Atraco a las cajas             

 

Seguridad Social

Atraco a las cajas:
A mediados del año pasado escribí un artículo en estas mismas páginas (Adiós a las cajas) donde hacía una reflexión sobre el futuro de la cajas de ahorro españolas. En aquella ocasión trazaba un recorrido histórico por unas entidades que tienen su origen en los Montes de Piedad, creados en el siglo XV en torno a la orden franciscana para conceder préstamos sin interés a los más desfavorecidos, y que evolucionaron en el siglo XIX, al amparo de órdenes religiosas y organizaciones de protección a los pobres, para defender a los desprotegidos de los embates de los prestamistas y usureros. Además de hacer hincapié en su carácter de fundaciones privadas sin ánimo de lucro, gestionadas por sus impositores, los propios trabajadores y el conjunto de la sociedad a través de los representantes de las administraciones públicas locales y autonómicas, destacaba su acentuado papel de protector del ahorro familiar y agente de desarrollo de los “territorios” más inmediatos (familias, pymes, municipios), lo que había hecho posible el que se captara el 51% de los ahorros de los españoles, y que los beneficios obtenidos fueran devueltos a la sociedad a través de la Obra Social. Advertía entonces también que desde lo más profundo del capitalismo, y dentro de esta guerra que han emprendido contra lo público, el Estado de bienestar y la democracia, se había desatado una virulenta campaña contra ellas y que el presidente Rodríguez Zapatero, alentado por Aznar, el PP, la derecha mediática, socialdemócratas como Fernández Ordóñez, Almunia, etc, había puesto en marcha un proceso que abría todas las puertas a la privatización total de las cajas, en una operación que produciría la pérdida de treinta mil empleos, el cierre de miles de oficinas, la prejubilación de miles de empleados que pagaríamos todos y la desaparición de las obras sociales (el 25% de sus ganancias) que contribuyen como nada y como nadie al bienestar social de la ciudadanía. Desgraciadamente todo lo apuntado en aquel artículo de julio se está cumpliendo a rajatabla, aunque tengo que confesar que nunca pensé que se atreverían a tanto en tan poco tiempo. Pero lo tenían todo muy bien programado. Ya a finales de ese mismo mes el Gobierno y el Banco de España empezaron a anunciar que había que proyectar nuestras cajas hacia un modelo bancario para poder ejercer un mayor control sobre ellas, reforzarlas y apartarlas de los políticos. Intuyo que se trataba de un globo sonda para medir el grado de sometimiento y pasividad de los hombres y mujeres de este país, a lo que se ve, bastante sumisos. Con la complicidad de las bancas oficiales europeas, españolas y los fondos de control internacionales del capital, los grandes grupos inversores comenzaron a dar señales, empezaron a salivar: el bocado que estaba a la vista era muy apetitoso. Se suceden en cascada entonces el despido de trabajadores, se reducen sueldos de las plantillas (de los directivos no) y se recrudecen los movimientos de los Sistemas Institucionales de Protección (SIP), del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), los instrumentos para el mochazo, que empiezan a recibir la órdenes de proceder a vaciar las cajas. Desde todos los frentes de la derecha y la socialdemocracia plegada a los mercados, empiezan a circular los mismos mensajes: “Hay que urgir a las cajas a ser bancos”(subdirector del BE), “Hay que erradicar a los políticos de las cajas de ahorro” (editorial de El Mundo)… Los grandes Fondos extranjeros (no nos olvidemos, los causantes de la crisis), en una nueva oleada de acoso y derribo, empiezan a afilar sus uñas y a contactar con consultoras y bancos de inversión para preparar el asalto, dado que creen que pueden conseguir una elevada rentabilidad en cinco años porque estas entidades tienen ahora unos precios muy inferiores a los que les corresponden en condiciones normales -¡qué casualidad!-… Y las cosas se precipitan. En la última semana el Gobierno anuncia que exigirá en un mes la conversión de las cajas en bancos, el FROB se mueve para atraer inversores ofreciendo las últimas medidas del Gobierno (nacionalizaciones parciales, cambios legislativos para facilitar y acomodar las precios de desmantelamientos y una recapitalización fraudulenta y especulativa) y los mercados aplauden hasta con las orejas y más desde que Fernández Ordóñez anuncia que tiene “manos libres” para actuar. Y menos mal que este trabajo sucio lo están haciendo los socialistas a través de un partido que aún tiene la o de obrero en sus siglas. Sin el menor pudor, por “el interés de España”, y desde la indiferencia de la generalidad de los ciudadanos, se anuncia que se van a destinar 30.000 millones de euros, de dinero público, de todos, para nacionalizar y sanear a las cajas de ahorro para después venderlas al mejor postor, a los grandes emporios financieros, como ya se hizo en su día con la banca pública, las telefónicas, las eléctricas, la aviación civil, etc.

Sin la menor transparencia, sin un debate público democrático, estamos asistiendo ante uno de los mayores robos perpetrados con auténtica alevosía a los ciudadanos de este país. En pocos meses vamos a ver cómo desaparecen totalmente nuestras cajas de ahorros y con ellas una obras sociales (que sí, que desaparecen totalmente, aunque digan que se crearán fundaciones por los bancos compradores, que a la postre serán únicamente figuras decorativas a expensas de las cuentas de resultados y del reparto de dividendos) que según Peridis (El País, 1-8-10) destinaron en el año 2008 más de 3.000 millones de euros a asistencia social y sanitaria, y a cultura y mantenimiento del patrimonio histórico, artístico y natural, lo mismo que la fundación de Bill Gates. Lo malo es que, como él mismo dice, este dinero lo tendrán que poner las administraciones públicas, pero como no lo tiene y como no se puede gastar porque lo dicen los mismos mercados, serán los más débiles quienes lo terminen sufriendo, como siempre. En pocos meses vamos a ver como el capital privado, el más especulador, se va a quedar con la totalidad de las cajas españolas y desaparecerán unas entidades sin fin de lucro, cercanas, próximas, sensibles con la realidad del territorio, sus familias y sus pequeñas y medianas empresas. Y si una de las razones que dan para este atraco es que se realizó una mala gestión fruto de la burbuja inmobiliaria y el crédito fácil y frágil ¿dónde estaba entonces el Banco de España y su gobernador? Y si otro de los argumentos es que se produjeron episodios de corrupción en la gestión ¿acaso no pasó igual en la banca privada? Lo cierto es que desaparecen nuestras cajas y que se las quedan, ya verán que a precio de saldo, precisamente los que han provocado toda esta situación. Que ocasión perdida para crear una auténtica banca pública ya implantada y aceptada y que ocasión desperdiciada por la ciudadanía para ejercer sus derechos, para evitar este atraco a las cajas, a todos nosotros. Pero ni una ni otra cosa va a ser posible en esta democracia de mínimos. La mayor rebelión que se nos ocurre es votar al PP. Será que es lo que nos merecemos. (Antonio Morales)


Mala gestión de las cajas en crisis: Creía que no valía la pena escribir sobre la fallida, por injusta e ineficaz, reestructuración de nuestro sistema financiero; pero las condiciones de la llegada de los dineros del rescate bancario, cuyo viaje me recuerda al famoso barco del arroz del que se hablaba en Sevilla en los años del hambre, me mueven a hacerlo: todavía no he superado la incredulidad ante lo expresado por el Comisario Sr. Almunia, siempre ayudando, con el beneplácito y contento del Ministro de Economía. Se veía venir desde que se firmó el ominoso MOU, pero cabía la esperanza de que las autoridades españolas, y especialmente el jefe del Gobierno, pudieran enmendar su contenido, a la vista de los incumplimientos sobre la Unión Bancaria, que fue la zanahoria para pedir el rescate. No ha sido así y los españoles tenemos que cargar con una losa añadida que se nos impone, no para crear riqueza y seguridad, sino para pre liquidar una parte significativa, alrededor del 30%, del sistema financiero. Se ha producido un silencio sepulcral, roto por algunos comentarios aislados, indicativos de la pesadumbre del país y del encefalograma plano de las instituciones, con el propio Parlamento a la cabeza. ¿Cómo hemos llegado a esto? Hagamos un poco de memoria. La exuberancia crediticia a la española Durante años, las entidades de crédito españolas participaron activamente de lo que Alan Greesnpan, anterior gobernador de la Reserva Federal, denominó la exhuberancia irracional de los mercados, en versión hispánica: volcarse en la financiación de viviendas y abastecerse de crédito abundante y barato fuera de España para engordar los balances. Especulación rampante y un Edén nutrido de ladrillos que abarcó casi toda nuestra geografía para felicidad de muchos, autoridades incluidas, que nunca se habían visto en otra. Pero ese castillo se desplomó allá por 2007 y nada estaba previsto. Los españoles ya sabemos algo de eso, sean catástrofes naturales, incendio de Guadalajara, o de otro tipo, Madrid Arena. Entre los cascotes del derrumbamiento quedó sepultado alrededor del 20% del PIB, el sector de la construcción, en números unos 2500000 millones de euros, cerca del 15% de los activos del sistema crediticio nacional. A partir de ese desastre, se inició la larga marcha para deglutir las pérdidas ingentes sin prever las consecuencias de la depresión económica que llevaban aparejada. Cuando la mayoría de los gobiernos de Europa y de Estados Unidos pusieron dinero en bancos y empresas, tomando el control exigible a cualquier administrador público, aquí nos dedicamos a los circunloquios contables y a dar rienda suelta a fusiones y agregaciones de entidades con problemas, fundamentalmente cajas de ahorros, ¿se acuerdan de lo del tamaño?, y confiar que el negocio fuera proveyendo dotaciones crecientes para ir asumiendo pérdidas. En vez de optar por la ordenación racional y equilibrada del sector del ahorro popular, bajo la dirección pública, se optó por el desbarajuste regulatorio y la parálisis de su actividad. Lo mismo que no se previó el hundimiento tampoco se calibró su trascendencia y duración. Un gran error, agravado por la inexistencia de cambios de administradores y gestores de las instituciones problemáticas. La crónica del mismo está en las hemerotecas y en el BOE, testimonio vivo del estado de excepción financiera apoyado por casi todo el arco parlamentario y jaleado por muchos medios de opinión que se nutrían del culebrón de la restructuración crediticia. Faltó poco para no ocupar espacios en la tele basura. Mucha regulación y ausencia de gestión Sí conviene decir que la unanimidad en relación con esas políticas solo fue rota por voces discrepantes aisladas, como señalaba recientemente Raimundo Poveda antiguo Director General del Banco de España, entre las que se encontraba el entonces presidente de la CECA, Señor Quintás, que advirtió de los males que se derivarían de aquellas. Terminó dimitiendo y el camino quedó expedito. En 2009/10 fueron intervenidas o nacionalizadas tres cajas de ahorros y las autoridades decidieron rehuir la gestión de las mismas, para lo que estaban perfectamente legitimadas, y prefirieron entregarlas, generosamente dotadas de recursos públicos, sin contrapartidas conocidas. Modelo, en mi opinión, bastante discutible y, desde luego, nada exigente con el dinero de los contribuyentes. Lo peor es que no sirvió para detener la gangrena y evitar el descrédito. No se trata de dar lanzadas a moro muerto, las autoridades de entonces y sus acompañantes, de lo que se trata es de insistir en la necesidad de abandonar prácticas letales para el país. Y no vale escudarse en la Unión Europea: eran y son políticas y acuerdos domésticos. Por otra parte, el economicidio siguió su curso, entendiendo por tal el exterminio de las cajas de ahorros, confundiéndolas interesadamente con sus gestores: una turbamulta de normas para promover cambios societarios, aumentar las exigencias de capital e impulsar salidas a bolsa en tiempo record. El resumen de todo se concretó en nuevas nacionalizaciones de entidades, en el marco del FROB, y la concesión de préstamos onerosos a otras, cuya devolución se aventura dudosa. Se mantuvieron inalterados la inhibición del Estado en la gestión y el mantenimiento de los administradores. Se prolongaba el deterioro y se estigmatizaba ante la opinión pública a las cajas o bancos que, directa o indirectamente, pasaran a control del Estado. ¡Riesgo reputacional por estar en manos del Estado! Hasta ahí llega la sinrazón. El mundo al revés, incluso para cualquier liberal. Con lo ocurrido después, que merece otro comentario, se entiende casi todo. En dos años, 2009/2011, la carcoma se adueñó de todo el sistema crediticio, pocos se salvaron de sus efectos, los bancos multinacionales y poco más. El balance de daños y sus cifras, que ahorro al lector por respeto a su equilibrio emocional, es digno de un cuadro de Valdés Leal. En la segunda mitad de 2011 España ya estaba prácticamente intervenida y nuestro sistema crediticio sobreviviendo gracias a las líneas de crédito, alrededor de 300000 millones de euros, del Banco Central Europeo. ¿Qué remedio después de haber sido éste uno de los impulsores de la expansión crediticia? Al BCE, mientras su colegio de gobernadores discute sobre galgos y podencos, le queda un largo horizonte de mantenimiento de esa respiración asistida, si quiere evitar el crac. Pero los españoles, que eligieron un nuevo gobierno, rodeado de grandes expectativas, iban a comprobar pronto que las políticas del economicidio se mantendrían sin solución de continuidad. Acabamos de constatarlo. (Manuel Muela, 10/12/2012)

 
       

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