Mujeres: Desigualdad             

 


Desigualdad: Mujeres: Distorsión de la realidad:
[Símbolos frustrados:]
Más de una mujer que da carreras entre el desayuno de los niños y la oficina se ha preguntado alguna vez qué flaco favor le hizo a ella la revolución feminista, pero es que a menudo la realidad se parece poco a lo que soñamos. O lo que es peor, alguien se aprovechó de nuestras ilusiones para darnos gato por liebre. La muerte de Rosie la Remachadora, ayer, a los 86 años de edad, ha venido a revelar algo parecido, porque ni se llamaba Rosie ni era remachadora. La mujer en la que se inspiró Howard Miller para incentivar a millones de féminas a que arrimaran el hombro en las fábricas de armas durante la Segunda Guerra Mundial sirvió luego de revulsivo para el movimiento feminista a principios de los 80, pero hasta entonces ella ignoraba que había puesto su bello rostro a la propaganda de guerra. Mientras pasaba las hojas de una revista y se encontraba a sí misma con más músculo del que nunca hubiera soñado, Geraldine Doyle debió pensar en la ironía de haberse convertido en un símbolo de la independencia femenina. «No vi esa foto antes porque estaba muy ocupada cambiando pañales a todas horas», confesó al 'Lansing State' en 2002, después de que hasta Correos hubiera hecho un sello con su imagen. En 1942 tenía 17 años y acababa de terminar el instituto cuando un fotógrafo de United Press International le tomó la foto que inspiraría la campaña de reclutamiento femenino de la empresa Westinghouse, que con esa motivación intentaba también disuadir las huelgas y la abstención laboral. El 'We can do it' (Nosotras podemos hacerlo) del póster era el llamado patriota para seguir fabricando tanques, armas, bombarderos y municiones contra la maquinaria nazi en Europa.

 
We can do it. Cartel propaganda We can do it. Cartel propaganda


Sin embargo ella duró en la fábrica menos de dos semanas. Mientras el artista la ilustraba sacando músculo ella sólo pensaba en el cuidado de sus manos y ante el temor de que una fractura le impidiera seguir tocando el chelo abandonó el canto patrio. Seis millones de mujeres que ignoraban esa realidad la siguieron hasta las fábricas y algunas nunca la abandonaron. Doyle no continuó sus estudios sino que se enamoró de un aprendiz de dentista y, como muchas mujeres en la sombra, sacrificó su vida para ayudarle a montar su propia clínica mientras criaba seis hijos. A su muerte tenía 18 nietos y 25 bisnietos. «Representaba a la mujer que conquistaba el control de su propio destino», declaró ayer nostálgica Gladys Beckwith, ex directora del Centro Histórico de Mujeres de Michigan que le había rendido homenaje. «Es el fin de una era», suspiró. Ojalá. El de una era en la que las mujeres barajan la comida, los niños, la colada y el portafolios por menos sueldo que los hombres sin llegar nunca a los puestos de poder salvo que demuestren ser más duras que los duros y estén dispuestas a sacrificar su feminidad por el camino. Sueños de independencia que explotan como pompas de jabón. En los tiempos que corren, ni los símbolos son inmunes a la crisis. (Mercedes Gallego, 31/12/2010)

 


2. Comentario de J.Biedma:
Hay mujeres que piensan que el amor maternal es una creación cultural y que eso de dejar 25 bisnietos no muestra éxito personal alguno. Más verosímil es que la "revolución feminista" haya dado gato por liebre cuando la mujer da carreras entre el desayuno de los niños y la oficina, la colada y el portafolios, dividida entre lo profesional y lo maternal, todo por menos sueldo que los hombres, o por cero sueldo, y sin tocar las tetas del poder salvo que se esté dispuesta a sacrificar del todo la feminidad. El icono acabó representando a la mujer que conquistaba el control de su destino, y fue retomado en los años ochenta por el feminismo que podríamos llamar contemporáneo. No creo que se trate de un símbolo frustrado. Primero, porque los símbolos no sacan su fuerza sólo de su significante, sino del vínculo sentimental que consiguen alimentar entre quienes los usan intencional y socialmente. No de otro modo se entiende que la cruz -instrumento romano de tortura- acabara significando tanto (el amor divino) para tantos. Y segundo, porque no es cierto que la revolución feminista haya fracasado. Pasa lo mismo con el comunismo o con el cristianismo, si bien han de ser aparcados como sistemas totalitarios o ideas únicas en la sociedad plural y global, no han pasado sin dejar una impronta de la que se siguen nutriendo nuestras éticas y nuestras sociedades del bienestar. Mis hijas, sin ir más lejos, pueden elegir, algo que no pudieron hacer tan fácilmente ni sus madres ni mucho menos sus abuelas. Puede que la "revolución feminista" tenga que ser completada y hasta corregida, pero nuestra sensibilidad -también masculina- se alimentará ya en el futuro de sus denuncias y descubrimientos.

 



3. La pretendida misoginia de Aristóteles:
Muchos han buscado justificación para su misoginia, su ginefobia o su machismo en la venerable autoridad y probada prudencia de Aristóteles. ¿Despreció Aristóteles a las mujeres, como se suele decir? No lo creo. ¿Qué pensaba de la mujer? ¿Cuál fue su relación con ellas? Desde luego, Aristóteles fue un hombre de su época, una época de necesidad, de terrible violencia, de guerras y esclavitud, una época en que los fuertes dominaban por las armas a los débiles, y los niños morían como chinches por ataques de microorganismos, una época en que había que engendrar muchos hijos para poder conservar en la ancianidad alguno. Así, Aristóteles apenas le reconoce al esclavo la capacidad de participar de la razón en medida suficiente para reconocerla, pero sin poseerla (Política). Su posición de que hay esclavos por naturaleza apenas se justifica -desde el propio aristotelismo ético- en el argumento de que "el que es capaz de prever con la mente es naturalmente jefe y señor por naturaleza" o de que "quien es mejor en virtud debe regir y dominar", porque el mismo Aristóteles reconoce en otro sitio que nadie es virtuoso ni prudente por naturaleza, sino que la virtud depende de la libertad y de las costumbres que adoptamos voluntariamente, de la educación y del esfuerzo. S. Körner ha reconocido la incomodidad de Aristóteles cuando afronta este tema... El mismo Aristóteles acaba reconociendo: "es evidente, pues, que hay cierto motivo para la controversia y que hay esclavos y libres que no lo son por naturaleza...".

 
Aristóteles de Estagira Ulises atado y con los oídos tapados rodeado de sirenas


Pero es indudable que en Política el estagirita afirma que, respecto de la relación entre macho y hembra, "el primero es superior y la segunda inferior por naturaleza, el primero rige, la segunda es regida" (tò mèn árchon tò dè archomenon). Sin embargo, en la misma obra, Aristóteles indica que el esclavo carece en absoluto de facultad deliberativa (tò bouleutikón), mientras que la hembra la tiene, aunque no le sirva para mucho (all'ákyron). En la edición bilingüe de Julián Marías y María Araujo (Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1983), este "all'ákyron" se traduce por "desprovista de autoridad": las mujeres tendrían capacidad deliberativa -según Aristóteles-, pero desprovista de autoridad, sin embargo, el término ákyros también se puede traducir por "sin poder", "sin mando". Pedro Simón Abril, el primer traductor de la Política de Aristóteles al castellano (Zaragoza, 1584), tradujo tò bouleutikón por "consulta". Al contrario que el esclavo, la mujer tiene consulta, "aunque no sirve de ninguna cosa", traduce el gran humanista de Alcaraz. La frase puede entenderse como una constatación de hecho, más que como una impostura machista: La mujer tiene la misma capacidad de decisión que el hombre, pero en la situación actual, hacia 344 a. C. o a finales del XVI después de Cristo, la mujer no tiene el poder de ejercer dicha consulta o capacidad de deliberación, porque no tiene poder político.

En Política Aristóteles distingue entre el estatuto civil de los hijos y el de la mujer. Tanto la mujer como los hijos de un hombre libre son libres, pero mientras que a los hijos no le otorga otra condición que la de vasallos, a la mujer se le reconoce el estatuto de ciudadanía. "El padre y marido gobierna a su mujer y a sus hijos como a libres en ambos casos, pero no con la misma clase de autoridad: sino a la mujer como a un ciudadano y a los hijos como vasallos" -traduce Julián Marías. Y Pedro Simón Abril: "el varón ha de tener señorío sobre la mujer y los hijos como sobre personas libres, pero no con una misma manera de gobierno, pues con la mujer ha de tener señorío civil, y sobre los hijos real".


Las instrucciones de su testamento:
En el libro V de sus Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, el famoso doxógrafo Diógenes Laercio (III d. C.) pinta a Aristóteles, "el discípulo más legítimo de Platón", con voz balbuciente y ojos pequeños. Según el de Laertes, Aristóteles gustaba de vestir bien y se cortaba la barba y el pelo. En su testamento, escrito durante su destierro en Calcis, dispone que los huesos de su primera mujer, Pitiade o Pitias, sobrina e hija adoptiva del tirano Hermias, reposen en su propio sepulcro; lega la mano de su hija Pitias (del mismo nombre que su madre fallecida), a Nicanor, hijo adoptivo de Aristóteles y oficial de Alejandro Magno, y dicta instrucciones para que se cuide a su joven concubina Herpilide (Herpilida o Herpilis), de quien tuvo a Nicómaco, disponiendo que "si quisiere casarse..., no sea con hombre desigual a mí; y se le dará de mis bienes, sobre lo ya dado, un talento de plata, tres criadas si las quiere, la esclava que tiene, y el niño Pirreo". Aristóteles exige que dejen a Herpilis elegir entre hacerse dueña de la hospedería en Calcide o de la casa paterna en Estagira... "Cualquiera de estas dos habitaciones que elija, cuidarán mis ejecutores de alhajársela [amueblársela] del modo que les parezca decente y bastante a Herpilida".

Werner Jaeger comenta que hay algo conmovedor en el espectáculo del desterrado filósofo poniendo en orden sus asuntos, recordando a sus padres, a su patria, Estagira, a su único hermano Arimnesto, a quien perdió temprano, y a su madre, a quien sólo podía pintar como la había visto siendo niño... "su deseo es que no se separen sus restos mortales de los huesos de su mujer Pitias, como había sido también la última voluntad de ella". Entre líneas del testamento -dice Jaeger- leemos un extraño lenguaje: "el cálido tono de una verdadera humanidad y al mismo tiempo el signo de un abismo casi aterrador entre él y las personas de quienes estaba rodeado. Estas palabras las escribió un hombre solitario". Signo de esta soledad es la confesión "extremadamente emotiva" que nos regala en una carta de este último periodo... "Cuando más solitario y aislado estoy, tanto más he llegado a amar los mitos". Respecto de sus esclavos, en su testamento Aristóteles dispone que ningunos sea vendido, "sino que de ellos deberán servirse mis herederos; y en siendo adultos se les dará libertad según convenga".

Diógenes Laercio recoge el rumor, seguramente malintencionado, maledicente, de una relación homosexual de Aristóteles con el enunuco Hermias. En la traducción de José Sanz Ortiz que manejo, se habla de "bardaje" del árabe "barday", mancebo, y de ahí el significado de sodomita, que ofrece el Larousse. Pero la mayoría de las fuentes sólo hablan de una amistad o "afinidad" entre Aristóteles y Hermias, del que habría sido condiscípulo en la Academia, antes de su relación en Mitilene. [...] (Extracto muy editado de M.y P.)

 
       
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