Petróleo: Conflictos asociados             

 

Petróleo: Conflictos armados:
En 1951, el primer ministro iraní, Mohammad Mossadegh, nacionalizó el petróleo iraní, extraído, hasta entonces, por la Anglo-Iranian Oil Company, lo que dio lugar a que la compañía, de capital británico, abandonara totalmente sus instalaciones en Irán. Yacían bajo esta nacionalización diferentes motivos, pero quizás el más importante fuera el reducido porcentaje que el Gobierno iraní obtenía por la extracción del hidrocarburo. Tras la retirada de la Anglo-Iranian, y el subsiguiente boicot británico, las ventas de petróleo iraní se desplomaron, al igual que los ingresos fiscales del país, nutridos en gran medida por el canon del petróleo. Esa situación contribuyó a que las ya complicadas relaciones entre Mossadegh y el shah Reza Palevi empeoraran notablemente hasta que, en 1953, un golpe de estado, tras el cual parecían encontrarse Gran Bretaña y EE.UU., derribara al primer ministro, que sufrió una condena de tres años de cárcel, sin que posteriormente se le conociera actividad política alguna. Transformada, en 1954, en la British Petroleum Company, la reconvertida Anglo-Iranian volvió a extraer y explotar el petróleo iraní. Tras la Segunda Guerra Mundial, un industrial y político italiano, Enrico Mattei, conocedor del mundo del petróleo, creó el Ente Nazionali Hidrocarburi, empresa que empezó a competir con las grandes corporaciones del petróleo y a ofrecer condiciones mucho más favorables a los países petrolíferos, amén de introducir en los mercados europeos el petróleo soviético. Mattei murió, en 1962, al estrellarse su avioneta particular cerca de Milán, accidente que ha dado lugar a muy diversas conjeturas.


[Primera guerra del Golfo (1990):]
Las tensiones del mundo del petróleo han desembocado en guerras abiertas en varias ocasiones, y tal vez el más grave incidente de los conocidos sea la invasión de Kuwait por Irak. En agosto de 1990, el Irak de Sadam Hussein invadió Kuwait por entender que este pequeño emirato fronterizo había explotado, en el campo de Rumaila, pozos de petróleo que, en realidad, pertenecían a Irak. Tras la decisión de Hussein se encontraba la gigantesca necesidad de lograr que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) elevase el precio del hidrocarburo, elevación a la que se oponían distintos miembros del cártel, entre ellos Kuwait. Tras una serie de resoluciones de las Naciones Unidas exigiendo la retirada de Irak del territorio ocupado, una coalición militar de 34 naciones, liderada por EE.UU., con presencia de países árabes, entró en Kuwait para obligar al ejército iraquí a abandonar el territorio invadido. La guerra, que duró mes y medio, se saldó con la huida del ejército iraquí de Kuwait, no sin antes incendiar buena parte de los pozos kuwaitíes, con el desmantelamiento de gran parte del poderío militar de Sadam Hussein y con la destrucción de varias ciudades iraquíes, fruto de los masivos ataques aéreos de la coalición. Pero que nadie se engañe: no era sólo el petróleo iraquí el que estaba en juego; lo estaba, también el saudí. De no haber sido expulsado por la fuerza de Kuwait, las ambiciones hegemónicas de Sadam Hussein le hubieran llevado, en poco tiempo, a invadir Arabia Saudí, con el afán de convertirse en el dueño del mercado mundial del petróleo.


[Inestabilidad de Nigeria:]
En ocasiones, el petróleo es la razón de una inacabable guerra civil. Es el caso de Nigeria, un país que depende, casi exclusivamente, de ese hidrocarburo que genera el 52% de su Producto Interior Bruto, el 95% de los ingresos en divisas y el 80% de los ingresos presupuestarios. Nigeria es el principal productor y exportador africano de petróleo, con una producción cercana a los 130m. de toneladas anuales. Desde su independencia, ocurrida en 1963, el país ha vivido una serie de golpes de estado, de diferente signo, y todo tipo de violencias, siempre relacionadas con el petróleo y agudizadas por las confrontaciones étnicas. Hasta el punto de padecer un déficit de democracia y un superávit de corrupción y violencia (Ibeanu y Luckam). Todas esas tensiones políticas y sociales hacen que los ataques contra las compañías petrolíferas se sucedan, especialmente en el delta del Níger, la zona en la que se encuentran las mayores reservas; ataques que no solamente se dirigen contra las empresas occidentales, de entre las que sobresale la Shell, sino también contra la china CPC, que obtuvo no ha mucho diversas concesiones; y ataques que se han concretado, a veces, en voladuras de yacimientos y en secuestros de empleados. Todo lo cual convierte a Nigeria en el país más inestable de entre los grandes productores de petróleo.


[Guerra de Chechenia:]
En otras ocasiones, el petróleo no es el desencadenante de la violencia sino el perpetuador de la misma, como parece suceder en Chechenia, en su día el segundo gran productor de la Unión Soviética, con más de 21 millones de toneladas por año y, en la actualidad, tan sólo un pequeño productor, puesto que la extracción no supera el 10% de la cifra anterior. El enfrentamiento entre el Gobierno ruso y Chechenia, enfrentamiento violentísimo que ha caracterizado el panorama político ruso en las eras de Yeltsin y Putin, no ha sido causado por el petróleo sino por los movimientos separatistas chechenos, mezclados, además con el radicalismo islámico. Pese a que oficialmente la segunda guerra chechena haya terminado, parece que los enfrentamientos continúan, entre otras razones porque, según Said, parte del estamento militar ruso y los señores de la guerra chechenos se disputan la producción y distribución de un petróleo que no figura en los registros oficiales, y que da lugar a continuas escaramuzas y, en ocasiones, a acuerdos de distribución por todo el territorio de la Federación Rusa.

[Posturas de la OPEP:]
Pero, además, la tentación de utilizar el petróleo como arma política se hace cada vez más patente. El 18 de noviembre de 2007, los jefes de Estado de los países miembros de la OPEP se reunieron, a puerta cerrada, en Riad, con objeto de cambiar impresiones antes de la Cumbre oficial de la organización. Lo que debería haber sido un intercambio privado de opiniones se convirtió en espectáculo público por descuido de uno de los técnicos de televisión que conectó, indebidamente, los cables. y así, durante más de media hora, el mundo pudo observar, en directo, las distintas posiciones mantenidas por los diferentes participantes, posiciones que ponían en entredicho la supuesta unidad de la OPEP. Para Chávez, presidente de Venezuela, la organización debería ser un agente político activo, que se sumase a la cruzada en pos de la justicia social, y que doblase los precios si EE.UU. atacaba a Venezuela o Irán. En parecidos términos se manifestó también Rafael Correa, presidente de Ecuador, país que se había reincorporado a la OPEP tras haberla abandonado en 1992. Por su parte, el anfitrión de la Cumbre, el rey Abdalá bin Abdelaziz, procuraba suavizar las tensiones al tiempo que aseguraba que el petróleo no era una arma política.


[Presión de Rusia sobre su entorno:]
Sin necesidad de declaraciones explícitas, no cabe ignorar que en varia ocasiones los recursos derivados del petróleo han sido utilizados, tanto por Venezuela como por Irán, para aumentar su influencia política, aunque tal vez haya sido un país no miembro de la OPEP, Rusia, el que con mayor frecuencia haya utilizado sus formidables reservas de petróleo y gas natural para recuperar su condición de gran potencia para dirimir conflictos con países vecinos. En 2003, Rusia dejó de suministrar petróleo al terminal de Ventspils, en Letonia, por supuestas razones técnicas, en el momento en que Moscú protestaba por el tratamiento que se daba en el país báltico a la minoría rusa. En 2005, la empresa Gazprom interrumpió la venta de gas a Ucrania poco después de que su nuevo presidente, Vicktor Yushchenko, anunciara su intención de estrechar relaciones con la UE y la OTAN. En 2006 el enfrentamiento se produjo en Georgia, al hilo de una cuestión de espionaje ruso, según el gobierno de Tbilisi, y de la actitud pro occidental del presidente georgiano. En el mismo año, Gazprom elevó fuertemente el precio del gas enviado a Bielorrusia, también por motivos aparentemente políticos. Y, en 2007, y tras acusar al gobierno de este último país de desviar, taimadamente, petróleo ruso, Rusia cortó el bombeo a través de la gran tubería de Druzhba, con lo que interrumpió los suministros a Polonia, Alemania y varios países de Centroeuropa (Shlapentokh). Pero, ¿qué convierte al petróleo, y probablemente convierte al gas, en un recurso tan cargado de conflictos? Sin duda las características del combustible y la organización oligopólica de su mercado. (Jaime Requeijo)


Volatilidad 2012:
Un gráfico de las oscilaciones de los precios del petróleo (considerando el promedio de los crudos tipo Brent, West Texas Intermediate y Dubái) entre agosto de 1982 y junio de 2012 indica que el siglo XXI parece habernos traído un nuevo paradigma: el de una creciente volatilidad de los precios del petróleo. Con posterioridad al año 2000, pueden identificarse cuatro momentos de oscilaciones extremas de precios, coincidentes con el estallido de los conflictos bélicos en Afganistán e Iraq (2001 y 2003, respectivamente), la crisis financiera global (2008) y el inicio de la denominada primavera árabe (finales de 2010 y 2011). Ciertamente, el sentimiento de los mercados sobre la situación mundial, junto a una inevitable componente especulativa exacerbada en los momentos de crisis, constituyen factores que inciden de manera rápida y aparatosa sobre la evolución de los precios. Pero esto no lo explica todo. El balance entre oferta y demanda constituye una poderosa corriente de fondo que –más allá de la espectacularidad de las olas en superficie provocadas por las emociones y la especulación– gobierna de forma lenta e inexorable la evolución a medio y largo plazo de los precios del petróleo. Y a este respecto no podemos pasar por alto un dato clave que sugiere que nos estamos adentrando en un periodo de limitaciones en la oferta: entre 2005 y 2011, la producción de petróleo convencional se ha estancado, con un crecimiento de tan solo un 0,5%. Curiosamente, un análisis estadístico de los precios del barril durante el mismo periodo muestra la máxima desviación, por defecto y por exceso, respecto de la media de los últimos treinta años, con la excepción de la primera guerra de Iraq en 1990. En lo que va de año, el West Texas Intermediate ha fluctuado entre los 80 y los 110 dólares por barril, mientras que el Brent lo ha hecho entre 90 y 123 dólares. Unas fluctuaciones que constituyen un claro síntoma de la mala salud de la economía y de la situación geopolítica global. Y lo malo es que en un futuro inmediato no cabe esperar un amortiguamiento de la volatilidad. Vivimos momentos de incertidumbre, en los que coexisten la inquietud en torno al estancamiento de la producción de petróleo convencional, la preocupación sobre el posible colapso de la eurozona, la repercusión de este a nivel mundial y las incógnitas suscitadas en torno al desenlace del conflicto en Siria y del contencioso del programa nuclear iraní. El petróleo constituye la fuente energética fundamental sobre la que se cimenta la moderna sociedad industrial. Diversos estudios muestran que el comercio internacional se contrae al aumentar la volatilidad del precio del barril y que, además, esta última constituye un pesado fardo para la recuperación económica. Incluso hay quien habla de que si el paradigma de una creciente oscilación de los precios del petróleo se consolida, las economías de los países industrializados importadores de crudo seguirían un comportamiento mimético y se verían arrastradas hacia una época de ciclos de caída-recuperación cada vez más imprevisibles, frecuentes y, quizás, de mayor amplitud. (Mariano Marzo, 17/08/2012)

Ocean rig Corcovado



Geopolítica: Cambios 2013:
El 6 de noviembre, uno de los dos candidatos —Barack Obama o Mitt Romney— será el vencedor después de una carrera electoral agotadora, lo que pondrá en marcha el mandato para los cuatro próximos años. Al otro lado del océano, el 8 de noviembre, más de 2.000 miembros del Partido Comunista Chino (PCCh) se reunirán en Pekín. Una semana después, aproximadamente, los miembros del Comité Permanente del Politburó desfilarán por orden jerárquico, preparados para hacerse cargo de un país de 1.300 millones de personas. Los dirigentes de las dos grandes economías del mundo están cambiando y el mundo también. Oriente Próximo, en particular, está experimentando un momento de intensa transformación. Aunque en algunas partes de la región se está iniciando la reconstrucción —en sentido tanto literal como figurado—, países como Siria son pasto de las llamas. Otros —como, por ejemplo, Irán, con su moribunda revolución— nunca han cesado de alborotar. En medio de una economía que se desmorona, este país sigue siendo beligerante por mediación de su agente libanés, Hezbolá, para lograr lanzar al menos un vuelo de avión no tripulado por encima de Israel e iniciar, al parecer, ciberataques recientes. A consecuencia de ello, las relaciones entre los protagonistas regionales siguen siendo tensas. Después de su discurso en las Naciones Unidas en el que hizo un llamamiento en pro de una “línea roja” contra el programa nuclear iraní en la primavera o el verano de 2013, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, convocó elecciones generales anticipadas, que podrían brindarle un mandato sólido para actuar contra Irán. Entretanto, Egipto está consiguiendo su propio equilibrio, tanto interiormente, al formular una nueva Constitución, como en materia de política exterior. Además, tenemos a Turquía, economía en ascenso a caballo entre Europa y Oriente Próximo y destinada a ser una potencia regional, que ha intercambiado disparos con su vecina del sur, Siria, y ha pedido a sus aliados de la OTAN que refuercen su seguridad. Forma parte del panorama en transformación que los nuevos dirigentes del mundo heredarán en Oriente Próximo, región de la que Estados Unidos se ha ocupado profundamente. Después de casi un decenio de un compromiso militar agotador, la misión de combate de Estados Unidos en Irak concluyó en 2010 y la misión de combate en Afganistán concluirá en 2014. El próximo presidente de Estados Unidos heredará también un país con una perspectiva geopolítica profundamente transformada. Los avances y la innovación tecnológicos han empezado a hacer realidad el ya antiguo sueño de la independencia energética. Mientras que antes se consideraba inviable la extracción de las cuantiosas reservas de gas natural de Estados Unidos, tecnologías como, por ejemplo, la fracturación hidráulica (en inglés, fracking) han dado paso a una revolución en materia de gas de esquisto. De hecho, Estados Unidos está a punto de lograr la suficiencia energética. El año pasado, por primera vez en 15 años, menos de la mitad del petróleo consumido en Estados Unidos había sido importado. El crecimiento anual de la producción de gas de esquisto ha aumentado del 17% entre 2000 y 2006 al 48% entre 2006 y 2010. En 2035, se prevé que el gas de esquisto representará la mitad, aproximadamente, de la producción energética total de Estados Unidos. Las repercusiones de esa revolución no serán solo económicas. Políticamente, una menor dependencia del petróleo extranjero puede permitir a Estados Unidos centrarse en su cambio de rumbo de la política exterior, en la que predominarán los asuntos relativos a Asia. Pero no solo el nuevo dirigente de Estados Unidos heredará un mundo transformado. Allende el Pacífico, la época del crecimiento económico sin precedentes en Asia, componente decisivo de la estabilidad social y política, puede tocar a su fin. De hecho, los acontecimientos habidos en China en los últimos meses han revelado una inquietud interna. Aunque el sentimiento nacionalista dirigido contra los enemigos exteriores suele desviar temporalmente la atención de la agitación interior, ese país debe abordar sus graves problemas internos. Pronto habrá de adaptar la economía y la política chinas, ideológicamente transformadas, excepto en el nombre, para abordar la desigualdad social en aumento. Pese a que los vientos económicos mundiales soplan en sentido contrario, los dirigentes de China seguirán con toda seguridad centrados en el mantenimiento y la intensificación del crecimiento para sacar a más chinos de la pobreza y prevenir el malestar social; también es seguro que continuarán observando Oriente Próximo, rico en petróleo. Después de años dependiendo de la presencia de Estados Unidos en esa región y manteniendo una ventajosa actitud de espera, los próximos dirigentes de China pueden adoptar un papel más activo y, como la reputación china en esa región no está contaminada por una herencia imperialista, pueden verse con condiciones bastante ventajosas para hacerlo. Entretanto, la Unión Europea está luchando con sus propios demonios. Pese a su necesidad de centrarse en sí misma y mientras capea el temporal de la crisis económica mundial, no debe abandonar a sus vecinos del sur. Reviste importancia decisiva mantener el contacto con la región meridional del Mediterráneo como punto de encuentro decisivo, un lugar de cooperación política, económica y energética. A ese respecto, los instrumentos más valiosos de la UE —el modelo de diálogo multilateral y poder blando que ha obtenido el Premio Nobel de la Paz— son sus señas de identidad. En la región contigua, también Rusia debe reaccionar ante nuevas vulnerabilidades que se deben a las condiciones mundiales en transformación. El Kremlin sigue apoyando al régimen del presidente sirio, Bachar el Assad, manteniendo una aversión estricta a la intervención militar y procurando defender sus intereses estratégicos, incluida su base naval en la ciudad siria de Tartus. Esa posición se ha plasmado de la forma más evidente en los repetidos vetos de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU encaminadas a poner fin a un conflicto que ya ha provocado decenas de miles de víctimas. La inacción internacional en Siria no solo es una mala noticia para la población de ese país; también está erosionando la legitimidad de una de las instituciones más importantes del mundo. En vista de que las cuestiones de Irán y de Siria están estrechamente vinculadas, la división interna entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Estados Unidos, China, Reino Unido, Francia y Rusia) podría ser extraordinariamente perjudicial para la búsqueda de una solución del problema creado por el empeño de Irán en materia de enriquecimiento de uranio nuclear, lo que se refleja en el actual estancamiento de las conversaciones entre ellos (más Alemania) e Irán. Hay demasiadas cosas en juego, razón por la cual se debe recurrir a todas las posibles vías para lograr un resultado negociado. Sean o no ciertos los recientes rumores de conversaciones bilaterales Estados Unidos-Irán, hay que acoger con beneplácito semejantes iniciativas. Mientras los grandes protagonistas siguen muy ocupados con sus cambios internos, la región sigue ardiendo a fuego lento. La cuestión principal ahora es si los dirigentes que surjan en noviembre serán bomberos o pirómanos. (Javier Solana, 02/11/2012)


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