Capital             

 

Fabrica Capital:
Término genérico que designa un conjunto de bienes y una cantidad de dinero de los que se puede obtener, en el futuro, una serie de ingresos. En general, los bienes de consumo y el dinero empleado en satisfacer las necesidades actuales no se incluyen en la definición económica de la teoría del capital. Por lo tanto, una empresa considerará como capital la tierra, los edificios, la maquinaria, los productos almacenados, las materias primas que se posean, así como las acciones, bonos y los saldos de las cuentas en los bancos. No se consideran como capital, en el sentido tradicional, las casas, el mobiliario o los bienes que se consumen para el disfrute personal, ni tampoco el dinero que se reserva para estos fines. Desde el punto de vista de la contabilidad, el capital se define como la suma de las propiedades de un individuo o una corporación, en un momento dado, a diferencia de los ingresos derivados de esas propiedades a lo largo del tiempo. Una empresa de negocios tendrá, por tanto, una cuenta de capital (normalmente denominada balance), que refleja los activos de la empresa en un determinado momento, y una cuenta de ingresos que refleja los flujos de activos y pasivos durante un periodo de tiempo determinado. Para los economistas del siglo XIX, el término ‘capital’ se refería únicamente a la parte de la riqueza que había sido anteriormente producida. La riqueza no producida, como la tierra o los yacimientos de minerales, no se incluían en la definición. Los ingresos provenientes del capital (según esta definición) se denominaban beneficios o interés, mientras que los ingresos provenientes de los recursos naturales se denominaban rentas. Los economistas contemporáneos, que consideran que el capital es únicamente un conjunto de bienes y dinero que sirve para producir más bienes y dinero, ya no hacen la anterior distinción. Se pueden distinguir varias clases de capital. Una clasificación muy común distingue entre capital fijo y capital circulante. El capital fijo incluye medios de producción más o menos duraderos, como la tierra, los edificios y la maquinaria. El capital circulante se refiere a bienes no renovables, como las materias primas o la energía, así como los fondos necesarios para pagar los salarios y otros pasivos que se le puedan exigir a la empresa. Normalmente, una empresa considerará capital líquido todos aquellos activos que puedan convertirse fácilmente en efectivo, como los productos acabados, las acciones y los bonos. Por el contrario, todos aquellos activos que no se puedan convertir fácilmente en efectivo, como los edificios y las máquinas, se considerarán capital fijo. Otra clasificación importante es la que distingue el capital productivo del capital financiero. La maquinaria, las materias primas y otros bienes físicos constituyen el capital productivo. Los pasivos de la empresa, como los títulos valores y las cantidades a recibir se conocen como capital financiero. La liquidación del capital productivo reduce la capacidad productiva de la empresa, pero la liquidación del capital financiero únicamente afecta a la distribución de los ingresos.

Teorías del capital:
Los economistas franceses del siglo XVIII, a los que se denomina fisiócratas, fueron los primeros que expusieron un sistema económico. Su trabajo fue posteriormente desarrollado por Adam Smith, de donde surgió la teoría clásica del capital tras su posterior perfeccionamiento por parte de David Ricardo a principios del siglo XIX. Según la teoría clásica, el capital se define como el conjunto de valores creados mediante el trabajo. Una parte de este capital viene dado por los bienes de consumo utilizados por los trabajadores que producen bienes para el consumo futuro. Otra parte está determinada por los bienes de producción utilizados en la producción para obtener rendimientos futuros. La utilización de los bienes de capital aumenta la productividad del trabajo, posibilitando la creación de una plusvalía superior a la que se necesita para mantener la fuerza laboral. Esta plusvalía es el interés o el beneficio que se paga al capital. El interés, o los beneficios, se suman al capital cuando se reinvierten en la producción. Karl Marx y otros autores socialistas aceptaban la visión clásica del capital añadiendo un importante matiz. Consideraban que sólo podían ser considerados capital los bienes productivos que permitían obtener ingresos independientemente del trabajo realizado por su dueño. Por lo tanto, las herramientas de un artesano o las tierras de un pequeño propietario no podían considerarse como capital en este sentido. Los socialistas defendían que el capital termina siendo una fuerza determinante en la sociedad cuando un reducido grupo de personas, los capitalistas, poseen la mayor parte de los medios de producción, y un grupo mayoritario de personas, los trabajadores, reciben poco más que unos medios de subsistencia como pago por la manipulación de los medios de producción que sólo benefician a sus propietarios. A mediados del siglo XIX, los economistas británicos Nassau William Senior y John Stuart Mill, entre otros, consideraban que la teoría clásica no era satisfactoria, principalmente debido a que favorecía los argumentos de los socialistas. Para reemplazarla, crearon una teoría psicológica del capital basada en una investigación sistemática de los motivos de la moderación o abstinencia. Partiendo del supuesto de que la satisfacción debida al consumo presente es preferible, psicológicamente, a la satisfacción futura, defendían que el capital se origina en la privación del consumo de aquellas personas que desean un rendimiento futuro que compense su actual abstención. Dado que esas personas están dispuestas a renunciar al consumo presente, la capacidad productiva puede desviarse de la producción de bienes de consumo para producir más medios de producción o bienes de capital; de esta forma se aumenta la capacidad productiva de un país. Por lo tanto, al igual que el trabajo físico justifica el pago de salarios, la abstinencia justifica el pago de intereses o beneficios. Dado que la teoría de la abstinencia se basa en juicios subjetivos, no puede considerarse como una base válida para el análisis económico objetivo. Concretamente, era incapaz de explicar por qué la tasa de interés o los beneficios son los que son y no otros. Con el fin de evitar estas deficiencias, el economista austriaco Eugen Böhm-Bawerk, y el británico Alfred Marshall, así como otros autores, intentaron unir la teoría de la abstinencia y la teoría clásica del capital. Coincidían con los teóricos de la abstinencia en que la posibilidad de rendimientos futuros incentivaba a los individuos para que se abstuvieran de consumir ahora y utilizaran parte de sus ingresos para aumentar la producción, pero añadían, en consonancia con la teoría clásica, que la cuantía de los rendimientos depende de las ganancias de productividad resultantes del aumento de capital utilizado en el proceso productivo. Estos aumentos de capital alargan el proceso de producción (en lugar de producir bienes de consumo hay que esperar a terminar de producir los bienes de capital: maquinaria, etcétera), por lo que aumenta el tiempo necesario para obtener rendimientos. Por lo tanto, se pensaba que la cantidad de dinero que se ahorra, y en consecuencia la cantidad de capital creado, dependían del equilibrio entre el deseo de una satisfacción inmediata, derivada del consumo presente, y el deseo de obtener ganancias en el futuro, derivadas de un proceso de producción más largo. El economista estadounidense Irving Fisher fue uno de los que contribuyeron al desarrollo de esta teoría ecléctica del capital. John Maynard Keynes rechazaba esta teoría porque no conseguía explicar las diferencias entre el dinero que se ahorra y el capital creado. A pesar de que, según la teoría ecléctica y, de hecho, según todas las teorías anteriores sobre el capital, el ahorro siempre tenía que ser igual a la inversión, Keynes demostró que la decisión de invertir en bienes de capital es independiente de la decisión de ahorrar. Si las inversiones no son rentables, se seguirá ahorrando a la misma tasa, pero los individuos, las empresas y los bancos tendrán una fuerte “preferencia por la liquidez“, conservando sus ahorros en lugar de invertirlos. La preferencia por la liquidez provocará un desempleo del capital, lo cual, a su vez, provocará un desempleo o desocupación de la mano de obra.

Historia:
Aunque las teorías sobre el capital son todas relativamente recientes, el capital, como tal, ha existido en las sociedades civilizadas desde la antigüedad. En los antiguos imperios del Lejano Oriente y del Oriente Próximo, y en mayor medida en el mundo grecorromano, se utilizaba el capital en forma de herramientas y equipos sencillos para producir tejidos, cerámica, cristalería, objetos metálicos y muchos otros productos que se vendían en los mercados internacionales. Tras la caída del Imperio romano, la desaparición del comercio en Occidente acarreó una menor especialización en la división del trabajo y redujo la utilización del capital en la producción. Las economías medievales se basaban fundamentalmente en una agricultura de subsistencia, por lo que no se las puede considerar economías capitalistas. Con las Cruzadas empezó a resurgir el comercio. Esta reaparición del comercio se aceleró a escala mundial durante el periodo de los descubrimientos y colonizaciones de finales del siglo XV. El aumento del comercio favoreció una mayor división del trabajo y una mecanización de la producción, estimulando así el crecimiento del capital. Los flujos de oro y plata provenientes del Nuevo Mundo facilitaron el intercambio y la acumulación de capital, estableciendo las bases para la Revolución Industrial, gracias a la cual los procesos productivos se alargaron, necesitando mayores aportaciones de capital. El papel del capital en las economías de Europa Occidental y América del Norte fue tan importante que la organización socioeconómica prevaleciente en estas zonas desde el siglo XVIII hasta el siglo XX se conoce como sistema capitalista o capitalismo. En las primeras etapas de la evolución del capitalismo, la inversión en fábricas y maquinaria fue relativamente pequeña, siendo el capital predominante el capital circulante o mercantil, es decir, los bienes en circulación. Sin embargo, a medida que la industria iba desarrollándose, el capital industrial, o fijo —por ejemplo, el capital representado por los molinos, las fábricas, las vías férreas y otras instalaciones industriales y de transportes—, fue el que predominó. A finales del siglo XIX y principios del XX, el capital financiero, en forma de pasivos sobre la propiedad de los bienes de capital en todos los sentidos, fue adquiriendo mayor importancia. Al crear, adquirir y controlar estos pasivos, los financieros y los banqueros adquirieron un mayor control sobre la producción y la distribución. Tras la Gran Depresión de la década de 1930, el control financiero fue sustituido, en casi todos los países capitalistas, por el control del Estado. Una gran parte de los ingresos de Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países proviene de los gobiernos, los cuales, como sector público, ejercen una notable influencia a la hora de regular estos flujos, por lo que determinan la cantidad y el tipo de capital creado.


Espectadores privilegiados de Occupy Wall Street Negocio:
Operación compleja relativa a todas las funciones relacionadas con la producción, distribución y venta de bienes y servicios para satisfacer las necesidades del comprador y dar beneficios al vendedor. En el mundo moderno el control de la producción está en manos de empresarios y propietarios individuales, que organizan y dirigen las industrias, hacia la obtención de beneficios económicos. Desde el inicio de la extraordinaria era de progreso económico originada por la Revolución Industrial, se han modificado las antiguas costumbres de hacer negocios, y se han creado nuevas formas de organizaciones empresariales. Esto ha permitido que varias ramas industriales se adaptaran a los distintos contextos y pudieran funcionar más fácil y eficientemente. A continuación se describen los distintos tipos de empresas. 2 PROPIEDAD INDIVIDUAL Bajo este tipo de organización, el propietario es el único responsable del negocio y de su éxito o fracaso. Salvo que una ley prohíba expresamente un negocio en concreto, esta forma de propiedad puede desempeñar cualquier tipo de actividad. Aunque existen ciertas ventajas inherentes a este tipo de modelo, no es una organización eficaz para emprender grandes negocios. En primer lugar, rara vez puede un único propietario invertir tanto capital como una sociedad o una corporación. Si los propietarios individuales invierten grandes cantidades de capital, asumen la posibilidad de perderlo todo porque son directamente responsables de todas las deudas de su empresa. Esto se denomina responsabilidad ilimitada. Esta forma de propiedad es la más habitual en el sector de la agricultura. 3 SOCIEDAD Una sociedad es una asociación empresarial entre dos o más personas que acuerdan combinar sus activos financieros, trabajo, propiedades y capacidades. El acuerdo mediante el que se crea este tipo de asociación se denomina contrato de sociedad y puede incluir claúsulas sobre la política general a seguir, distribución de beneficios, responsabilidades fiscales y el periodo de tiempo que durará la sociedad. Salvo que se establezca que la responsabilidad está limitada a una persona, todos los accionistas responden solidariamente ante las pérdidas, y por tanto, son ellos quienes se reparten pérdidas y deudas. 4 LA CORPORACIÓN La figura de la corporación se creó para tener un instrumento financiero sin la debilidad de la empresa de propiedad individual ni la de las sociedades. En general, las leyes sobre corporaciones que establecen los requisitos exigibles a las personas que quieren formar una corporación varían en cada país. Cuando estos requisitos se cumplen se procede a establecer los estatutos. Las combinaciones de distintos tipos de negocios se pueden clasificar atendiendo diversos criterios. Las principales integraciones son las siguientes: una integración vertical se caracteriza por ser un conjunto de empresas que se dedican, cada una de ellas, a una de las distintas etapas en la producción o el marketing de un producto. Una horizontal implica el control único de varias empresas que venden los mismos productos. Una complementaria es aquella realizada por varias empresas que venden productos parecidos, pero que no compiten entre sí. La integración implica a empresas de industrias distintas, como por ejemplo, cuando una empresa de automóviles es propietaria de una empresa de alimentos o de una editorial. A medida que crecía la competencia entre distintos negocios, aparecieron nuevas y más complejas combinaciones corporativas. Una fusión consiste en la absorción de una o varias empresas por otra. Cuando se crea una unión, las corporaciones participantes crean una nueva corporación, cambiando sus acciones por las de la nueva corporación y reemplazando los estatutos de cada empresa por uno común. La dirección conjunta se produce cuando los directivos de una o varias corporaciones pertenecen al consejo de administración de cada empresa. Cuando un pequeño número de personas, con intereses distintos, tienen acciones, conjuntamente, de una o varias empresas, estamos ante lo que se denomina una comunidad de intereses. Una combinación corporativa contraria al espíritu y la letra de casi todas las leyes sobre la competencia es el cártel, una asociación voluntaria entre empresas privadas con el fin de coordinar sus prácticas de marketing. Pueden llegar a acuerdos sobre la fijación de precios, limitación de la producción, reparto de mercados y puesta en común de los beneficios. La corporación multinacional tiene una especial relevancia económica. Este tipo de empresas son grandes negocios y tienen instalaciones para la producción a gran escala en todo el mundo; en algunos casos, sus entradas llegan a superar los ingresos totales de algunos de los países en los que operan. 5 REGULACIÓN PÚBLICA DE LOS NEGOCIOS El interés público requiere que la organización y las operaciones que realizan las empresas estén sujetas a la regulación pública, por lo que se han dictado numerosas leyes para asegurar el pluralismo competitivo de la producción y el comercio. Las prácticas monopolísticas y de los trusts están prohibidas por las leyes sobre la competencia tanto en el ámbito nacional como, dentro de la Unión Europea, en el orden internacional. 6 BENEFICIOS Y RESPONSABILIDAD En una economía de libre mercado, los negocios funcionan según la teoría que dice que tendrán beneficios en tanto en cuanto sean útiles para la comunidad en la que operan. La responsabilidad hacia los consumidores es un principio esencial, por lo que medidas como otorgar una garantía benefician al consumidor, al tiempo que realzan la reputación del vendedor. La ética de los negocios depende del sistema de competencia que hace que la satisfacción del consumidor resulte una práctica rentable.


Economía de libre mercado
Modelo económico según el cual, con la excepción de determinadas actividades consideradas propias del Estado (como la defensa nacional, la promulgación de leyes o el mantenimiento del orden público), todas las actividades y transacciones económicas dependen exclusivamente de la libre iniciativa de los individuos. Una economía de libre mercado es aquella que genera un entorno en el que los individuos son libres de intentar alcanzar sus objetivos económicos en la forma que consideren más adecuada, sin la intervención del Gobierno. En este contexto económico, los individuos toman con libertad decisiones sobre su empleo, la utilización de su capital y el destino de sus recursos; por ejemplo, cómo distribuyen sus ingresos entre ahorro y consumo o cómo distribuyen su consumo entre los distintos bienes disponibles. Pero existen ciertos aspectos relativos al funcionamiento de la economía de mercado que siguen siendo polémicos. En primer lugar, existe cierta controversia en torno a qué actividades deben dejarse en manos del Estado y cuáles pueden adjudicarse a la iniciativa privada. Así, se suele defender que, puesto que el derecho a la vida, a la libertad y a la protección ante el ataque de un conciudadano es un derecho fundamental, no debe caer en manos del mercado su protección: el derecho a la seguridad y al orden público no deberían depender de la capacidad adquisitiva del individuo. Además, hasta cierto punto los servicios de la ley y el orden constituyen un bien público ‘puro’, en el sentido de que si una patrulla policial ronda un barrio para evitar robos, protegerá todas las viviendas por el mismo precio, sin tener que incurrir en nuevos costes por el hecho de que se construya una nueva vivienda. No obstante, existen muchas empresas privadas de seguridad y algunos individuos incurren en elevados gastos para garantizar su protección. Un guarda de seguridad contratado por un banco no tiene por qué evitar que se asalte a una anciana en la esquina de la calle. Por lo tanto, es difícil establecer una línea divisoria entre las actividades que deben dejarse en manos del sector público y aquéllas que pueden confiarse a las fuerzas del mercado. En los últimos años se asiste a una rápida proliferación de servicios de seguridad privados —en algunos casos, pequeños ejércitos— que, en opinión de múltiples autores, podría conducir a la extinción de uno de los rasgos fundamentales del Estado-nación: el monopolio de la violencia. De forma semejante, en muchos países se acepta que los derechos humanos —por ejemplo, el derecho a la vida y, por tanto, a una sanidad pública mínima— requieran que el Estado complemente los servicios sanitarios privados. Se pueden adoptar argumentos similares para defender la educación pública y otro tipo de servicios parecidos. En muchos países que se clasifican como economías de libre mercado el Estado asume numerosas actividades, como el transporte ferroviario, los servicios postales o las concesiones públicas. Incluso en los países donde estos servicios los desempeñan empresas del sector privado se juzga necesaria cierta reglamentación por parte del sector público para evitar que se formen monopolios naturales. En segundo lugar, incluso cuando las actividades económicas las realizan empresas del sector privado suele existir cierta reglamentación pública. La mayor parte de esta regulación responde con frecuencia a consideraciones de tipo político y filosófico sobre la necesidad de restringir la libertad de los individuos cuando dicha libertad derive en una menor libertad de los demás, es decir, que la libertad de un individuo acaba donde empieza la de otro. Así, por ejemplo, la libertad económica está restringida por leyes que refuerzan las cláusulas de los contratos. En otras palabras, se acepta que en el contexto en el que opera una economía de libre mercado existen regulaciones legales. Sin embargo, la regulación gubernamental suele ir más lejos, porque puede existir cierto intercambio desigual entre el ejercicio de la libertad y otros derechos fundamentales. Por ejemplo, las regulaciones que restringen la libertad de las empresas para utilizar mano de obra infantil o esclavos, o la emisión de gases tóxicos a la atmósfera o a los ríos, o la venta de productos peligrosos (violando el supuesto de que el consumidor siempre sabe lo que es mejor para él). Así, los distintos puntos de vista sobre el alcance de la intervención del Estado (en defensa, seguridad, orden público, sanidad y educación, entre otros) y el alcance de la regulación por parte del Estado del sector público implican que no existe una definición exacta de lo que es o debiera ser una economía de mercado. Pero también existen fuertes discrepancias sobre los efectos benéficos de una economía de esta índole. La tradición política occidental establece que la mejor sociedad es aquélla en la que el individuo se responsabiliza de sus propios actos, lo que implica que debe tener la máxima libertad posible para poder tomar decisiones económicas. Supone además que la libertad económica es esencial para que exista libertad política. También se piensa que las economías de mercado son más rentables en términos económicos, pues los mercados crean incentivos para que las personas asignen sus recursos (como el trabajo y el capital) entre las distintas actividades posibles, y también incentiva a los empresarios para que produzcan los bienes y servicios que demandan los consumidores y para que utilicen las técnicas de producción más eficientes. La experiencia de las últimas décadas, sobre todo la caída de los regímenes comunistas del bloque soviético, ha demostrado los efectos negativos de una excesiva intervención del Estado. Al mismo tiempo, se puede alegar en contra de las economías de mercado que la distribución de la renta que genera este sistema puede ser injusta, pues ni siquiera puede evitar la extrema pobreza. También permiten la acumulación de mucha riqueza y poder en unas pocas manos, con amenaza de la libertad política. Por ello, la existencia de economías de mercado no debe hacer olvidar valores sociales básicos y la defensa de la libertad política.


Riqueza:
Acumulación de bienes que poseen un valor económico. El valor económico de un bien tiene varias características. En primer lugar, cualquier objeto tiene que tener una utilidad; ha de tener, o se supone que debe tener, la capacidad de satisfacer necesidades humanas. La riqueza puede aumentar al descubrirse nuevos usos para cosas que anteriormente no se consideraban útiles. Así, el descubrimiento de la utilidad del petróleo en el siglo XIX aumentó considerablemente la riqueza mundial. En segundo lugar, los bienes con valor económico tienen que tener una oferta limitada. El aire no tiene valor económico porque está al alcance de todos. Sin embargo, el aire acondicionado sí tiene valor económico porque es relativamente escaso. En tercer lugar, los bienes con valor económico tienen que ser transferibles, es decir, tiene que ser posible comprarlos y venderlos a determinados precios de mercado. Por último, el valor económico de los objetos tiene que ser mensurable o medible. Puesto que en la actualidad la única medida común del valor es el dinero, el valor de los bienes tiene que poder expresarse en términos monetarios. Algunos economistas también consideran que la capacidad de llevar a cabo un determinado trabajo es riqueza humana, o capital humano, puesto que dicha capacidad tiene un valor de mercado. 2 COMPOSICIÓN DE LA RIQUEZA Al clasificar los distintos tipos de riqueza es útil distinguir entre bienes de producción y bienes de consumo y, dentro de cada una de estas categorías, entre bienes duraderos y bienes no duraderos. Entre los bienes de producción duraderos se incluyen las fábricas, la maquinaria y otro tipo de instalaciones fijas. Los productos almacenados para su venta o los productos utilizados en el proceso de producción constituyen los bienes de producción no duraderos. Al conjunto de bienes de producción duraderos y no duraderos se los conoce como bienes de capital. Los alimentos, los vestidos y los demás artículos de consumo general se denominan bienes de consumo no duraderos; los bienes de consumo duraderos son, por ejemplo, las casas, los muebles o los automóviles. Los servicios no se consideran a la hora de cuantificar la riqueza, puesto que no se pueden almacenar. Sin embargo, los servicios tienen valor económico, ya sean servicios para los productores (por ejemplo, la contabilidad o los servicios prestados por los abogados) o los servicios prestados a los consumidores (por ejemplo la educación o los relacionados con la salud). 3 RIQUEZA E INGRESOS Hay que distinguir entre riqueza e ingresos. Ambos conceptos están relacionados con la utilidad, la escasez, la transferibilidad y la mensurabilidad. Mientras que la riqueza es una acumulación, una cantidad fija en un determinado momento, los ingresos reflejan un flujo de bienes y servicios a lo largo de un determinado periodo de tiempo. Metafóricamente, la riqueza sería un lago, y los ingresos un río que fluye desde el lago. Así pues, el área de una finca rústica es riqueza, mientras que la cosecha de un año determinado sería el ingreso. Por la misma razón, la acumulación del grano es un almacenamiento de riqueza. La diferencia entre los ingresos percibidos y los ingresos consumidos, gastados, o depreciados, es la medida de la acumulación de riqueza. 4 RIQUEZA PERSONAL Las tenencias de una persona en unidades monetarias, cuentas bancarias y otros instrumentos financieros, constituyen la riqueza personal, que se diferencia de la riqueza nacional. Además, estas tenencias no son partes independientes de la riqueza social, sino sólo el derecho que se tiene sobre dicha riqueza al poseer el objeto material que constituye parte de esa riqueza social, como puede ser una casa o un coche. Los economistas estiman la riqueza midiendo la cantidad física de activos en un determinado momento. En un periodo de inflación, la riqueza personal puede estar aumentando a pesar de que su valor social esté decayendo; por ejemplo, el valor monetario de una casa puede estar aumentando en relación con el resto de los precios, aunque, de hecho, la casa se esté depreciando físicamente. Para lograr una medida válida de la riqueza, los valores monetarios tienen que deflactarse, convirtiéndose en valores reales al descontar los efectos de las variaciones del poder adquisitivo del dinero. 5 TEORÍA DE LA RIQUEZA NACIONAL La riqueza nacional es la suma total de todos los bienes con valor económico que poseen los gobiernos centrales, regionales y locales, las instituciones comerciales y las instituciones sin ánimo de lucro, y los ciudadanos de un país. El estudio sistemático de lo que constituye la riqueza de una nación se inició en el siglo XVI por los defensores del mercantilismo. Partían de la tesis según la cual la cantidad de metales preciosos que posee una nación constituye la parte esencial de su riqueza. Esta visión fue ampliamente aceptada hasta el siglo XVIII, época en la que se produjo una reacción en contra de la rigidez de la doctrina mercantilista. Se hizo evidente que los metales preciosos, sobre todo cuando se fundían en monedas, eran el reflejo de cierta riqueza, pero no riqueza como tal. La doctrina mercantilista fue reemplazada paulatinamente por la visión de los fisiócratas, un grupo de economistas franceses del siglo XVIII, que pensaban que sólo la agricultura, la minería y la pesca, así como otras industrias extractivas, podían contribuir a aumentar la riqueza real de las naciones. En La riqueza de las naciones (1776), Adam Smith amplió el concepto de los fisiócratas al resaltar que la riqueza no sólo podía extraerse de la tierra, sino que también podía crearse mediante la producción de bienes. Esta visión fue definida de forma sistemática por John Stuart Mill en el siglo XIX. Su formulación, con pequeñas modificaciones, sigue utilizándose de forma general en la actualidad. Según la visión moderna del concepto de Mill, la riqueza de una nación se compone únicamente de activos físicos mensurables —es decir, su tierra y otros recursos naturales; las infraestructuras, carreteras y otras mejoras de la tierra; la maquinaria y otros bienes duraderos utilizados para la producción y la distribución; los bienes almacenados por las empresas; y los bienes en manos de los consumidores. El papel moneda y los títulos valores no se incluyen en las estimaciones de la riqueza de una nación, puesto que estos activos son tan sólo un reflejo de los activos físicos que constituyen, de hecho, la riqueza. Sin embargo, sí se considera que este tipo de activos son riqueza cuando reflejan un derecho sobre la riqueza de los gobiernos o los ciudadanos de otros países. Si el conjunto de derechos que tiene un país sobre la riqueza de otros supera los derechos que los demás países tienen sobre la riqueza de este país y de sus habitantes, la diferencia es la suma neta total que se añade a la riqueza de la nación. En el caso contrario, la diferencia constituye la disminución neta de la riqueza nacional. Cuando se quiere determinar la riqueza nacional, las capacidades personales se calculan sobre la base de su valor de mercado. Actualmente, los economistas tienden a tener en cuenta estos aspectos cuando realizan la contabilidad socioeconómica. Como ejemplos de este tipo de factores que incrementan la riqueza nacional pero que no se consideran riqueza podemos mencionar el fondo de comercio de las empresas así como otros activos intangibles que posean, las instituciones y las tradiciones de una nación, y otros atributos del carácter de las personas como puede ser el orgullo que sienten por sus habilidades específicas. 6 DETERMINACIÓN DEL VALOR Además de los problemas inherentes a la determinación de qué es lo que se debe incluir en la estimación de la riqueza nacional, y qué es lo que no hay que incluir, a la hora de determinar el valor surgen dificultades importantes. Estas dificultades se deben a que tan sólo una pequeña parte de la riqueza de una nación es comercializable en los mercados durante un año determinado, por lo que el valor de mercado de las acciones, de los bienes raíces y de otros activos puede variar considerablemente cada año. A la hora de cuantificar la riqueza nacional los economistas utilizan dos métodos: la estimación subjetiva y la estimación objetiva. 6.1 Estimación subjetiva Desde el punto de vista subjetivo, la riqueza de una nación se calcula sumando las estimaciones de las pertenencias individuales de cada individuo, tal y como se reflejan en las declaraciones de impuestos y en otro tipo de declaraciones. Esta visión subjetiva depende fundamentalmente de la honradez personal y del grado con el que los documentos oficiales son capaces de controlar las diversas formas de riqueza. 6.2 Estimación objetiva Para la estimación objetiva se necesita que personas independientes y con la suficiente cualificación calculen el valor agregado de las pertenencias personales. Los valores, a precios de mercado, no siempre se pueden obtener con facilidad, por las razones ya mencionadas. Igualmente, los valores reflejados en las cuentas de las empresas no son válidos puesto que los precios fluctúan considerablemente después de que el valor de adquisición del activo se refleje en los libros de cuentas. Incluso cuando los precios no varían, las cantidades que las empresas asignan para reponer los bienes a consecuencia de la depreciación y de la obsolescencia pueden ser, debido a razones de financiación interna, o bien superiores o bien inferiores a los que, objetivamente, tenían que asignarse. El mejor método de estimación a disposición de los estadísticos consiste en calcular el valor de todos los activos a precios actuales, o a precios de una determinada fecha considerada como base, para luego disminuir estos valores aplicando las tasas de depreciación y obsolescencia adecuadas. A veces se calculan simultáneamente los valores en función de los dos tipos de estimaciones para después cotejar las dos. En cualquier caso, estas cifras siempre son aproximaciones y por tanto hay que manejarlas con la debida cautela.


[ Home | Ricos | Bancos | Burbuja | Rescate | Grecia | Eurobonos ]