Economía: Historia             

 

Bank of America

Economía:
Crac de 1929:
Caída del índice general de la Bolsa de Nueva York ocurrida en 1929. En 1927, tras un periodo de fuertes inversiones en el extranjero y con una economía creciente, los financieros estadounidenses que operaban en Wall Street se centraron en el mercado interior. A medida que compraban valores nacionales aumentaban los precios de las acciones y los títulos valores estadounidenses. Cuanto más compraban, mayor era la subida de los precios, lo que atraía a un mayor número de inversores. A mediados de 1929 nueve millones de estadounidenses (de una población de 122 millones) habían invertido sus ahorros en el mercado de valores. Muchos de estos inversionistas habían colocado todos sus ahorros en la Bolsa, animados por asesores económicos incompetentes o malintencionados. Se crearon nuevas empresas con fines especulativos y, debido a la fe ciega que se tenía en la capacidad del mercado para crear rendimientos espectaculares, sus acciones aumentaron de precio con rapidez. En marzo de 1929 Herbert Hoover fue nombrado presidente. Su antecesor, Calvin Coolidge afirmaba que el precio de las acciones era todavía muy bajo. Pero algunos empezaron a temer que, como todas las burbujas de jabón, también ésta tendría que explotar. El banco de la Reserva Federal estadounidense aumentó en un 1% el tipo de interés y aconsejó a sus bancos que no concediesen créditos para invertir en la Bolsa —consejo del que se retractó poco después debido a que uno de los directores de la Reserva tenía intereses en el mercado de valores. Con el tiempo algunos profesionales financieros pensaron que tal vez fuera más rentable invertir en otros activos fuera de la Bolsa, por lo que empezaron a vender sus activos bursátiles. Se inició un fuerte movimiento vendedor. El 23 de octubre se vendieron seis millones de acciones, a precios cada vez menores. Al día siguiente, el denominado ‘jueves negro’, se vendió el doble. El lunes se vendieron nueve millones de acciones; el precio de éstas había caído en más de 14.000 millones de dólares en menos de una semana. En el ‘martes negro’ se colapsó la Bolsa; el precio de las acciones de las mayores empresas, como General Electric o Woolworth, también cayó. Ese día se vendieron más de 16 millones de acciones, con una pérdida de valor superior a los 10.000 millones de dólares. Lo ocurrido en Wall Street se reprodujo de una forma vertiginosa en las demás bolsas de Estados Unidos, desde Chicago hasta San Francisco. Fue un triste final para un decenio marcado por el optimismo, el alto nivel de empleo y la prosperidad. Como es obvio, a partir de esta crisis desapareció la confianza en la banca, los banqueros, la Bolsa y los agentes financieros. Se generalizaron las dimisiones y las quiebras. El impago y la morosidad en las hipotecas se disparó. La clase media se redujo. Muchas personas quedaron sin trabajo; aumentó el desempleo en más de dos millones de personas en menos de seis meses. Aunque muchos analistas pensaron al principio que se trataba de un ajuste pasajero del mercado, el crack de Wall Street marcó el inicio de la Gran Depresión de la década de 1930, sentando las bases para la adopción del programa del New Deal por Franklin D. Roosevelt en 1933. Asimismo, este crack influyó de forma muy negativa en economías pujantes como la argentina, la mexicana o la brasileña.

New Deal:
(en inglés, ‘Nuevo Reparto’ o ‘Nuevo Trato’), nombre que recibió la política económica y social aplicada en Estados Unidos por el presidente Franklin Delano Roosevelt a partir de 1933, y concretamente las medidas innovadoras adoptadas desde ese año hasta 1938 para contrarrestar los efectos de la Gran Depresión. Asimismo, ha sido denominado así el periodo de la historia estadounidense transcurrido durante los dos primeros mandatos presidenciales de Roosevelt, incluido parte del tercero, desde 1933 hasta que en 1941 el país entró a combatir en la II Guerra Mundial. Tanto Roosevelt como el Congreso de Estados Unidos aprobaron un programa de medidas económicas y se crearon nuevos organismos federales para intentar reducir el desempleo y restablecer la prosperidad mediante una serie de nuevos servicios, regulaciones y subsidios. Fue diseñado con la ayuda del denominado Brain Trust (gabinete de expertos de la Universidad de Columbia que asesoró al presidente especialmente en materia económica) e hizo del gobierno del país por vez primera el impulsor del cambio económico, en contraste con su tradicional papel pasivo de índole liberal. 2 LAS PRIMERAS MEDIDAS La abrumadora victoria de Roosevelt en las elecciones de 1932, unida a la peor crisis económica de la historia de Estados Unidos, abrió el camino para la aplicación de una nueva legislación en 1933. La Emergency Banking Act (Ley de Emergencia Bancaria) establecía inspecciones federales en los bancos para contribuir a restablecer la confianza de la población en las instituciones financieras tras la quiebra generalizada de estas entidades a raíz del crac de 1929. Una segunda ley dictaba normas bancarias mucho más rigurosas y ofrecía un seguro a los depositantes a través de la Sociedad de Seguros de Depósitos Federales. Dos leyes, una de 1933 y otra de 1934, establecían reglamentos detallados para el mercado bursátil, controlados por una nueva Comisión de Bolsa y Valores. El problema de la vivienda se trató en varios proyectos de ley que suministraban ayudas hipotecarias a los agricultores y propietarios de inmuebles y ofrecían garantías de préstamo a los compradores de casas a través del Instituto Federal de la Vivienda. El Instituto de Ayudas de Emergencia Federal extendió la concesión de fondos de socorro a los estados y el Cuerpo de Conservación Civil proporcionaba empleos a los hombres jóvenes bajo una cierta disciplina militar. El Congreso aprobó la creación de la Tennessee Valley Authority (Autoridad del Valle del Tennessee) para explotar las posibilidades de navegabilidad del río Tennessee, aplicar medidas para controlar sus inundaciones y surtir de energía eléctrica a una amplia zona del sureste de Estados Unidos. Las leyes más importantes de 1933 afectaban a los principales sectores económicos. Como culminación de una década de disputas, el Congreso aprobó en 1933 una nueva y compleja norma sobre la explotación agrícola, la Agricultural Adjustment Act (Ley de Regulación o Adaptación Agrícola). En ella se establecían varios mecanismos para aumentar los precios de los productos agrícolas, pero el más extendido consistió en la reducción pactada del excedente de las cosechas a cambio de subvenciones del gobierno. La National Industrial Recovery Act (NIRA, Ley de Recuperación Industrial Nacional) fue la medida más innovadora de la primera etapa del New Deal. Constaba de dos programas principales: una gran labor de obras públicas, llevada a cabo por la Public Works Administration (Administración de Obras Públicas) y un complicado programa destinado a regular el funcionamiento de las empresas estadounidenses y garantizar una competencia leal. El Instituto de Recuperación Nacional aprobó y aplicó un conjunto de códigos sobre competitividad en cada sector. 3 EL SEGUNDO NEW DEAL Algunos de los anteriores decretos fueron declarados inconstitucionales por el Tribunal Supremo de Estados Unidos. Estos contratiempos, unidos a una creciente oposición a la política de Roosevelt, motivaron la promulgación de una nueva legislación que comenzó a aplicarse en 1935, y a la que algunos analistas denominaron segundo New Deal. Estas son algunas de las medidas adoptadas: se aumentaron los impuestos de las clases adineradas, se elaboraron normas estrictas para controlar las empresas de servicios privados, se asignaron ayudas para el Instituto de Electrificación Rural y se creó el equivalente a una declaración de derechos de las fuerzas sindicales. La National Labor Relations Act (Ley de Relaciones Laborales) de 1935 otorgaba protección federal al proceso de negociación sindical y se estableció un conjunto de normas laborales justas. La Fair Labor Standards Act (Ley de Normas Laborales Justas) de 1938 fijaba el número máximo de horas de trabajo y el salario mínimo de la mayoría de las categorías profesionales. Gracias a una enorme asignación de ayuda oficial de casi 5.000 millones de dólares se reforzaron los diversos planes y se inauguró un nuevo programa federal de ayuda al trabajo, dirigido por el Instituto de Desarrollo del Trabajo. En 1935, el Congreso aprobó la Ley de Seguridad Social, que recogía tres proyectos fundamentales: un fondo de pensiones, un seguro de desempleo y subsidios para el bienestar social de distribución local. Estos programas, unidos a un nuevo plan de vivienda pública subvencionada, representaron para algunos autores el comienzo en Estados Unidos de lo que se dio en llamar el Estado de bienestar. La necesidad de elaborar nuevas leyes disminuyó después de 1937 y la oposición a la prórroga del New Deal aumentó rápidamente, sobre todo en los estados del sur. Hacia 1939, la atención de la opinión pública se centraba principalmente en la política exterior y en la defensa nacional. La elaboración de la legislación estrictamente ligada al New Deal había concluido, pero su aplicación amplió de modo definitivo el papel del gobierno federal, especialmente en lo referente a la normativa económica, el desarrollo de recursos y el mantenimiento de los ingresos. Aunque no consiguió estimular una recuperación económica completa, proporcionó al gobierno federal un mayor control sobre la oferta monetaria y los criterios de la Reserva Federal, además de una nueva perspectiva sobre las consecuencias económicas de su propio sistema de impuestos, préstamos y gastos, lo que permitió reducir las repercusiones de posteriores épocas de recesión. Por otro lado, la coalición favorable a esta legislación que, reunida en torno al Partido Demócrata, recibió el nombre de Coalición del New Deal, venció en las elecciones de los años siguientes, permitiendo renovar mandato en 1940 y en 1944 al propio Roosevelt e incluso, de alguna manera, a su sucesor, Harry S. Truman, ser elegido en 1948.

Reserva Federal
Banco central de Estados Unidos. El banco central de un país es el encargado de llevar a cabo la política monetaria. También sirve de banquero para el resto de los bancos y para el Gobierno; supervisa asimismo el funcionamiento del sistema bancario del país. En Estados Unidos estas funciones las desarrollan los directivos del sistema de la Reserva Federal: la Junta de Gobernadores (formada por siete personas nombradas por el Presidente del Gobierno y ratificadas por el Senado), con sede en la ciudad de Washington, los directores de los doce bancos de la Reserva Federal, distribuidos por todo el país, y el Comité Federal de los Mercados Abiertos. La política monetaria depende en exclusiva de la Reserva Federal, que actúa con independencia del poder político. Este último organismo está formado por los siete miembros de la Junta de Gobernadores más cinco de los doce presidentes de los bancos de la Reserva Federal (el de Nueva York es fijo; el resto rota cada año). El Comité Federal de los Mercados Abiertos se reúne regularmente para tratar la política monetaria: control del dinero en circulación, fijación de los tipos de interés y revisión de los requerimientos de reservas del sistema bancario. Como el Comité no es un órgano operativo, la aplicación de las políticas que dicta está en manos de los doce bancos federales, cuyas acciones son propiedad de los bancos comerciales que pertenecen al sistema de la Reserva Federal. Sin embargo, en este caso la propiedad de las acciones no implica el control de los bancos; la Junta de Gobernadores y los directores de los bancos de la Reserva dictan las políticas a seguir en función de los intereses del país y no de los intereses de las entidades privadas. El sistema de regulación del sistema bancario estadounidense es muy complejo; en algunos casos, las tareas que lleva a cabo la Reserva Federal las pone en práctica con otras instituciones públicas; por ejemplo, en el caso de fusiones o para controlar a los bancos comerciales privados, la Reserva Federal actúa en colaboración con el Organismo Controlador del Dinero y con la Corporación Aseguradora de los Depósitos Federales. 2 HISTORIA Durante los cincuenta años anteriores a la creación de la Reserva Federal en 1934, el crecimiento económico se veía con frecuencia frenado por recurrentes crisis económicas que solían venir acompañadas de una crisis del sistema monetario. El sistema bancario estadounidense era incapaz de responder con flexibilidad a los ciclos económicos. La Ley de la Banca Nacional (1864) dividió el sistema bancario en tres grupos: los bancos de la Reserva Central (el primero se creó en Nueva York, y en 1887 se crearon dos más, en Chicago y Saint Louis), los bancos de la Reserva (en otras dieciséis ciudades) y los bancos nacionales. Todos los bancos nacionales tenían que mantener cierto porcentaje de sus depósitos en reservas, pero parte de estas reservas se podían depositar en los bancos de la Reserva. Cuando los bancos nacionales necesitaban más dinero para atender la demanda de liquidez de sus clientes, podían acudir a los bancos de la Reserva, que a su vez podían acudir a los bancos de la Reserva Central. Cualquier fallo en esta pirámide acarrearía el colapso de todo el sistema monetario, ya que por encima de los bancos de la Reserva Central era imposible crear más liquidez, por lo que se producía una suspensión de pagos. Crisis bancarias de esta índole ocurrieron en 1873, 1883, 1893 y 1907. Esta última llevó a la creación de una institución pública controlada por las dos cámaras parlamentarias, la Comisión Monetaria Nacional, que promulgó la Ley de la Reserva Federal en 1913, mediante la cual se creaba un sistema bancario flexible y descentralizado. 3 CONTROL MONETARIO La Reserva Federal controla todas las variables monetarias del país. Los dos principales instrumentos de control son las operaciones de mercado abierto (con las que controla la cantidad de dinero en circulación y los tipos de interés) y la variación del coeficiente exigido de reservas. Las operaciones de mercado abierto consisten en la compraventa de deuda pública. Por ejemplo, cuando la cantidad de dinero en circulación crece más despacio de lo que la Reserva Federal estima oportuno, se procede a comprar deuda pública, poniendo así dinero en circulación que permite al sistema bancario contar con un mayor número de depósitos, parte fundamental de la oferta monetaria. De forma análoga, si la cantidad de dinero en circulación es excesiva, la Reserva Federal llevará a cabo una política monetaria restrictiva, vendiendo deuda pública en el mercado abierto. Esta venta reducirá la cantidad de reservas bancarias y, por tanto, la capacidad de los bancos para prestar dinero. Aunque las operaciones de mercado abierto son el instrumento más flexible y más utilizado para desarrollar la política monetaria, se pueden conseguir los mismos objetivos variando el coeficiente exigido de reservas, es decir, el porcentaje de los depósitos que deben depositar los bancos comerciales en forma de reservas en los bancos de la Reserva Federal. Cuando se incrementa este porcentaje, los bancos no pueden crear tanto dinero como antes, porque una mayor proporción de sus activos debe inmovilizarse en reservas; lo contrario ocurre cuando se disminuye el coeficiente. La Reserva Federal también puede controlar la oferta monetaria variando la tasa de descuento o los tipos de interés. Cuando los bancos comerciales necesitan más dinero y piden prestado a los bancos de la Reserva Federal, una mayor tasa de descuento encarecerá estos prestamos, por lo que los bancos reducirán su demanda de dinero. La variación de la tasa de descuento puede utilizarse al mismo tiempo que se realizan operaciones de mercado abierto. También puede servir para obtener señales monetarias de las condiciones económicas que imperan en el mercado. La Reserva Federal sólo controla de forma selectiva la compraventa de títulos valores, imponiendo un margen legal para la compra de activos financieros, es decir, un porcentaje mínimo que debe depositar el comprador de títulos valores. Este requisito legal surgió a partir de la Gran Depresión, y pretende evitar la especulación en el mercado de valores. La Ley de Control Crediticio de 1969 autoriza al presidente a conceder poderes adicionales a la Reserva Federal. En 1980 se aplicó esta ley para permitir a la Reserva Federal el control de los créditos al consumo.

EFECTOS DE LAS POLÍTICAS DE LA RESERVA FEDERAL:
Los economistas piensan que las políticas de la Reserva Federal tienen a largo plazo efectos positivos y negativos: en primer lugar, las decisiones de la Reserva Federal a veces han aumentado, en vez de disminuir, la inestabilidad económica; en segundo lugar, a largo plazo las políticas restrictivas del crecimiento de la cantidad de dinero pueden llegar a reducir la tasa de inflación; por último, algunos problemas no pueden ser resueltos por la Reserva Federal: como ocurrió, por ejemplo, con la crisis del petróleo en 1973. Muchos economistas afirman que la Reserva Federal fue en parte responsable de la gran depresión de la década de 1930. Por otro lado, la estabilidad de precios de finales de la década de 1950 y de la de 1960 se debió en parte a la efectividad de la política monetaria de la Reserva Federal. Las criticas aumentaron durante las décadas de 1970 y 1980, cuando las autoridades monetarias parecían incapaces de frenar el incremento de la inflación y de los tipos de interés. A mediados de la década de 1980, numerosos economistas pensaban que la política antiinflacionista de la Reserva Federal era bastante eficaz. En la década de 1990 se consideró que la política monetaria ayudó a Estados Unidos a registrar su mayor periodo de crecimiento económico, aunque algunos han señalado a la Reserva Federal como responsable, en parte, del estallido de la burbuja tecnológica en marzo de 2000.

RELACIONES CON EL GOBIERNO:
Hay quien considera a la Reserva Federal como una cuarta rama del poder, porque se ha convertido en un poderoso grupo político que no debe someterse a controles exteriores. La Junta de Gobernadores es independiente, por ley, del poder ejecutivo, con un mandato superior al del presidente. Sin embargo, en la práctica la Reserva diseña su política monetaria de acuerdo con los objetivos políticos y financieros establecidos por el poder ejecutivo. La relación con el Congreso es más compleja. Por un lado, el banco central es sin duda una institución creada por el Congreso, por lo que la duración del mandato de la Junta de Gobernadores y su larga existencia dependen de éste. Por otro lado, la autofinanciación de la Reserva Federal otorga a ésta una gran independencia, sustrayendo al Congreso uno de sus principales instrumentos de control: el presupuesto. Así, la Reserva Federal queda libre de presiones políticas, pero debe responder ante el Congreso y explicar su política monetaria.


Política monetaria:
Política monetaria, conjunto de instrumentos utilizados por un gobierno nacional o por el banco central de un país para hacer variar la cantidad de dinero presente en la economía, a fin de influir directamente sobre el valor de la divisa nacional, sobre la producción, la inversión, el consumo y la inflación. La política monetaria, cuyo objetivo es sostener la actividad económica proporcionando a los agentes financieros la liquidez y los créditos indispensables para consumir, invertir y producir, no debe mostrarse demasiado restrictiva, porque correría el riesgo de bloquear el crecimiento económico, ni demasiado expansionista, en la medida en que tal situación favorecería el aumento de la inflación (el alza generalizada de los precios), al inyectar demasiado poder adquisitivo en una economía que no dispone de bienes suficientes para satisfacer la demanda. 2 LOS INSTRUMENTOS DE LA POLÍTICA MONETARIA Los bancos centrales disponen de diversos métodos para poner en práctica la política monetaria que conviene a sus objetivos. Algunos métodos se han convertido en instrumentos predilectos de intervención, mientras que otros han caído en desuso. Entre otros instrumentos de la política monetaria se pueden señalar las actuaciones sobre el sistema del crédito de los bancos y la modificación de sus reservas obligatorias. Un tipo de política monetaria en este sentido sería, por ejemplo, obligar a los bancos a depositar en una cuenta no remunerada del banco central una proporción de sus depósitos a la vista y a plazo, que constituyen las reservas obligatorias, y que no pueden emplear libremente ni, por tanto, utilizar para aumentar los créditos en la economía. Al modificar los tipos de reservas obligatorias, el banco central fomenta el crédito o lo penaliza. Otros instrumentos utilizados en política monetaria son la intervención en el mercado monetario y las operaciones de redescuento: puesto que los bancos deben refinanciarse ante el banco central (comprar un dinero del que no disponen en cantidades ilimitadas), están obligados a aceptar el coste de tal refinanciación, que varía en función de la política fijada por las autoridades monetarias. Al aumentar ese coste (el tipo de redescuento), aquéllas inducen a los bancos a aumentar sus propios tipos de interés ante sus clientes, lo cual ralentiza la actividad crediticia (si se reduce ese coste, se observa el efecto contrario). La intervención en el mercado monetario (mercado financiero que sirve a los bancos para refinanciarse directamente, eludiendo al banco central) permite a este último controlar el precio del dinero de manera indirecta. Al comprar o vender títulos en este mercado abierto (estas operaciones se denominan de open market), el banco central modifica las condiciones del crédito. Los tipos de interés son también elementos esenciales de una política monetaria. Sus movimientos al alza o a la baja influyen en la inversión y en el consumo, mediante la orientación de los créditos. Gracias a la política de open market y a la política de redescuento, es posible influir en sus movimientos respecto a los créditos a corto plazo, incluso si los mercados financieros siguen siendo en última instancia quienes fijan los tipos de interés a largo plazo: ponen precio en realidad al valor de las obligaciones y fijan ellos mismos sus tipos de remuneración, que constituyen de hecho los tipos de interés a largo plazo. 3 LOS OBJETIVOS DE LA POLÍTICA MONETARIA Los objetivos últimos de la política monetaria son el crecimiento económico, el control de la inflación y la defensa del valor de la divisa nacional con relación a otras divisas extranjeras. En la práctica, para alcanzar estos fines es necesario establecer una serie de objetivos intermedios, directamente controlables por el organismo emisor. La masa monetaria y la tasa de inflación son los objetivos cuantitativos más vigilados. El banco central fija todos los años el tipo de crecimiento de uno de sus agregados (el agregado elegido varía según el país; en Europa, por ejemplo, se utiliza el M3, suma del dinero en circulación y los depósitos a la vista), y utiliza los instrumentos a su disposición para que no se sobrepase ese tipo. 4 EL DEBATE ENTRE KEYNESIANOS Y MONETARISTAS Existe una polémica entre dos escuelas de pensamiento para determinar si el objetivo más importante de la política monetaria es el crecimiento de la renta nacional o el control de la inflación. Para los representantes del monetarismo, la única causa de la inflación es el aumento inconsiderado de la masa monetaria en la economía, cuya evolución, superior a la de la renta nacional, tiene como consecuencia inmediata la subida de los precios. Este aumento indebido de la cantidad de dinero es nefasto para el crecimiento, porque obliga a luchar contra la inflación ralentizando la actividad económica. Para los seguidores del keynesianismo, en cambio, la causa de la inflación no es necesariamente monetaria, y un aumento considerable de la cantidad de dinero no produce automáticamente inflación. Ese aumento puede contribuir a crear un poder adquisitivo suplementario en un país donde la capacidad productiva está en parte desaprovechada a causa del desempleo o del escaso incremento de los ingresos. En determinados casos, la política de crecimiento de la masa monetaria puede provocar una estimulación de la actividad económica y quedar por tanto justificada a posteriori, sin que se manifieste por ello ninguna subida de los precios. John Maynard Keynes no era un partidario incondicional de esta clase de política, pero consideraba que las variaciones de la masa monetaria y de los tipos de interés no eran esenciales para explicar el comportamiento de los empresarios, que basan en realidad la elección de sus inversiones en la previsión de la actividad económica y no en el coste de la inversión. La mayoría de los grandes bancos centrales de los países occidentales, en la actualidad independientes de los poderes políticos (en Francia, Estados Unidos o Alemania, por ejemplo), fomentan la visión monetarista, estableciendo como objetivo principal la lucha contra la inflación.


Desempleo:
Paro forzoso o desocupación de los asalariados que pueden y quieren trabajar pero no encuentran un puesto de trabajo. En las sociedades en las que la mayoría de la población vive de trabajar para los demás, el no poder encontrar un trabajo es un grave problema. Debido a los costes humanos derivados de la privación y del sentimiento de rechazo y de fracaso personal, la cuantía del desempleo se utiliza habitualmente como una medida del bienestar de los trabajadores. La proporción de trabajadores desempleados también muestra si se están aprovechando adecuadamente los recursos humanos del país y sirve como índice de la actividad económica. 2 MEDICIÓN El método más utilizado para medir el desempleo se desarrolló en Estados Unidos en la década de 1930; muchos países utilizan este sistema bajo la recomendación de la Organización Internacional del Trabajo. Con un seguimiento mensual de una muestra de familias representativas de toda la población civil se obtiene información sobre la actividad de cada persona en edad activa. Para asegurar la precisión de los datos y facilitar su recopilación, los encuestadores preguntan qué es lo que hizo la gente en una semana determinada. Una persona que realizó cualquier tipo de trabajo durante esa semana para recibir una paga o un beneficio, trabajó quince o más horas como un trabajador sin paga en una empresa familiar o tuvo un trabajo del que estuvo temporalmente ausente, es considerado como empleado. Una persona que no estuvo trabajando pero que buscaba trabajo o estaba despedido y disponible para trabajar se considera como desempleado. A continuación, el número de desempleados se divide por el número de personas de la fuerza laboral civil (es decir, la suma de empleados y desempleados) con el fin de calcular la tasa de desempleo. En algunos países, en vez de elaborar una encuesta especial, la estimación del desempleo se realiza a partir de los datos de la cantidad de personas que buscan empleo a través de las oficinas públicas de empleo o de la cantidad de personas que reciben compensaciones por desempleo. En España se utilizan los dos sistemas simultáneamente. Por un lado, todas las semanas se realiza la Encuesta de Población Activa (EPA) entre 60.000 familias y se publica la media trimestral cada tres meses. Por otro lado, todos los meses se publica el número de parados o desempleados apuntados al Instituto Nacional de Empleo (INEM). Entre uno y otro dato se producen grandes discrepancias. 3 CAUSAS Los economistas han descrito las causas del desempleo como friccionales, temporales, estructurales y cíclicas. El desempleo friccional se produce porque los trabajadores que están buscando un empleo no lo encuentran de inmediato; mientras que están buscando trabajo son contabilizados como desempleados. La cuantía del desempleo friccional depende de la frecuencia con que los trabajadores cambian de empleo y del tiempo que tardan en encontrar uno nuevo. El cambio de empleo se produce a menudo y un importante porcentaje del desempleo es friccional y sólo dura un corto espacio de tiempo. Esta clase de desempleo se podría reducir de alguna manera con servicios de colocación más eficientes. Sin embargo, siempre que los trabajadores puedan abandonar libremente su trabajo se producirá un desempleo cíclico. El desempleo temporal se produce cuando las industrias tienen una temporada de baja, como durante el invierno en la industria de la construcción o en otros sectores de producción cuyas tareas se realizan a la intemperie. También se produce al finalizar el año escolar, cuando muchos estudiantes y licenciados se ponen a buscar trabajo. El desempleo estructural se debe a un desequilibrio entre el tipo de trabajadores que requieren los empresarios y el tipo de trabajadores que buscan trabajo. Estos desequilibrios pueden deberse a que la capacitación, la localización o las características personales no sean las adecuadas. Por ejemplo, los desarrollos tecnológicos necesitan nuevas cualificaciones en muchas industrias, y dejan sin empleo a aquellos trabajadores cuya capacitación no está puesta al día. Una fábrica de una industria en declive puede cerrar o desplazarse a otro lugar, despidiendo a aquellos trabajadores que no pueden o no quieren desplazarse. Los trabajadores con una educación inadecuada, o los trabajadores jóvenes y los aprendices con poca o ninguna experiencia, pueden no encontrar trabajo porque los empresarios creen que no producirán lo suficiente como para que merezca la pena pagarles el salario mínimo legal o el salario pactado en el convenio colectivo con los sindicatos. Por otro lado, incluso los trabajadores muy cualificados pueden estar desempleados si no existe una demanda suficiente de sus cualificaciones. Si los empresarios discriminan a algún grupo en razón de su sexo, raza, religión, edad o nacionalidad de origen, se puede dar una alta tasa de desempleo entre estas personas aunque haya muchos puestos de trabajo por cubrir. El desempleo estructural es especialmente relevante en algunas ciudades, profesiones o industrias, para aquellas personas con un nivel educativo inferior a la media y para otros grupos de la fuerza laboral. El desempleo cíclico es el resultado de una falta de demanda general de trabajo. Cuando el ciclo económico cae, la demanda de bienes y servicios cae también y, por lo tanto, se despide a los trabajadores. Un aspecto político muy relevante se refiere a la relación entre el desempleo y la inflación. En teoría, cuando la demanda de trabajo se eleva hasta el punto de que el desempleo es muy bajo y los empresarios tienen dificultades a la hora de contratar a trabajadores muy cualificados, los salarios aumentan, y se elevan los costes de producción y los precios, con lo que se contribuye al aumento de la inflación; cuando la demanda se reduce y aumenta el desempleo, se disipan las presiones inflacionistas sobre los salarios y los costes de producción. Sin embargo, en contra de esta teoría, durante la década de 1970 se produjeron simultáneamente altas tasas de inflación y desempleo, una combinación denominada 'estanflación'. 4 LA GRAN DEPRESIÓN El periodo de desempleo masivo más generalizado, depresivo y serio de los tiempos modernos fue la Gran Depresión que siguió al crack de Wall Street en 1929. Esta depresión produjo catorce millones de desempleados en Estados Unidos, seis en Alemania y tres en Gran Bretaña. En Australia la crisis fue especialmente dura, con más de un 35% de la fuerza laboral desempleada a principios de la década de 1930 y muchas de estas personas siguieron sin trabajo hasta la Segunda Guerra Mundial. Las distorsiones sociales, la migración generalizada en busca de empleo y el extremismo político se hicieron habituales y la muerte por enfermedades relacionadas con la malnutrición aumentó considerablemente en todo el mundo industrializado. La Gran Depresión provocó importantes cambios en el comportamiento que se tenía frente al desempleo; esta nueva actitud se expresaba en las políticas del New Deal del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, quien introdujo en su país durante su gobierno la seguridad social, el seguro de desempleo y programas de trabajo público para utilizar el excedente laboral. La recuperación económica producida gracias a estas medidas demostró que el desempleo, de hecho, empeoró la depresión al reducir la demanda, y que el pago del seguro de desempleo era una carga mucho menor para la economía que la pérdida de poder adquisitivo que padecían los trabajadores desempleados. La depresión también inspiró a John Maynard Keynes que escribió su obra maestra, La teoría general del empleo, el interés y el dinero (1936), en la cual establecía que una economía deprimida continuará a no ser que se revitalice gracias al gasto público. De esta manera persuadió a los gobiernos occidentales para que disminuyeran el desempleo mediante grandes déficit presupuestarios. 5 DESEMPLEO MODERNO El periodo posterior a la II Guerra Mundial se caracterizó en Europa por importantes aumentos del desempleo debidos a la destrucción, durante la contienda, de muchas industrias, al regreso de los veteranos de guerra que se reintegraban a la masa laboral y a una variedad de desajustes económicos derivados del conflicto. La ayuda estadounidense del Programa de Reconstrucción Europea (o Plan Marshall) contribuyó a los esfuerzos de los países de Europa occidental para reconstruir sus industrias y proporcionar trabajo a sus trabajadores. La mayor parte de los países industrializados no socialistas tenían bajas tasas de desempleo en la década de 1950. En la de 1960, cuando la tasa media de desempleo de Estados Unidos era del 5 o del 6%, sólo Canadá tenía una tasa superior (7%); Italia tenía una tasa del 4%, y todas las demás naciones industriales de Europa occidental, así como Japón, tenían tasas en torno al 2% o inferiores. Los intentos de explicar estas disparidades se centraron en las diferencias económicas y sociales entre las naciones, incluyendo las siguientes: las medidas tomadas en los países europeos para reducir el empleo temporal al repartir el trabajo a lo largo del año, la práctica europea de la colocación de los jóvenes como aprendices o con acuerdos para aprender trabajos que promovían la estabilidad laboral, restricciones legales en algunos países para despedir a los trabajadores, programas de reciclaje generalizados para los trabajadores desempleados con el fin de actualizar sus cualificaciones y la vinculación de los trabajadores con su trabajo, tanto en Europa como en Japón. Sin embargo, esta situación se ha revertido, y en la década de 1990 la tasa de desempleo estadounidense es mucho menor que la de la mayoría de los países europeos. En los países en desarrollo de Asia, África y América Latina existe un problema mucho más serio y generalizado, que es el del subempleo, es decir, gente empleada a tiempo parcial o gente que trabaja en empleos ineficientes o improductivos y que por tanto reciben bajos ingresos que son insuficientes para cubrir sus necesidades. Gran parte del desempleo o del subempleo de los países en desarrollo suele ir acompañado de migraciones desde los poblamientos rurales hasta los grandes centros urbanos. En los países industrializados, con seguros de desempleo y otros mecanismos que aseguran los ingresos, el desempleo no provoca tantos problemas como lo hacía antaño. No obstante, existen signos de que el desempleo se está convirtiendo en algunos países desarrollados en un problema mucho más difícil de solucionar de lo que en un principio se pensaba, especialmente tras la sustitución del keynesianismo por el monetarismo como credo económico predominante. Francia, España y Gran Bretaña, en concreto, se enfrentan a la amenaza de lo que parece ser un alto desempleo estructural irradicable, mientras que en otros países, como Japón, parece que es posible mantener bajas tasas de desempleo durante las recesiones mediante prácticas que muchos países calificarían de suicidas. El problema de los gobiernos modernos radica en saber aprovechar los beneficios de la flexibilidad económica y de la creciente productividad y al mismo tiempo reducir el número de trabajadores desempleados, disminuyendo su tiempo de desocupación, manteniendo sus ingresos y ayudándoles a recuperar un trabajo con cualificaciones válidas.


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