Reconquista             

 

 Reconquista de la península Ibérica:
Don Rodrigo y la invasión musulmana:
A pesar de la insistencia de la viuda del rey Witiza para que coronaran al mayor de sus hijos, los nobles decidieron elegir rey a Don Rodrigo, hasta entonces gobernador de la Bética y un gran guerrero. Pero los deudos de Witiza decidieron nombrar otro rey en la persona de Aguila II, cuyo parentesco con aquel no estaba muy claro. La guerra civil estalló y Rodrigo no pudo dominar las provincias de Cataluña y Septimania, donde reinaba Aguila II. Un bereber,Olbán, el famoso "Conde don Julián" del romancero, católico y amigo de los visigodos hasta que, cuenta la leyenda, su hija, la hermosa Florinda, fue ultrajada por el rey Witiza. Entonces, como venganza, entregó la ciudad de Ceuta a Muza, se convirtió en su aliado y le animó a conquistar España. Les proporcionó barcos y de esta forma un cuerpo expedicionario penetró en la península y saqueó, sin encontrar casi resistencia, varios pueblos cercanos al lugar del desembarco, regresando a Ceuta con el botín. El conde don Julián se convirtió al Islam y, tras la conquista árabe, recibió tierras en España como recompensa por sus servicios a la causa de la media luna.


En la primavera del 711, Rodrigo, sin hacer caso de lo que consideraba una razzia más de los musulmanes, se dirigió al norte para someter a los vascones, con la intención de dirigirse después contra Aguila II, en Cataluña, una vez estuvieran sometidos. Mientras, los descendientes y partidarios del difunto Witiza seguían intrigando para que Muza les ayudara a retomar el poder. Muza accedió, y el 28 de abril del 711, 7000 hombres se embarcaban, en naves también proporcionadas por el conde don Julián, y tras cruzar el Estrecho se fortificaban en Gibraltar, antes de emprender la marcha hacia el norte. Enterado Rodrigo, se trasladó a Córdoba y se aprestó a la batalla reuniendo a los nobles, incluidos los descendientes de Witiza que estaban dispuestos a traicionarle desde sus mismas filas de combate. A todo esto, Tariq había recibido 5,000 hombres como refuerzo enviado por Muza. Como estaba previsto, los hijos de Witiza convencieron a parte de las tropas para que abandonaran la batalla con la excusa de que los Africanos solo venían para devolver el poder a sus legítimos herederos. La batalla final tuvo lugar en Medina Sidonia, en el lago de la Janda. Los witicianos abandonaron el combate y Rodrigo, que estuvo en persona al mando del cuerpo central del ejército, murió o todavía vaga por aquellas tierras, pues nunca más se supo de él. Parte de las fuerzas de Tariq se dirigieron a tomar Córdoba y él, con las tropas restantes, marchó sobre Toledo. Al año siguiente, Muza desembarcó en España con un ejército de 18,000 hombres y tomó Sevilla y varias ciudades. El 30 de Junio del 713 cayó Mérida, tras una fuerte resistencia. En el 714 Tariq y Muza sitiaron Zaragoza y mientras duró el asedio Tariq avanzó hacia Cataluña. Otras expediciones penetraron en Galicia. Cuando Muza y Tariq fueron llamados a Damasco por el Gran Califa al-Walid, la conquista había casi concluido con la excepción de los focos siempre bárbaros del norte, impermeables a cualquier invasión. La facilidad y rapidez de la conquista se debieron: por un lado, a la colaboración en ella de los traidores Witiza, y por otro, a la pasividad del pueblo llano, harto como estaba de los abusos de los señorones feudales y de la Iglesia. Abolir la esclavitud hubiera sido algo imposible en el siglo VII, pero intentar imponer más justicia y medidas más liberales hubiera sido más evangélico. La Iglesia abrazada como siempre a sus privilegios no quiso provocar el enojo los príncipes. Una vez más es necesario concluir, que del burdo o sutil equilibrio entre la Iglesia y los poderosos han surgido las civilizaciones de cualquier signo, y que cuanto más fuerte ha sido esa unión más grandes han sido los imperios, más desgraciado el pueblo y más estrepitosa la caída del dichoso Imperio.

Orígenes de la Reconquista en el norte cantábrico:
La invasión musulmana de Hispania tuvo lugar el año 711. Apenas unos años más tarde todo el territorio de la península Ibérica había caído en poder de los islamitas, que apenas hallaron resistencia en su avance. Hay que tener en cuenta que buena parte de la nobleza visigoda aceptó a los invasores, a cambio de mantener sus privilegios y sus propiedades. Ahora bien, los musulmanes no prestaron la misma atención a todo el territorio ocupado. De hecho, los límites efectivos de al-Andalus tenían como fronteras septentrionales el sistema Central, en la zona occidental, y el valle del Ebro, en la oriental. En la cuenca del Duero se instalaron simplemente unas cuantas guarniciones de bereberes, las cuales, al parecer, abandonaron el territorio a mediados del siglo VIII. Por lo demás, en las montañas del norte, desde la cordillera Cantábrica hasta los Pirineos, seguían viviendo los viejos pueblos prerromanos allí asentados, entre ellos los astures, los cántabros, los vascones o los hispani. El punto de partida de la Reconquista se encuentra en la zona astur-cántabra. Los pueblos de aquel territorio se opusieron a los musulmanes como antes lo habían hecho a los romanos o a los visigodos. En la zona astur-cántabra la presión musulmana era inferior a la existente en la región pirenaica, en donde los islamitas, firmemente instalados en el valle del Ebro, situaron fuerzas militares con la finalidad de contrarrestar el posible peligro franco. Eso explica que el avance reconquistador fuera más rápido por el occidente de la Península que por el oriente. Así las cosas, mientras los cristianos se establecieron en el río Duero hacia el año 900, la llegada a la zona del Ebro medio no se produjo hasta dos siglos más tarde, en los albores del siglo XII. El año 722 los habitantes de las montañas astures, dirigidos por el noble visigodo Pelayo, pusieron en fuga a una columna musulmana que se había adentrado por los picos de Europa. Dicho acontecimiento es la denominada batalla de Covadonga. El suceso tenía escaso relieve desde el punto de vista militar, pero las crónicas cristianas elaboradas posteriormente por los clérigos de la corte astur la consideraron ni más ni menos como "la salvación de España". A partir de esas fechas se constituyó en las montañas cantábricas el primer núcleo político de resistencia al Islam que nacía en la Península, el reino de Asturias (o astur). A mediados del siglo VIII Alfonso I recorrió la cuenca del Duero, contribuyendo a despoblarla pues, al decir de una crónica posterior, "yermó los campos llamados góticos". En el siglo IX el reino astur fue progresando hacia Galicia y hacia las llanuras de la cuenca del Duero, en la medida en que se lo permitían tanto sus posibilidades demográficas como la oposición de los musulmanes. De todas formas la ocupación de ese territorio no requería su conquista militar previa, pues se trataba de una auténtica tierra de nadie que no estaba sometida a ningún poder político. En tiempos de Ordoño I la frontera meridional del núcleo astur llegaba a la línea marcada por las localidades de Tuy, repoblada el año 854, Astorga, colonizada en la misma fecha, y León, que se incorporó al dominio cristiano en el año 856. Al finalizar el siglo IX, siendo rey Alfonso III, los cristianos, aprovechándose de los conflictos internos que habían estallado en al-Andalus, alcanzaron la línea del Duero. Primero se instalaron en Oporto (866) y años más tarde en Zamora (893), Simancas (899) y Toro (900). En la zona oriental del reino astur-leonés, es decir Castilla, había nacido Burgos el año 884. Poco tiempo después los condes castellanos llegaban asimismo al Duero, repoblando el año 912 Roa, Osma y San Esteban de Gormaz. El sistema de repoblación puesto en práctica en la cuenca del Duero fue la presura, que consistía en ocupar tierras y ponerlas en explotación. En la misma participaron gentes del norte, pero también mozárabes, emigrados desde al-Andalus.

Los orígenes de la Reconquista desde la zona pirenaica:
Paralelamente se constituyeron diversos núcleos políticos en la zona pirenaica: el reino de Pamplona (de Navarra) al oeste, el condado de Aragón en el centro y la Marca Hispánica en el este. Un papel decisivo lo desempeñó el reino franco de los Carolingios, deseoso de establecer una barrera al sur de sus dominios para impedir el avance de los musulmanes. Coaligados con los nativos hispani, los Carolingios conquistaron Gerona (785) y Barcelona (801), estableciendo en aquel territorio un mosaico de condados, que en su conjunto formaban la llamada Marca Hispánica. En la segunda mitad del siglo IX el conde de Barcelona Guifré el Pilós repobló la plana de Vic y otros territorios contiguos, fijándose la frontera meridional en el curso de los ríos Llobregat y Cardoner. Por su parte, los reyes de Navarra se acercaron al valle del Ebro, conquistando, a comienzos del siglo X, las villas de Calahorra y de Nájera.

Avances y retrocesos cristianos:
La Reconquista se vio paralizada en el siglo X, debido a la hegemonía mantenida en dicha época sobre toda la península Ibérica por el califato de Córdoba. Solamente el triunfo cristiano de Simancas (939), logrado por el rey leonés Ramiro II, permitió iniciar la expansión al sur del Duero. El año 940 se ponía en marcha la colonización del valle del Tormes (Salamanca, Ledesma, entre otras). Paralelamente, el conde de Castilla Fernán González ponía pie en Sepúlveda. Pero esa labor se perdió al poco tiempo, pues en la segunda mitad del siglo X los cristianos se vieron obligados a retroceder a la línea del Duero. La causa fundamental de ese repliegue fueron las terroríficas campañas llevadas a cabo por el caudillo cordobés Almanzor, que atacó todos los flancos de la España cristiana, desde Barcelona, al este, hasta Santiago de Compostela, al oeste. La desintegración del Califato, acaecida en el año 1031, supuso un cambio radical en la correlación de fuerzas entre los cristianos y los musulmanes de Hispania. Los reyes cristianos pasaron a ejercer un protectorado sobre los diversos taifas en que se había descompuesto el Califato, a los que cobraban parias o tributos. En la segunda mitad del siglo XI los reyes de Castilla y León impulsaron la repoblación de las Extremaduras, es decir el territorio situado entre el Duero y el sistema Central. Las ciudades de Salamanca, Ávila y Segovia eran sus puntos principales. Fue aquélla una repoblación de frontera, que dio lugar a la formación de comunidades de villa y tierra, en las que desempeñaban un papel rector los caballeros populares. Al mismo tiempo los reyes de Aragón se acercaban al Prepirineo, conquistando Huesca (1096) y Barbastro (1100). En el año 1,085, por su parte, Alfonso VI de Castilla había entrado en Toledo, mediante un acuerdo previo con el taifa que la gobernaba. Toledo había sido la vieja capital visigoda así como una ciudad clave en el mundo de al-Andalus. Poco después cayeron en poder cristiano diversas villas de la zona comprendida entre el sistema Central y el valle del Tajo, como Atienza, Guadalajara o Talavera. En esa zona la repoblación consistió en la mera superposición de gentes originarias del norte sobre la población allí establecida de antemano, en buena parte mudéjar. La llegada a la Península de los almorávides, que volvieron a unificar al-Andalus, se tradujo en un parón del proceso reconquistador. Sólo Alfonso I de Aragón fue capaz de avanzar hacia el valle medio del Ebro, conquistando, entre otras plazas, Zaragoza (1118), Tudela y Tarazona (1119), Calatayud (1120) y Daroca (1121). Gran parte de la población mudéjar permaneció en aquel territorio, pero también llegaron nuevos pobladores, particularmente a la ciudad de Zaragoza. No obstante, el Imperio almorávide duró muy poco, pues hacia el año 1,145 había desaparecido, fragmentándose nuevamente al-Andalus en un conjunto de taifas. En esas condiciones los cristianos, que en el Tratado de Tudillén (1151) se habían repartido las futuras zonas de conquista, reanudaron el avance militar por tierras de al-Andalus. Castellanos y leoneses avanzaron por la Meseta meridional; Alfonso VIII conquistó Cuenca en 1177, en tanto que el monarca leonés Fernando II ocupaba las plazas de Yeltes y Alcántara. Por su parte Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona y príncipe de Aragón, incorporó a sus dominios el bajo valle del Ebro, al conquistar Tortosa en 1148 y Lérida en 1149. Su sucesor, Alfonso II, avanzó por los montes de Teruel, entrando en la ciudad del mismo nombre el año 1171. Castilla y Aragón suscribieron en 1179 un nuevo tratado de reparto, el de Cazorla. Por lo demás, la principal actividad militar de la segunda mitad del siglo XII se desarrolló en la Meseta meridional, siendo sus protagonistas las órdenes militares hispanas (Santiago, Calatrava, Alcántara), que acababan de ser creadas. Antes de concluir el siglo XII al-Andalus fue otra vez unificado, en esta ocasión por los almohades, lo que supuso un nuevo alto en la marcha de la Reconquista.

El principal avance reconquistador:
La victoria lograda por Alfonso VIII de Castilla y sus aliados sobre los almohades en las Navas de Tolosa (1212), preparada cuidadosamente como una auténtica cruzada, significó la caída del Imperio islamita. Al-Andalus se dividió nuevamente en un mosaico de taifas. Así las cosas el siglo XIII conoció el máximo impulso reconquistador de los cristianos de Hispania. En poco más de treinta años la Corona de Aragón incorporó las islas Baleares y el reino de Valencia, en tanto que la de Castilla hacía lo propio con la Andalucía Bética y Murcia. No obstante, el primero que sacó partido de la victoria de las Navas, aunque no había participado en ella, fue el rey de León Alfonso IX, el cual conquistó en 1227 Cáceres y en 1230 Mérida y Badajoz. Pero el primer paso importante en la lucha contra los musulmanes lo dio la Corona de Aragón, correspondiendo el protagonismo de esa expansión al monarca Jaime I el Conquistador. En las Cortes de Barcelona de 1228 se dio luz verde a la campaña contra Mallorca. Una poderosa marina catalana desembarcó en Mallorca, cuya capital, Palma, cayó en poder cristiano a finales del año 1229. En los años siguientes se ocuparon las islas de Ibiza y de Formentera, en tanto que Menorca, convertida en tributaria, no fue conquistada hasta el año 1,287. Aunque quedó en Mallorca población mudéjar, acudieron al calor de los repartimientos muchos repobladores de origen catalán. La conquista del reino de Valencia fue más larga, extendiéndose desde 1232 hasta 1245. La primera fase se puso en marcha tras los acuerdos de las Cortes de Monzón de 1,232. Núcleos como Burriana o Peñíscola fueron ocupados por los cristianos. La segunda fase, iniciada en otras Cortes, celebradas asimismo en Monzón en 1,236, tuvo como acontecimiento estelar la conquista de la ciudad de Valencia, en el año 1238. Inmediatamente se procedió a un repartimiento de Valencia y sus ricos territorios próximos, acudiendo al mismo tanto catalanes como aragoneses. La tercera fase consistió en la conquista del sur del reino, siendo sus momentos claves la toma de Cullera (1239) y la de Alcira (1245), el último hecho de armas importante. En el reino de Valencia permanecieron numerosos mudéjares, particularmente en la zona meridional. El protagonismo reconquistador del siglo XIII por lo que respecta al núcleo castellano-leonés correspondió al rey Fernando III el Santo. Éste inició la actividad militar en el alto Guadalquivir en el año 1224, cuando sólo era rey de Castilla, logrando la conquista de plazas como Andujar y Baeza. Tras la unión de los reinos de Castilla y León, en 1230, Fernando III reanudó la ofensiva en tierras andaluzas. A la ocupación de Úbeda (1233) siguió la de Córdoba, en el año 1236 y, años más tarde, la de Jaén (1246). En el avance hacia Sevilla fueron cayendo en poder cristiano lugares como Carmona, Lora o Alcalá de Guadaira. Por fin, tras un largo asedio, tanto terrestre como fluvial, a finales de 1248 se rindió Sevilla, la antigua capital de los almohades. La labor reconquistadora en el valle del Guadalquivir la completó Alfonso X, sucesor de Fernando III, con la toma de Jerez y, finalmente, de Cádiz (1262). También se realizaron repartimientos en los territorios andaluces recién ocupados, de cuyas ciudades fue expulsada la población musulmana. Mas después de la revuelta que protagonizaron en 1264, los mudéjares tuvieron que abandonar la Andalucía Bética. Por su parte, el reino de Murcia, territorio que había sido adjudicado en los tratados de reparto unas veces a Aragón y otras a Castilla, fue incorporado a este último reino en 1243, por obra del entonces príncipe Alfonso, futuro Alfonso X. En los repartimientos murcianos hubo, junto a la población mayoritaria castellana, una importante presencia de gentes de la Corona de Aragón. Los conflictos fronterizos con Aragón, a quien se había reservado la reconquista del Levante hispano, se resolvieron en el tratado de Almizra (1244), firmado por Fernando III y Jaime I. En él se fijaban los límites entre las zonas de expansión de Castilla y de Aragón.

Últimas fases de la Reconquista: la conquista del reino de Granada:
Sólo quedaba bajo el dominio musulmán el reino nazarí de Granada, que no obstante pudo subsistir hasta finales del siglo XV. La tarea estaba encomendada a la Corona de Castilla, pues el reino de Granada se encontraba en la zona de expansión que se le había reconocido en los viejos tratados de reparto. Aunque en el transcurso del siglo XIV la actividad reconquistadora apenas existió, hubo, eso sí, diversos conflictos fronterizos, particularmente en torno al estrecho de Gibraltar, y algunos éxitos cristianos notables, como la victoria del Salado (1340), obtenida por Alfonso XI, a la que siguió la toma de Algeciras (1344). También en el siglo XV hubo diversas escaramuzas. La más famosa fue la conquista de Antequera, llevada a cabo en 1,410 por Fernando, tío y regente de Juan II de Castilla. En tiempos de este último monarca es preciso señalar la victoria lograda sobre los granadinos en la Higueruela (1431). Sin embargo, la conquista del reino de Granada no pudo acometerse con éxito hasta el reinado de los Reyes Católicos. La guerra se inició en el año 1,481. Tras unos comienzos inciertos, a partir del año 1485 el conflicto se inclinó decididamente del lado cristiano. Hitos significativos fueron la ocupación de Ronda (1485), de Málaga (1487) y de Baeza (1489). Para la conquista de la capital del reino fue necesario edificar en las proximidades de Granada la ciudad-campamento de Santa Fe. Con la entrada de las tropas cristianas en Granada, acontecimiento que tuvo lugar el 2 de enero del año 1492, se ponía fin a la Reconquista, un proceso que había durado cerca de ochocientos años. A partir de esos momentos, aunque aún permaneció por algún tiempo en España población adepta a la religión islámica, ya no quedaba ningún territorio bajo el poder musulmán.


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