntad de los electores en tiempos de paz de soportar años de austeridad, crecimientos económicos negativos, y aumento del desempleo, pero eso es lo que se conseguirá, salvo que se opte por una reestructuración de la deuda, pública y privada” Ortodoxia económica y rescates bancarios Las medidas económicas adoptadas por el ejecutivo Monti o el gobierno de Rajoy, el portugués o el griego, además de ser ineficientes desde un punto de vista económico, reavivan una brutal lucha de clases. De un lado, los protegidos, que no son otros que los acreedores que tomaron riesgos excesivos, la élite bancaria insolvente, y la clase empresarial que siempre ha jugado con las cartas marcadas. De otro, los perdedores, la ciudadanía en su conjunto, representada por los trabajadores, las clases medias, los empresarios-emprendedores, y, sobretodo, los más desfavorecidos. La única razón por la que nuestros gobernantes siguen insistiendo en la actual mezcla de políticas económicas (expansión monetaria, restricción fiscal, y deflación salarial) es porque con ella se benefician a las élites extractivas. Se liberan recursos que se destinan al rescate de sistemas bancarios quebrados. Al rescatar a los bancos los ricos y los poderosos simplemente se rescatan a sí mismos y garantizan la continuidad de un sistema que les conviene perfectamente. Sin embargo, no solo es el egoísmo, hay algo más, detrás se oculta toda una teoría de legitimación para confundir a los críticos y adormecer a los incautos. De nada les va a servir. Nuestros líderes ni siquiera consideran que podrían estar equivocados. Siguen insistiendo, como lo han hecho desde el principio, en que “no hay alternativa”. Llámenlo rescate bancario, expansión cuantitativa, política monetaria, o suicidio. Lo que importa es que todavía siguen haciendo lo mismo, es decir, depositar miles y miles de millones de euros de nuestros bolsillos para mantener bancos totalmente zombis, que jamás volverán a hacer aquello para lo cual fueron creados. Algunos ingenuos pensaban que cuando aquellos líderes se embarcaban en una política de rescate de las deudas de los bancos privados, al menos eran sinceros, que realmente trataban de arreglar las cosas a favor de la ciudadanía en general. La realidad es bien diferente. Ahora queda terriblemente claro que banqueros, políticos, y “expertos”, ninguno de ellos, tiene la menor intención de estar al lado de la ciudadanía en todo aquello que se nos está imponiendo. A diferencia de la mayoría de los ciudadanos, la élite bancaria y financiera tiene la mayor parte de su riqueza financiera en activos de deuda y derivados de todo tipo, que se evaporarían si se dejasen caer a los bancos. Si se reestructura el sistema bancario y se redujera su tamaño acorde con la economía real, serían los más ricos y poderosos los grandes perdedores. En su lugar, han diseñado una estructura de ahorro para la economía en la que su riqueza se mantiene, así como las instituciones que la controlan, y lo han hecho a nuestra costa.

Por qué colapsarán los mercados de riesgo:
En este contexto de crisis económica, social, y política, el único aspecto táctico que hasta ahora ha evitado un ajuste brusco en los mercados de riesgo es la política monetaria de los Bancos Centrales (FED, Banco de Inglaterra, y BCE), por continuar con una expansión cuantitativa de su balance. El actual “carry trade” del dólar estadounidense, asociado a la política monetaria de la FED, comenzó en marzo de 2009 con la primera expansión cuantitativa QE1, y duro hasta principios de 2010, pero desde octubre de 2010 se reactivó con una expansión cuantitativa adicional, QE2. Es interesante observar que la primera expansión cuantitativa tuvo éxito porque las valoraciones bursátiles y de los distintos activos de riesgo a cierre de 2008 eran muy atractivas, los activos de riesgo estaban infravalorados. Ahora, inmersos en la Q3, estamos en la situación contraria, las bolsas están caras, especialmente la americana, que a los precios actuales en el medio plazo dará rentabilidades negativas. Todos los episodios de QE por parte de la FED, o las operaciones de LTRO por parte del BCE, y otras intervenciones similares han basado su efecto, en esencia, en un recorte de los tipos de interés a niveles tan bajos que los inversores se sentían obligados a seleccionar valores de mayor riesgo en la búsqueda de rentabilidad. Lo que Bernanke considera como un “efecto riqueza” es simplemente una sobrevaloración de los flujos de caja existentes, a cambio de rendimientos futuros muy bajos, según nuestros cálculos negativos. Esta no es creación de riqueza, sino que simplemente es una distorsión del perfil temporal de la rentabilidad. En definitiva, según nuestras previsiones, se ha repetido el comportamiento de los mercados financieros previo al colapso de 2000 y 2008, y los bancos centrales, guiados por los monetaristas Ben Bernanke y Mario Draghi, son los responsables de ello. (Juan Laborda,28/02/2013)


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